Ajustes fiscales amplían la base de contribuyentes y elevan costos en consumo, banca y patrimonio desde enero.
Publicado por: Redacción Vanguardia
El arranque de 2026 no solo trajo consigo ajustes económicos y proyecciones fiscales más exigentes, sino también una serie de cambios tributarios que empiezan a sentirse en distintos sectores de la economía nacional. Aunque el debate sobre la sostenibilidad de las finanzas públicas viene de años atrás, las decisiones adoptadas recientemente marcan un nuevo escenario para millones de contribuyentes, entre personas naturales, empresas y consumidores.
Desde el pasado 1 de enero, el Gobierno Nacional, en coordinación con la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (Dian), puso en marcha un paquete de medidas orientadas a fortalecer el recaudo. El trasfondo es un déficit presupuestario creciente y la necesidad de garantizar recursos para áreas estratégicas como la salud, la educación y la prestación de servicios públicos esenciales. Sin embargo, el alcance de estas disposiciones va más allá de los grandes capitales y termina impactando la economía cotidiana de los hogares.
El impuesto al patrimonio amplía el universo de contribuyentes en 2026
Uno de los ajustes más relevantes se presenta en el impuesto sobre el patrimonio. La base mínima para estar obligado a tributar se redujo de manera considerable, pasando de 72.000 UVT a 40.000 UVT. En términos prácticos, esto significa que quienes cuenten con un patrimonio neto cercano a los 2.000 millones de pesos, ya sea como personas naturales o jurídicas, entran ahora en el radar de la Dian.
La medida amplía de forma significativa el número de contribuyentes y refuerza la estrategia del Ejecutivo de captar mayores recursos de los patrimonios más altos. No obstante, expertos en materia tributaria advierten que este cambio exigirá una planeación fiscal más rigurosa y un mayor control en la declaración de activos y pasivos.

Consumo, salud pública y sector financiero bajo mayor carga fiscal
El impacto de los nuevos impuestos también se traslada al consumo. Productos asociados a los denominados “vicios” y a los alimentos ultraprocesados enfrentan incrementos sin precedentes. En el caso de los cigarrillos, el impuesto por cajetilla pasó de alrededor de 4.000 pesos a superar los 10.000 pesos, lo que se refleja directamente en el precio final al consumidor.
En el sector de licores, bebidas como el aguardiente, el vino y otros destilados dejaron atrás la tarifa reducida del 5 % y ahora tributan con el IVA general del 19 %. A esto se suman gravámenes bimestrales sobre plásticos de un solo uso y sobre alimentos con altos contenidos de sodio, azúcares y grasas saturadas, un factor que empieza a presionar el costo de la canasta básica.
Por su parte, el sistema financiero enfrenta una de las cargas tributarias más altas de la región. La sobretasa al impuesto de renta elevó la tributación total de los bancos a niveles cercanos al 50 %. Aunque el Gobierno busca recaudar de las entidades con mayores utilidades, analistas advierten que esta presión podría trasladarse a los usuarios mediante créditos más costosos.

Calendario tributario 2026 y beneficios para normalizar obligaciones
Para ordenar este nuevo panorama, la Dian definió un cronograma estricto de pagos. El IVA se mantiene con periodicidades bimestrales y cuatrimestrales, mientras que impuestos como el de la gasolina y el Acpm se declaran de forma mensual. En paralelo, el Impuesto Nacional al Consumo conserva su dinámica bimestral para sectores específicos.
Pese al endurecimiento de la política fiscal, el Ejecutivo habilitó beneficios para quienes decidan ponerse al día. La reducción de sanciones e intereses moratorios ya ha permitido que, en las primeras semanas del año, el Estado reciba cientos de millones de pesos de contribuyentes que buscan normalizar su situación ante la Dian.
















