Bucaramanga aprobó una política pública que plantea una nueva manera de abordar el barrismo y que incorpora las voces de las barras, las comunidades y las instituciones.

Bucaramanga acaba de dar un paso inédito en Colombia frente a uno de los fenómenos sociales más complejos que rodean al fútbol. El Concejo Municipal aprobó, en segundo debate, la Política Pública de Barrismo Social, una hoja de ruta que tendrá una vigencia de 10 años y que pretende transformar la relación entre las barras, las instituciones y las comunidades que conviven con ellas.
La iniciativa convierte a la capital santandereana en la primera ciudad del país en adoptar formalmente una política pública de estas características.
El documento fue construido durante más de un año y medio mediante un proceso que involucró a la Alcaldía de Bucaramanga, la Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB), las barras de diferentes equipos, habitantes de sectores cercanos a los escenarios y espacios de concentración deportiva y distintos actores institucionales.
Más que establecer medidas de control sobre las barras, la propuesta plantea una mirada integral sobre sus integrantes y sobre las problemáticas sociales que los rodean.

Una política que busca ir más allá del control
Jonathan Arley Méndez Espíndola, líder formulador de la Política Pública de Barrismo Social de Bucaramanga, explicó que uno de los principales cambios está precisamente en la manera de entender el fenómeno.
“Se busca abordar al barrismo no solamente desde una perspectiva punitiva, no solamente desde una perspectiva de control, de la gestión de la convivencia, sino que es una política que va más allá y que tiene al barrismo social en su núcleo”.
La apuesta consiste en reconocer que detrás de las barras existen problemáticas sociales que no pueden resolverse únicamente mediante medidas de seguridad. Por eso, el documento plantea programas y estrategias dirigidos a reducir factores de riesgo, promover la inclusión social y económica, fortalecer la participación ciudadana y aprovechar las capacidades de las organizaciones barristas para generar impactos positivos en sus comunidades.
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La política busca, además, resignificar el concepto de barrismo, históricamente relacionado con hechos de violencia, intolerancia y confrontaciones, para potenciar sus expresiones culturales, deportivas y comunitarias.

“Lo que se busca es abordar las diferentes problemáticas estructurales que obstaculizan el pleno desarrollo de la población barrista del municipio”, explicó Méndez Espíndola.
Más de un año y medio de trabajo
La construcción de la política comenzó en mayo de 2025 y se desarrolló mediante un convenio de asociación entre la Alcaldía de Bucaramanga y la UNAB.
Ese componente académico fue uno de los pilares del proceso, pues permitió desarrollar un diagnóstico, una metodología y una estructura técnica que posteriormente fueron llevados al Concejo Municipal para su discusión y aprobación.
Para sus promotores, el documento no se limita a ser un diagnóstico sobre las barras, sino que plantea una hoja de ruta con acciones que fueron revisadas con las diferentes dependencias de la administración municipal.
Esto, según Méndez Espíndola, permite que las estrategias planteadas tengan una base institucional y puedan ser implementadas durante los próximos años.
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La iniciativa también es presentada como un ejercicio de innovación pública, debido a que busca construir soluciones a partir de las necesidades identificadas directamente en el territorio y con la participación de quienes hacen parte de la problemática.
Las barras también participaron en la construcción
Uno de los aspectos centrales del proceso fue que la política no se diseñó exclusivamente desde los escritorios de la administración municipal.

Ocho barras tuvieron participación en la construcción de la propuesta. Allí estuvieron representaciones vinculadas a Atlético Bucaramanga, Atlético Nacional, Millonarios y América de Cali, entre otros grupos presentes en la ciudad.
La metodología incluyó 17 entrevistas y 19 grupos focales, además de encuentros con diferentes sectores de Bucaramanga.
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La participación no se limitó a los barristas. También fueron escuchados vecinos de sectores como Antonia Santos, Cabecera, San Alonso, San Francisco y Diamante II, comunidades que durante años han convivido con algunas de las expresiones culturales y sociales de las barras.
La intención fue incorporar esas voces al diagnóstico y buscar alternativas para los conflictos que pueden surgir entre las organizaciones barristas y las comunidades.
De esta manera, la política pretende que el diálogo no se produzca únicamente cuando existe un problema alrededor de un partido de fútbol, sino que se convierta en un proceso permanente de participación y construcción colectiva.

