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Jueves 11 de diciembre de 2025 - 09:49 AM

La santandereana que convirtió 3.000 historias de guerra en memoria sobre el escenario

Desde Bucaramanga hasta la Feria del Libro de Guadalajara, la bailarina y directora Diana Tada lleva al cuerpo las voces del conflicto armado colombiano. Su obra Magdalena nació de 3.000 testimonios de víctimas y hoy la proyecta como un referente de arte y memoria.

La santandereana Diana Tada convirtió 3.000 historias de guerra en memoria sobre el escenario. Foto suministrada/VANGUARDIA
La santandereana Diana Tada convirtió 3.000 historias de guerra en memoria sobre el escenario. Foto suministrada/VANGUARDIA

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

Antes de que Diana Tada pisara un escenario ya había escuchado y clasificado a mano 3.000 historias de guerra. Eran relatos de desplazamiento forzado, desapariciones, masacres y otras formas de violencia que recogía como asistente de derechos humanos mientras estudiaba Derecho.

“Tipifiqué casos de desplazamiento, desaparición forzada, masacres, atrocidades… Era demasiado fuerte”, recuerda. Todo quedó en un archivo de excel minucioso, con columnas y códigos que, años después, servirían como insumo para la Comisión de la Verdad. A ella, en cambio, ese trabajo la empujó a tomar una decisión radical: dejar Derecho y pasarse al teatro.

Hoy, esa apuesta la tiene en plena Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en México, cerrando una gira por Colombia, Perú y ahora América con Magdalena, una obra nacida justamente de ese archivo de dolor convertido en poesía escénica.

La santandereana Diana Tada convirtió 3.000 historias de guerra en memoria sobre el escenario. Foto suministrada/VANGUARDIA
La santandereana Diana Tada convirtió 3.000 historias de guerra en memoria sobre el escenario. Foto suministrada/VANGUARDIA

Antes de llegar al escenario, la vida de Diana pasó por tres carreras: primero Derecho, luego Literatura y después Teatro. En la facultad de Derecho se cruzó con el trabajo directo con víctimas; en el teatro encontró una forma de tramitar todo eso sin quebrarse.

Su primera gran maestra fue Beatriz Camargo, referente del teatro ritual en Colombia. “En un momento dije: ‘No quiero seguir, quiero hacer teatro’. Y ella me dijo: si no terminas Derecho, no vas a terminar nada. Devuélvete”, cuenta entre risas. Terminó la carrera en 2008 y solo entonces se lanzó de lleno a formarse en teatro antropológico, una línea heredera de las búsquedas grotowskianas, centrada en el cuerpo, la presencia y la acción física, con maestros en Colombia, Perú y Dinamarca.

Luego vino Literatura, estudios literarios y, más tarde, una maestría en Alemania en la que cruzó estudios teatrales, filosofía del teatro y procesos de paz. Allí investigó la influencia del teatro en los procesos de paz a partir del análisis de cuatro obras latinoamericanas (colombianas, peruana y mexicana).

Pero el corazón de su trabajo creativo estaba en una obra muy concreta.

La santandereana Diana Tada convirtió 3.000 historias de guerra en memoria sobre el escenario. Foto suministrada/VANGUARDIA
La santandereana Diana Tada convirtió 3.000 historias de guerra en memoria sobre el escenario. Foto suministrada/VANGUARDIA

Magdalena: una mujer, un río y 3.000 testimonios

Como una suerte de “trabajo de grado vital”, Diana escribió Magdalena, una obra en la que condensa muchos de esos testimonios recogidos como asistente de derechos humanos en una sola voz femenina: una mujer desplazada que viaja río abajo.

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“Quería que no fuera un ladrillo de dolor, dice. Mi fin era que fuera una obra muy poética, que trajera esperanza y que contara el desplazamiento de una forma delicada, para entregarle al pueblo colombiano algo más suave, pero sin negar la realidad”.

Magdalena fue creciendo en dos capas: una dramaturgia física, con acciones precisas en escena, y una poética textual que fue afinando con el tiempo. Cuando sintió que estaba lista, se la mostró a Beatriz Camargo el 7 de diciembre de 2012, en Villa de Leyva. La respuesta fue tajante: “Me dijo: presentas con público en tres días… Me lanzó al agua”.

La santandereana Diana Tada convirtió 3.000 historias de guerra en memoria sobre el escenario. Foto suministrada/VANGUARDIA
La santandereana Diana Tada convirtió 3.000 historias de guerra en memoria sobre el escenario. Foto suministrada/VANGUARDIA

De esa primera presentación en La Maloca, la obra pasó al Festival de Teatro por la Paz 2013, por invitación de Patricia Ariza. Más adelante, el director peruano Willy Pinto, del Teatro Maguey, vio la obra y le dijo lo que ella misma intuía: que era “un diamante en bruto” que necesitaba dirección. La invitó a una residencia en Perú durante cuatro meses y desde entonces es el director de la pieza.

