En el Museo Casa de Bolívar, en Bucaramanga, la Guerra de los Mil Días no se contó con fusiles sino con cuerpos: Memorias de Palonegro reunió a cerca de 100 asistentes y dejó una idea clave.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
En el patio del Museo Casa de Bolívar no hubo fusiles ni uniformes: hubo cuerpos que contaban, miradas que sostenían el dolor, pasos que tejían memorias no dichas. La obra Memorias de Palonegro, dirigida por Eduardo Ardila y creada por la Corporación Cuerpo y Alma, tuvo dos funciones abiertas al público el pasado 19 de diciembre, a las 10:00 a. m. y a las 4:00 p. m., y reunió a cerca de 100 asistentes en una experiencia escénica inmersiva que dejó planteada una idea poderosa: Bucaramanga necesita un circuito patrimonial vivo donde el arte y la memoria caminen juntos.
La pieza se inspira en la Batalla de Palonegro, que fue por el año 1900, uno de los episodios más sangrientos de la Guerra de los Mil Días, pero no reproduce la épica de los combates ni glorifica bandos. Por el contrario, desarma la lógica del héroe armado y desplaza la mirada hacia lo íntimo, lo doméstico, lo que sostuvo la vida mientras el país ardía.
“Nos preguntábamos todo el tiempo: ¿dónde quedan quienes no batallaron, quienes cuidaron, quienes esperaron?”, reflexiona Ardila. En el centro de la escena están ellas: las mujeres que cocinaron, que tejieron, que lloraron, que sobrevivieron al vacío.

Uno de los aspectos más interesantes del montaje fue su puesta en escena no convencional: el público no se sentó frente a un escenario, sino que recorrió el museo. Caminó con los personajes. Escuchó el eco de sus pasos en los salones mientras la historia ocurría a pocos centímetros.
“El museo dejó de ser un espacio de contemplación pasiva. Se volvió un cuerpo también. Se habitó”, señala el director, emocionado por los comentarios del público que insistían en una misma idea: esto debería pasar más seguido.
De ahí nace su propuesta: crear un circuito escénico patrimonial en la ciudad, que vincule museos, parques y espacios históricos con procesos escénicos vivos, como una ruta cultural y turística que permita experimentar la ciudad desde otras narrativas.
“Sería hermoso que Bucaramanga tuviera un recorrido permanente de memoria viva, que no solo se mire en placas, sino en acciones, cuerpos, palabras. En obras que nos cuenten desde aquí quiénes fuimos y quiénes seguimos siendo”, agrega.

El elenco
El elenco de la obra estuvo compuesto por diez intérpretes que dieron vida a esta memoria corporal: Vianny Mildred Peña Niño, Keyberth Andrés Mina Aguilar, Alisson Valentina Trigos Sanabria, César Steven López Perea, Angélica María del Rosario Bornacelly Barros, Karina Johana Valderrama Cárdenas, Kevin José Arana García, Pablo César Durán Pérez, María Camila Farfán Martínez y Juan Pablo Velasco Rozo. Para Ardila, su entrega fue clave: “Artistas íntegros, comprometidos, que asumieron con responsabilidad la delicadeza de hablar de la historia de un territorio desde el cuerpo”.
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Memorias de Palonegro fue la obra mejor puntuada de la Beca de Creación “Bucaramanga cree en tu talento” 2025, y contó con el respaldo de diversas entidades culturales y patrimoniales. Para su director, ese reconocimiento no es solo una medalla artística, sino una confirmación de que narrar el pasado desde otros lugares, desde la cocina, el duelo, la espera, también es una forma de hacer justicia.
La escena más comentada del montaje es una en la que una mujer, sola en un cuarto, recibe la noticia de la muerte de su ser querido. No hay grito, no hay música épica. Solo un gesto detenido, un temblor. Y todo el público lo ve de cerca. “Eso es lo que realmente trasciende”, dice Ardila. “Eso es lo que somos: pérdida, amor, resistencia”.












