La exposición del artista santandereano Canen García, instalada en El Libro Total, presenta un recorrido en tres ejes sobre el oficio del pescador, sus tradiciones y las problemáticas que enfrenta.

En la quietud de los ríos, en el vaivén de las ciénagas y en la inmensidad de los mares se repite una escena: el pescador como parte del paisaje, que trabaja al ritmo del agua y se mueve con la naturaleza. No es un personaje aislado. Convive activamente con su entorno, lo habita y cuida sus conocimientos ancestrales y tradiciones.
El artista y arquitecto santandereano Canen García planta allí su mirada, precisamente en las comunidades pesqueras del río Magdalena, quien traduce en una serie de pinturas su forma de entender lo que llama una ontología del pescador en Entre aguas y redes, una exposición instalada en el Libro Total de Bucaramanga que fue construida como un recorrido que narra el folclore, las costumbres y los conflictos como capas de una misma realidad.
El pescador pertenece a una población que conserva sus prácticas: cómo tejen las redes, cómo hacen la canoa, cómo cortan el pescado, cómo preparan un sancocho, cómo bailan alrededor del río. “Todo esto se convierte en tradiciones, en saberes ancestrales, y esta es la memoria que hay que preservar porque es la parte especial que nos hace Colombia”, señala García. Lea también: “Naturaleza Emocional”: la exposición con la que Carlos Eduardo Rodríguez Carrizosa transforma la naturaleza en arte

La obra en oficio, tradición y resistencia
El primer eje de la exposición se centra en el pescador como ser humano: “una persona trabajadora, con una pesca tradicional, no industrial, integrada con el agua y con la naturaleza”, explica el artista, quien agrega que busca mostrar el pescador, el esfuerzo, el trabajo colectivo, así como la relación con los recursos naturales.
El segundo eje se abre hacia la dimensión cultural y folclórica, una memoria que se construye en comunidad, donde también cobran protagonismo las mujeres, muchas veces invisibilizadas, pese a que sus oficios acompañan las prácticas pesqueras. “Quiero hacer una mención especial al rol de la mujer, ya que el pescador suele asociarse al hombre, pero realmente junto a él están las mujeres que reciben el pescado, que lo cocinan y lo venden”, explica.
El tercer momento introduce una capa más compleja. En esas mismas aguas también se reflejan las tensiones que atraviesan a las comunidades pesqueras, argumenta Canen García, quien traduce en sus pinturas el olvido institucional, la marginalidad, el desplazamiento y la crisis ambiental que afecta a los ecosistemas. Allí insiste en la urgencia de preservar estos saberes desde las diferentes reflexiones que pueda dejar en quien se acerca a apreciar la obra: “Es un fuego que no podemos dejar apagar”.
“No todo es la belleza del paisaje, también hay una realidad que necesita ser mirada”, afirma García. Su obra, entonces, se convierte en una invitación a no dejar perder ese “fuego de saberes” que, advierte, está en riesgo ante el desinterés de las nuevas generaciones.

Este proyecto, que el artista ha venido construyendo durante cerca de dos años, está ligado a su propia experiencia fuera del país. Radicado en Barcelona, cada regreso a Colombia se ha convertido en un ejercicio de redescubrimiento.
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“La pintura para mí es el cordón umbilical que tengo con Colombia”, comenta. Y la distancia ha afinado su mirada. “Tengo otra lupa, otro prisma desde el cual quiero investigar y buscar nuevos personajes, así como los oficios que representan a Colombia”.

La obra de Canen García se caracteriza por la exploración constante de la pintura, especialmente a través del acrílico, y por una reciente incursión en la escultura con técnicas mixtas. Su trabajo abarca lo figurativo y lo abstracto desde la descomposición de la forma, el color y los símbolos ligados a las tradiciones.
Además de la pintura, su práctica creativa abarca campos como la arquitectura, el diseño, la escenografía y la ilustración. En sus obras desarrolla una mirada introspectiva que parte de la memoria, la identidad y el territorio, influenciada por su experiencia viviendo fuera de Colombia, desde donde reconstruye recuerdos de infancia, vida en el barrio y en los pueblos, con el objetivo de preservar y transmitir esas tradiciones a futuras generaciones.
















