El escritor español Santiago Posteguillo y los colombianos Pablo Montoya y Juan Esteban Constaín se encontraron en Cartagena para hablar de los recovecos en los que transita la escritura de la novela histórica, o –como prefirieron llamarla en el desarrollo de su conferencia–: “la novela sobre la historia”.

Publicado por: ÓSCAR HUMBERTO MEJÍA BLANCO
Los tres autores cerraron el paso en una misma voz, al considerar que la escritura de este género tiene algo de juego que redimensiona la realidad documentada, pues en esta novela se combinan lo conocido y lo desconocido de aquellas figuras públicas y hechos plenamente conocidos, ya referenciados en las enciclopedias y las biografías. Enfatizaron, además, en que el acceso a las vidas o hechos reales en los cuales se basan los personajes y los escenarios históricos no arroja todas las luces necesarias para su entendimiento, y que son precisamente los vacíos en esos sucesos y existencias –esas elipsis que derrotaron a los biógrafos–, sobre los cuales se vierte el trabajo creativo del novelista, que desde allí puede empezar a trabajar recontando la realidad del pasado, diciendo con letras lo que ya pasó. Y lo que no. Para Juan Esteban Costaín, ganador del Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana, la Historia es un acto de fe; el novelista cree en ella, pero su trabajo ciertamente son los ajustes y la dinámica de la reconstrucción de aquella realidad consumada, a fin de escribir lo que pudo haber pasado.
En este sentido, Pablo Montoya, autor de la novela ‘Los derrotados’ (2012), que versa sobre la vida de Francisco José de Caldas, refuerza la tesis de que el novelista en estos casos inventa sobre el pasado y que es la imaginación la encargada de resolver la pugna entre la realidad y la ficción. Los secretos: en primera instancia, no olvidar que el novelista es un poeta y, en segunda, mantener el criterio aristotélico de consecuencia y coherencia, pues el personaje de la novela no debe ser ajeno al carácter original del ser humano que lo ha inspirado. Así pues, el plano creativo por ahondar estaría nuevamente en lo no dicho ni documentado, en los párrafos en blanco de la Historia.
Un ejemplo dado por Santiago Posteguillo, autor de ‘La sangre de los libros’ (2014), es un episodio pálido en la vida de la novelista Agatha Cristhie, quien desapareció durante once días de la faz de la Tierra, hecho alrededor del cual se tejieron un sinnúmero de hipótesis. Esta podría ser una situación de alimento para el novelista, una autopista abierta a material por novelar.
Secreto, parafraseo y confesión
De estas apreciaciones –dado que a las palabras se las lleva el viento, y que en esta tarea de referir puedo tergiversar palabras a mi acomodo– intentaré recordar con emoción en dónde desembocaron las ideas de estos escritores: primero, en que la condición humana está llena de contradicciones; segundo, en que en la realidad las cosas acontecen del mismo modo o de manera más absurda que en la ficción; tercero, en que, siguiendo el viejo adagio romano, inventar es también descubrir, y cuarto, siguiendo al pie de la letra a Chesterton, en que la literatura es un lujo. Y la ficción, una necesidad.














