Desde Bucaramanga, Cuántico Teatro lanza su producción “La Suciedad”, una obra que, con humor ácido y metáforas contundentes, pone en escena la urgencia de transformar la relación del ser humano con el planeta.

Una ciudad desolada, vestigios de una civilización que alguna vez lo tuvo todo y que hoy sobrevive entre ruinas tecnológicas, estructuras de poder colapsadas y toneladas de desechos. Allí, en medio del caos, aún hay vida. Y también hay esperanza.
Esta es la premisa que lleva La Suciedad, también conocido como el sistema Caca-Rroña, el más reciente montaje de la agrupación santandereana Cuántico Teatro, que fue presentada en escenarios de Casa Inusual y el Teatro Escuela del Teatro Santander.
La puesta en escena, definida por su creador Miguel Antolinez como “una obra teatral familiar enmarcada en los términos de la fantasía y el futurismo”, plantea un relato distópico que cuestiona los modelos de consumo, la destrucción ambiental y la pérdida del sentido humano en las sociedades modernas.
Con heramientas como el humor, la metáfora y una estética provocadora, el montaje nos enfrenta a un mundo en el que “los recursos naturales y humanos han sido llevados al borde de la extinción”. Lea: Ariel Tobo lanza “Tu Silencio”, una canción que narra lo que no se pudo decir
Allí habitan cuatro personajes singulares que encarnan distintas formas de abandono y resistencia: “El de las madres, que no saben por qué tuvieron hijos o si fueron obligadas a hacerlo”; “el de los sin empleo, que, mucho trabajo tienen, buscando dónde caben en la sociedad”; “el de los niños glotones, que no pueden dejar de comer la chatarra que siempre ha sido parte de la ‘suosiedad’, del sistema”; y finalmente, “el de los creyentes, donde todos han perdido la fe... en la vida, en el otro, en el planeta, en las instituciones y, la más poderosa, la fe en sí mismos”.
Cada uno de ellos sobrevive en este escenario postapocalíptico recolectando lo que los humanos han desechado, como cartón, plástico, restos... y quizás, dice la obra, “encontrarnos a nosotros mismos entre la caca-rroña”.
En palabras del grupo, se trata de una historia que, pese a su crudeza, narra, de manera divertida pero contundente, la urgencia de despertar, de mirar hacia adentro y reconocer la necesidad de transformarnos como especie. “El hombre, cegado por su propia inercia y atrapado en un sentimiento existencial, experimenta un hecho fortuito que lo lleva a un despertar de conciencia”, explica Miguel Antolinez. Le puede interesar: Melina debuta con “El Cadáver”, un poemario sobre el dolor, cuerpo y renacimiento
Teatro y transformación en Bucaramanga
La Suciedad es la producción número 14 del colectivo Cuántico Teatro, agrupación fundada en 2016 por el maestro Antolinez. Desde entonces, el grupo ha desarrollado un enfoque estético propio, al que denominan la Estética de lo Inusual, resultado de años de investigación escénica y exploración de nuevos lenguajes teatrales.
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“Nuestro trabajo marca una huella que imprime el sello del lenguaje utilizado en nuestras creaciones”, agrega el director, quien ha liderado los montajes en múltiples escenarios locales, regionales y nacionales.
Entre sus obras se encuentran títulos como Te perdono (2016), Desmoronamiento (2018), Érase una vez (2019), Rayuela (2020), El luto de Todo (2021) y Algunas historias de carroña (2023). Además, han incursionado en espacios no convencionales y clown, extendiendo su práctica a públicos diversos y formatos alternativos.
La apuesta de Cuántico Teatro no se limita a la creación escénica. Desde su sede, la Casa INusuAL, han consolidado un espacio pedagógico y cultural abierto a la comunidad. Allí funciona la Escuela INusuAL, centro de formación artística para niños, niñas y jóvenes, y sede de dos importantes eventos: el Festival INusuAL, que en 2025 celebra su tercera edición, y el Festival Universitario de las Artes Vivas.
La Suciedad. O el sistema Caca-Rroña se inscribe en esa misma lógica de pensamiento crítico, experimentación estética y compromiso con el arte como herramienta de transformación. Una invitación a reflexionar, a imaginar otros futuros posibles, y a recordar que, incluso en el caos, siempre hay una posibilidad de reconstrucción.

















