Economía
Lunes 10 de noviembre de 2025 - 12:04 PM

Adolfo Botero Machado: hilar confianza, sembrar compromiso

Adolfo Botero Machado es un empresario santandereano reconocido por su papel en el crecimiento de Comertex y su participación como socio en La Fazenda, dos compañías líderes en los sectores textil y porcícola del país. Su trayectoria integra la agroindustria, la transformación digital y el liderazgo familiar, siempre con una visión de largo plazo.

Adolfo Botero Machado: hilar confianza, sembrar compromiso. Foto Jaime Moreno/VANGUARDIA
Adolfo Botero Machado: hilar confianza, sembrar compromiso. Foto Jaime Moreno/VANGUARDIA

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Publicado por: Redacción Economía

Bucaramanga lo vio nacer. Bogotá lo formó. Y un viaje de regreso, recién casado, lo reencontró con el reto que marcaría su vida. Adolfo Botero Machado no planeó convertirse en uno de los empresarios más influyentes del sector textil y agroindustrial de Colombia. Su camino fue menos diseño y más intuición, menos comodidad y más riesgo. Lo suyo ha sido, en sus propias palabras, “aprender haciendo y apasionarse por lo que uno construye”.

El 5 de diciembre de 1984, Adolfo se casó. “Y el 1° de enero de 1985 ya estaba en Bucaramanga”, recuerda. “Me vine a manejar el negocio porque mi papá estaba negociando con su socio para comprarle la participación. La empresa estaba muy mal económicamente. La idea era rescatarla”.

Así llegó a Comertex, una agencia textil que apenas sobrevivía en un país con economías cerradas, donde distribuían los gigantes Fabricato y Coltejer. “Llegaban los rollos de tela, se repartían entre cuatro o cinco y se acababa. No había más proveedores. Los precios los ponían como querían: ‘vale 100, le subimos 20%’, y había que comprar así”, rememora.

Pero no fue fácil: varios de sus colegas del sector agrícola, donde también trabajaba Adolfo, fueron secuestrados en aquel entonces. Y esa inseguridad lo llevó a buscar otro rumbo. “Yo no sabía nada del sector textil; llegué a aprender. Pero tenía un gran profesor: mi papá”, admite.

Comertex cumplió 51 años el pasado 7 de noviembre. Adolfo lleva más de 40 años en la empresa. Lo que encontró en 1985 fue un negocio, pero lo que ayudó a construir desde entonces es un grupo con presencia en casi toda la cadena textil: desde el algodón hasta el retail.

“Comercializamos algodón colombiano, hilos, telas. Atendemos más de 2.000 confeccionistas, pero hay 70.000 registrados en Cámara de Comercio. El potencial es enorme”, explica. La empresa ha diversificado su portafolio con marcas como Naf Naf, Esprit, Chevignon, Tennis, Levi’s y una línea de hogar propia llamada TRU. “Entendemos la cadena completa de moda y textil”, afirma.

El crecimiento no fue inmediato. “Fue gradual. Yo solo entendía una parte. Empecé a visitar clientes y aprendí dónde vendían, cómo vendían, cuáles eran los canales”. Con la pandemia llegó la digitalización forzosa: marketplaces, e-commerce, omnicanalidad. Y con ello, una lección mayor: “Hay que enfocar la empresa hacia el mundo digital”.

Hoy Comertex aplica inteligencia artificial para conocer a sus clientes, modelar tendencias y acelerar decisiones. “Ya tenemos modelos digitales, sabemos qué les queda bien, qué combinan, quién es nuestro cliente ideal”, explica.

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Aunque hoy hable con naturalidad de telas, cortes y confección, Adolfo no olvida su raíz agrícola. De hecho, su otro gran proyecto empresarial nace justo ahí: La Fazenda. “A mí me apasiona el agro. Por eso también soy socio de La Fazenda. Y ahí se conectan los dos mundos”, dice.

La historia comenzó, literalmente, en un avión. “Jaime Liévano me contó el proyecto y me sonó. Me mostró todo el potencial de la altillanura colombiana. Estamos hablando de 25 millones de hectáreas, de las cuales 11 millones podrían cultivarse”, señala.

Lo que le gustó fue la idea del encadenamiento: desde el cultivo (maíz, soya) hasta la producción de carne de cerdo. “Así como me gusta ver el ‘clúster textil completo’, La Fazenda me fascinó por integrar todo el ciclo”. Años después, la empresa se consolidó como líder del sector porcícola en Colombia: “cuando comenzamos el consumo per cápita de cerdo era de 5 o 6 kilos. Hoy está en 16. Cada kilo adicional exige inversiones enormes. Es casi hacer otra Fazenda”.