Un diagnóstico con 12 problemas estructurales
Uno de los resultados del proceso fue la identificación de 12 problemas estructurales que afectan el desarrollo de la población barrista y que deberán ser abordados durante la vigencia de la política.
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Entre ellos aparecen la violencia y la intolerancia entre barras, situaciones relacionadas con el abuso de la fuerza pública, la estigmatización social, el consumo problemático de sustancias psicoactivas y alcohol, las acciones delictivas, la distribución de la oferta institucional, el déficit educativo y el desempleo.
El diagnóstico parte de una premisa, los conflictos asociados al barrismo no pueden entenderse únicamente desde lo que ocurre dentro o alrededor de un estadio.
Por esa razón, la política incorpora asuntos sociales, económicos, educativos, culturales y de participación ciudadana, con el propósito de intervenir las condiciones que pueden aumentar la vulnerabilidad de los jóvenes y adultos que hacen parte de estas organizaciones.

Seis ejes para los próximos 10 años
La Política Pública de Barrismo Social quedó estructurada en seis ejes estratégicos, cada uno con líneas de acción y actividades específicas.
1. Convivencia, seguridad y cohesión social.
Busca intervenir las situaciones relacionadas con violencia, intolerancia y convivencia en los diferentes escenarios asociados al fútbol.
2. Institucionalidad y gestión pública.
Plantea fortalecer la capacidad de las entidades para trabajar de manera coordinada con las barras.
3. Vulnerabilidades y riesgos sociales.
Está dirigido a problemáticas que pueden afectar el desarrollo integral de la población barrista.
4. Inclusión social y movilidad económica.
Contempla acciones relacionadas con educación, oportunidades laborales e inclusión económica.
5. Reconocimiento, participación y ciudadanía.
Busca fortalecer la participación de los barristas como actores sociales y comunitarios.
6. Equidad de género y enfoque diferencial.
Incorpora una mirada que reconoce las diferentes condiciones y necesidades existentes dentro de la población barrista.
La meta es que estos seis componentes permitan consolidar, entre 2026 y 2036, un modelo de barrismo social que pueda convertirse en una referencia para Bucaramanga y eventualmente ser considerado en otras ciudades del país.

Una inversión estimada de $17.000 millones
La implementación de la política también cuenta con un ejercicio de costeo para dimensionar el esfuerzo económico que podría representar durante sus 10 años de vigencia.
El cálculo referencial se aproxima a los 17.000 millones de pesos.
Sin embargo, esta cifra no corresponde a un presupuesto ya asignado por el municipio. Se trata de una estimación técnica y académica que busca establecer una referencia sobre los recursos que podrían requerirse para desarrollar las diferentes acciones contempladas en la política durante la próxima década.
La ejecución dependerá de las decisiones presupuestales y de la articulación que se logre entre las diferentes entidades y actores involucrados.

Una Mesa Municipal para vigilar su cumplimiento
Uno de los elementos que busca evitar que la iniciativa termine convertida únicamente en un documento es la creación de la Mesa Municipal de Barrismo Social.
En este espacio deberán converger la administración municipal, las barras, organismos de control y las juntas de acción comunal, entre otros actores.
La idea es que esta instancia permita realizar seguimiento a las acciones, revisar los avances y generar mecanismos de participación y veeduría sobre el cumplimiento de la política.
Para sus impulsores, este será uno de los principales desafíos: pasar de la aprobación del documento a la ejecución real de las estrategias durante los próximos 10 años.
Bucaramanga, como punto de partida
La aprobación de la Política Pública de Barrismo Social abre ahora una nueva etapa. El reto será demostrar que el modelo puede traducirse en acciones concretas y sostenibles y que el diálogo entre instituciones, barras y comunidades puede mantenerse más allá de la coyuntura de un partido de fútbol.
Ciudades como Santa Marta, Cali, Bogotá y Medellín han desarrollado diferentes discusiones e iniciativas relacionadas con el barrismo social, pero Bucaramanga da ahora el paso de convertir este enfoque en una política pública con horizonte de una década.
El propósito es que el barrismo deje de ser abordado exclusivamente desde la seguridad y pase a ser entendido también como un fenómeno social, cultural y comunitario.
La aprobación en el Concejo Municipal marca el inicio de ese camino. El verdadero desafío será que, durante los próximos 10 años, los seis ejes, las líneas de acción y los recursos previstos no se queden en el papel y logren traducirse en oportunidades, convivencia y participación para quienes hacen parte de las barras y para las comunidades que conviven con ellas.
















