En Cartagena, el Baluarte de Santa Catalina se convierte en escenario del proyecto “Mal Fario” de Nicolás Cadavid. Con apoyo del Ministerio de Cultura, este innovador trabajo explora la tensa relación entre el ser humano y el mar, utilizando video, esculturas e instalaciones para revitalizar la memoria cultural de esta histórica fortificación.

Publicado por: Paola Esteban
En algunos países de habla hispana, la expresión “mal fario” evoca la sensación de mala suerte o un mal presagio, derivada del latín “fatum”, que significa destino o suerte. Esta frase, que connota el sentir de que algo negativo se aproxima, encontró su lugar tanto en la literatura como en el cine para describir personajes y situaciones marcadas por la desgracia. Además, el “mal fario” está vinculado a diversas supersticiones, como evitar pasar por debajo de una escalera. Lea también: Distrito Freestyle: Bucaramanga se prepara para vibrar al ritmo del hip-hop
En el contexto de Cartagena, Colombia, el concepto de “mal fario” cobra vida a través de supersticiones marineras.
Con su historia marítima y su ubicación estratégica en la costa caribeña, Cartagena es un lugar donde las supersticiones marineras son parte integral de la vida cotidiana. Los marineros, con sus creencias en la mala suerte, ven ciertos eventos y comportamientos como presagios de “mal fario”.
Y es allí, en Cartagena, donde el docente de la carrera de Literatura Virtual, Unab, artista y experto en patrimonio cultural santandereano, Nicolás Cadavid, se dará a tarea de intervenir con su proyecto “Mal Fario” el Baluarte de Santa Catalina, ícono de la ciudad.

El Baluarte de Santa Catalina es una fortificación que no solo es testimonio de la historia y el patrimonio arquitectónico del país, también enfrenta el desafío de conservar su integridad en el contexto de las demandas contemporáneas. Denominado como patrimonio cultural material e inmueble, se convierte en el escenario de este innovador proyecto artístico que explora la tensión entre preservación y creatividad.
“Empecé a trabajar asociando la mala suerte con el mar, un elemento natural de poder que supera las posibilidades del ser humano. Enfocándome en conceptos como el naufragio y las contingencias de quienes se ven sometidos a las fuerzas del mar, el proyecto aborda la relación tensa entre el ser humano y el espacio que habita, en este caso, el océano”, explica el docente.
La beca “Exposiciones In Situ - Túnel de Escape”, otorgada por el Ministerio de Cultura, fue la puerta de entrada para que Cadavid intervenga este espacio. La beca es conocida por la complejidad de los proyectos que acoge, y en el caso de Cadavid, el reto se magnifica debido a las estrictas restricciones impuestas por el Baluarte. La imposibilidad de utilizar puntillas o realizar transformaciones agresivas obliga a los artistas a concebir sus propuestas con extrema precisión, respetando la integridad del espacio mientras crean nuevas formas de interacción.
El proyecto de Cadavid, titulado “Mal Fario”, es una reflexión sobre la tensa relación entre el ser humano y el océano. El título, con una “i”, evoca la mala fortuna que a menudo se asocia con el mar.
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“El ser humano contamina, transforma y agrede el mar, mientras que el océano también produce tragedias y se levanta en contra de la voluntad humana. Esta relación de tensión me llamó mucho la atención. Por eso, propuse una serie de piezas en diferentes medios, como video, esculturas e intervenciones puntuales en el espacio, abordando desde distintas perspectivas el conflicto entre el ser humano y el océano”, indica.
El Baluarte de Santa Catalina, originalmente construido para protegerse de invasiones y del propio mar, proporciona un contexto significativo para esta intervención. La idea de enfrentarse al mar, que puede convertirse en un enemigo formidable, es el corazón de la obra de Cadavid, quien utiliza el espacio para explorar la lucha existencial entre el ser humano y el océano. La propuesta no solo busca conservar el Baluarte, sino también revitalizar su memoria a través del arte.
A primera vista, esta aproximación puede parecer contradictoria. La preservación tradicional del patrimonio busca mantener la integridad de la estructura en su estado original, evitando alteraciones. Sin embargo, la intervención artística de Cadavid ofrece una nueva perspectiva: el arte tiene el poder de reactivar la memoria del espacio, permitiendo a los visitantes redescubrir y reflexionar sobre su significado histórico y cultural. En lugar de simplemente conservar el Baluarte como una estructura estática, Cadavid lo transforma en un lugar de relevancia cultural y emocional.
“Una referencia que me ayudó bastante fue la novela corta “Las aventuras de Arthur Gordon Pym” de Edgar Allan Poe, que trata precisamente sobre naufragios y cómo los seres humanos se enfrentan al mar, viviendo experiencias casi existenciales. Este también puede ser un punto de partida para entender mejor el proyecto”, explica Cadavid.

El proyecto consiste en cinco intervenciones que el docente realizará en el interior del Baluarte de Santa Catalina. De esta forma, abarca el área en su totalidad. Habrá entonces, aproximadamente, cuatro espacios de intervención con elementos como madera, telas, vídeo y luces, además de unas estructuras metálicas.
Para Cadavid esta beca representa mucho más que un simple reconocimiento; es como un voto de confianza hacia su trabajo y un impulso para continuar explorando las inquietudes que ha cultivado desde alrededor de 2018, especialmente en relación con la interacción entre los seres humanos y el paisaje.
“Además, abre la puerta para desarrollar un proyecto a gran escala, posiblemente el más ambicioso que haya emprendido hasta ahora”, comenta.
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Roger Díaz, docente y experto en patrimonio cultural, ofrece una reflexión sobre el trabajo de Cadavid. Díaz subraya que, aunque la preservación del patrimonio busca mantener la estructura en su estado original, la intervención artística introduce una dimensión adicional: la activación de la memoria del espacio. Según Díaz, la intervención artística permite que el Baluarte recupere y refleje su significado histórico de manera renovada, desafiando la visión tradicional de conservación que a menudo evita el cambio.
La propuesta “Mal Fario” de Cadavid explora la relación entre el ser humano y el océano, utilizando el Baluarte de Santa Catalina como un escenario único para esta reflexión. “La intervención de Cadavid no solo respeta la integridad del edificio, también revitaliza su significado cultural mediante una serie de intervenciones que permiten ver el baluarte como un espacio arquitectónico con una rica narrativa y una historia significativa”, señala Díaz.
Señala que la trayectoria de Nicolás Cadavid, desde sus inicios en Bellas Artes hasta su participación con la galería La Mutante en Bucaramanga, ha estado marcada por un interés constante en reimaginar y resaltar espacios urbanos mediante intervenciones artísticas. Díaz señala que el valor del trabajo del artista santandereano radica en su capacidad para establecer un diálogo entre el arte y el patrimonio. Las intervenciones artísticas, al interactuar con el espacio y su historia, generan nuevas formas de apreciación y entendimiento.