El trabajo ha tenido eco en la investigación teatral: Magdalena aparece en los tomos de dramaturgia del conflicto del investigador Enrique Pulecio y, en 2017, obtuvo un premio de dramaturgia que le permitió publicar otras obras, como Joven pasos y Cuando se apague la luz, centradas también en mujeres en tránsito, aunque con otras estéticas.

De Magdalena también nació un nombre. Al final de una función, el público quiso saber qué significaba “Está Teatro”, palabra que viene de su apellido. Beatriz Camargo intervino: “Con ustedes, el Teatro Antropológico de Los Andes”. Ahí quedó bautizado el grupo que dirige hasta hoy.

Desde Bucaramanga, Diana también sostiene la fundación Arte en Movimiento, con la que desarrolla laboratorios y procesos pedagógicos desde 2010. Son espacios de formación donde cruza técnica corporal, memoria y autodirección escénica para intérpretes de teatro, danza y circo.

La santandereana Diana Tada convirtió 3.000 historias de guerra en memoria sobre el escenario. Foto suministrada/VANGUARDIA
La santandereana Diana Tada convirtió 3.000 historias de guerra en memoria sobre el escenario. Foto suministrada/VANGUARDIA

Arrancar como mujer creadora en el teatro local no fue fácil. “Yo les ofrecía la obra a todos los directores de Bucaramanga y veía las dificultades. No había muchos procesos liderados por mujeres”, recuerda. Dice que, aunque encontró artistas muy fuertes, muchas estaban en posiciones secundarias, detrás de un director hombre o de un proyecto ajeno.

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En danza el panorama era distinto, “quizá porque se ha pensado erróneamente como algo más femenino”, pero en teatro casi no había mujeres al frente de sus propios procesos.

Las etiquetas también llegaron rápido: “Decían que yo solo hacía teatro por la paz, teatro de conflicto armado, cuando no era así”. Para romper esa lectura, se lanzó a escribir y montar otras obras con estéticas distintas.

Con los años, ha visto un cambio: “lo más lindo es que otras mujeres han empezado a crear sus procesos independientes. El contexto bumangués empieza a sacar otras mujeres y nacen estéticas desde lo femenino. Eso ha sido muy liberador”.

La reflexión de Diana sobre arte y memoria viene tanto de la escena como de su trabajo académico. Ella traza una línea clara en la historia del teatro sobre conflicto en Colombia.

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Antes del año 2000, dice, predominaban las obras de denuncia y resistencia, con una estética más frontal y cercana a la protesta. A partir de ese momento, con la influencia de teorías de la presencia y autoras como Erika Fischer-Lichte o Diana Taylor, el foco se desplaza hacia el cuerpo como lugar de la memoria y hacia el convivio con el público.

La santandereana Diana Tada convirtió 3.000 historias de guerra en memoria sobre el escenario. Foto suministrada/VANGUARDIA
La santandereana Diana Tada convirtió 3.000 historias de guerra en memoria sobre el escenario. Foto suministrada/VANGUARDIA

“Ya no solo representamos, sino que presentamos. El público se vuelve cómplice de la historia. No es alguien que solo observa, sino que expecta y se queda con preguntas”, explica.

Para ella, lo decisivo es esa presencia en vivo, que diferencia al teatro del cine o la televisión cuando se habla de conflicto: “los hechos históricos están ahí, frente a tus ojos. Los puedes palpar. No es algo que ves a distancia, es algo que vives”.

Colombia, añade, se ha vuelto un ejemplo internacional por los puentes que se han tejido entre el teatro, las instituciones y los procesos de memoria y paz.

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En este momento, Diana está cerrando una gira americana que comenzó en Colombia, siguió en Perú y ahora la tiene en México. En la FIL Guadalajara presenta Pasos, un libro que convierte el contexto, el cómo se escribe el cuerpo, en un elemento clave de la dramaturgia contemporánea. La presentación no es solo un lanzamiento editorial, sino una acción performática donde lectura y escena se cruzan.

También hace parte del proyecto Peace Mobilities, que la llevó a mostrar Magdalena ante un grupo de académicos interesados en obras que hablan de conflicto y paz. A esto se suma Narraciones de tinta, versión unipersonal y más cercana al público infantil de otra de sus obras, con historias “camerindas”, de camerino.

Y, en paralelo, dirige el laboratorio Autodirección, dirigido a performers de teatro, danza y circo que quieren lanzarse a crear y dirigir sus propias piezas: “estoy intentando compartir las herramientas teóricas y técnicas que he recogido estos años, para ayudar a otros a dar ese salto”, dice.

Mientras las luces se encienden en otra sala y otro país, el trabajo de Diana Tada confirma que la memoria del conflicto colombiano también se escribe con el cuerpo: una función a la vez.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

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