Adolfo Botero Machado: hilar confianza, sembrar compromiso. Foto Jaime Moreno/VANGUARDIA
Adolfo Botero Machado: hilar confianza, sembrar compromiso. Foto Jaime Moreno/VANGUARDIA

En Santander, donde el cerdo era casi tabú, impulsaron una transformación cultural y nutricional. “Mi familia es antioqueña y allá el cerdo se come en desayuno, almuerzo y comida. Aquí era como veneno. Hoy la gente se dio cuenta de que es lo mejor”, explica con tono pausado.

Adolfo es parte de una familia de seis hermanos. Todos, en algún momento, trabajaron en las compañías. “Después montamos gobierno corporativo, una junta externa. Ahora estamos en proceso de entregar a la tercera generación. Las compañías deben durar varias generaciones”.

Reconoce los choques entre estilos. “Antes el liderazgo era más autoritario. Lo que decía el papá, se hacía. Hoy es más participativo. Cada generación cree que el mundo se va a acabar. Lo clave es entenderlas para que las compañías permanezcan”.

También aprendió a separar lo empresarial de lo íntimo. “Mi esposa trabajó conmigo. Y uno debe saber que los espacios de familia son de familia y los de empresa son de empresa. Si no, se pierde todo”.

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A sus hijos les deja una convicción clara: “siempre les he dicho que, más que buscar ‘un puesto’, piensen en crear empresa. Es más exigente. Uno piensa 24 horas, no 8. Pero es más satisfactorio”.

Sus decisiones se filtran por cuatro letras: H2C2. “Son dos H y dos C: humildad, honestidad, confianza y compromiso”, explica. “Si alguien tiene eso, se pueden hacer cosas grandes. Me encanta hacer negocios con amigos, cuando hay esos valores”.

Por eso no invierte en negocios que destruyan: “No invierto en lo que le haga daño a la sociedad. Nada de cigarrillos, ni licores, nada que destruya tejido social”.

Aunque se reconoce más arriesgado que otros, es claro en su método: “Si tengo 100 pesos, arriesgo 20, no 80”. Ya no se guía solo por “el olfato”: revisa datos, márgenes, flujo de caja. Eso sí, no idealiza el emprendimiento. Y es por eso que a quien empieza le recomienda lo básico: “cuide el flujo de caja, no confunda ventas con utilidad. No se gaste rápido lo que entra, reinvierta, no reparta más del 20% de las utilidades. Los primeros dos o tres años son para lograr equilibrio. De tres a cinco, para ver utilidades”.

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Y si el negocio no da: “Hay que saber parar. Aprender de los golpes y volver a empezar”.

Cuando llegó la pandemia, Comertex tenía centros comerciales cerrados y miles de empleados en casa. “Pasamos de hacer juntas cada dos meses a hacerlas cada ocho días. Nos apoyamos en los gremios. Transformamos la producción en batas quirúrgicas con insumos de Ecopetrol. Esa red gremial fue clave”.

Por eso defiende los espacios colectivos: ANDI, Fenalco, Inexmoda, Pro Santander. “Lo público influye muchísimo. Hay que pensar menos en la empresa particular y más en el sector”.

Adolfo Botero Machado: hilar confianza, sembrar compromiso. Foto Jaime Moreno/VANGUARDIA
Adolfo Botero Machado: hilar confianza, sembrar compromiso. Foto Jaime Moreno/VANGUARDIA

Sobre Santander, es reflexivo: “la infraestructura es muy deficiente. En otras regiones uno ve dobles calzadas, autopistas, y aquí nada. Nos toca unirnos más: empresarios, alcaldías, gobernación, bloque parlamentario. Desde Pro Santander podemos empujar esos proyectos”.

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A quienes quieren hacer negocios con santandereanos, les advierte: “aquí se van a encontrar con gente muy trabajadora, honesta, directa. Y con mucho talento en las universidades”.

Y a los empresarios locales les deja un mensaje claro: “salgan de las montañas. No se queden solo en Santander. El país es grande. Hay que pensar en exportar”.

Adolfo no descarta el salto de un empresario a lo público. “Ojalá. Hay gente joven con vocación política y empresarial. Hay que apoyarlos para que trabajen por la región con visión de largo plazo”.

Y en tiempos de polarización, lanza una línea serena: “que entendamos que el empresariado es aliado. Y que nosotros debemos comprometernos con la sostenibilidad social y ambiental, con pensar en la gente, no solo en la utilidad”.

Cuando se le pide resumir lo que ha construido, responde sin rodeos: “pasión por las empresas y amor por lo que se hace. Vivir de lo que a uno le gusta es un privilegio”.

Habla con la calma de quien ha trabajado para el largo plazo. Ajustando el rumbo, pero siempre con el timón firme. Así ha construido Adolfo Botero Machado su historia empresarial: hilando confianza, sembrando compromiso.

Publicado por: Redacción Economía

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