Los recuerdos familiares y los rumores alrededor de la muerte atraviesan ‘Un campo azotado’, la exposición de Isabella Arenas que se inaugura este 22 de septiembre en el Centro Colombo Americano de Bucaramanga.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
En Jordán, Santander, un camuro le quitaba el sueño a Guillermo. Según contaba, el animal merodeaba su casa, lo despertaba por las noches y causaba destrozos en su propiedad. Su testimonio quedó recogido en una publicación de Señal Colombia del 17 de mayo de 2023, vinculada al proyecto documental El Cubo: Caminos de Jordán.
En la familia de la artista Isabella Arenas, los camuros evocan celebraciones y comida compartida. Su presencia en esos encuentros fue una de las pistas que encontró al investigar su historia paterna. Con el tiempo, el animal empezó a ocupar sus dibujos, esculturas y videos, convertido en una criatura que acompaña su exploración de la muerte y los rumores.
Esa investigación atraviesa Un campo azotado, la exposición que se inaugurará el martes 22 de septiembre, a las 6:00 p. m., en la Sala de Arte del Centro Colombo Americano de Bucaramanga. Con curaduría de Nicolás Cadavid, la muestra hará parte de Salas Abiertas 2026 y permanecerá hasta el 16 de octubre.
El proyecto comenzó en 2022, cuando Arenas estudiaba Artes Plásticas en la Universidad Industrial de Santander. Una mañana caminaba con su papá por la plaza de mercado central de San Gil y escuchó a una mujer hablar de ellos. Un tío de la artista había muerto por suicidio unas dos semanas antes. Según recuerda, la mujer lo mencionó y aseguró que la familia estaba maldita.

“Es a partir de ese rumor que yo empiezo como una serie de indagaciones para entender más por qué la señora había dicho eso”, cuenta Arenas. Las conversaciones posteriores le mostraron que aquella versión circulaba desde hacía tiempo entre habitantes de San Gil.
Según la artista, en cuatro generaciones de su familia paterna han ocurrido 14 muertes por suicidio. Su investigación se ocupa de las historias construidas alrededor de esas pérdidas y de las explicaciones sobrenaturales que algunas personas les han atribuido. Arenas interpreta esos rumores como una forma en que la comunidad intenta dar sentido a lo que no consigue explicar.
La primera propuesta fue un cortometraje de ficción. Para construirlo, entrevistó a familiares y habitantes de San Gil y revisó archivos. Encontró dos elementos que orientarían las imágenes: el arraigo de su familia a Santander y la presencia de los camuros en los recuerdos de las reuniones.
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La pepitoria aparecía una y otra vez. Arenas la recuerda en su primera comunión, en sus quince años y en otros encuentros familiares. “En todos los eventos familiares”, dice. El animal quedó así vinculado a la comida, a la infancia y a la memoria de quienes habían participado en esas celebraciones.
A su alrededor fueron apareciendo las ruinas de tapia pisada, los paisajes del cañón del Chicamocha y unas flores que la artista identifica como arenarias. De ellas y de la semejanza con su apellido surgió el nombre del proyecto, Arenarias, que ha desarrollado durante cuatro años mediante distintas técnicas.
Después del cortometraje, suspendió la investigación durante unos ocho meses para concentrarse en su trabajo de grado. Entonces pensaba que un proyecto concluía al terminar una obra. Conocer procesos de artistas que dedicaban años a una misma búsqueda la animó a retomarlo.
La siguiente etapa reunió tres dibujos realizados con lápices de grafito sobre papel y tres esculturas modeladas e impresas en 3D, pintadas al óleo. Con Arenarias obtuvo el segundo lugar del Premio Arte Joven 2024, organizado por Colsanitas y la Embajada de España. Según cuenta, las piezas fueron adquiridas por la Embajada y forman parte de su colección.

Al ingresar a la Maestría en Artes Plásticas y Visuales de la Universidad Nacional de Colombia, Arenas amplió el trabajo de campo. Recorrió sectores del cañón del Chicamocha y caminos reales abandonados en busca de objetos y fotografías que pudiera incorporar a la exposición.
Calcula que hizo ocho caminatas, con recorridos de entre 18 y 20 kilómetros. De esas salidas seleccionó dos fotografías, un cráneo de camuro y un cuero deteriorado. El cráneo le interesó por sus cuernos: el desgaste les había dado una apariencia que compara con la corteza de un árbol.
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También quiso llevar a los materiales de la obra algo del esfuerzo físico de esos recorridos. Se vinculó al seminario de fundición artística de la Nacional y, después de varios intentos fallidos, consiguió realizar una escultura en bronce pulido que decidió incluir en la muestra.
Las caminatas, los hallazgos y el aprendizaje de nuevas técnicas fueron ampliando el proyecto hasta llegar a Un campo azotado. La exposición reúne dibujo, fotografía, cerámica, video, fundición en bronce, pintura mural y objetos recolectados. Según la información de la muestra, es resultado de un proyecto ganador de la Beca de Creación del Portafolio Nacional de Estímulos, categoría juvenil, Región Oriente.

El cine también orienta la construcción de sus imágenes. Arenas sitúa su trabajo cerca del folk horror, un subgénero del terror cuyas historias rurales, comunidades aisladas y rituales le sirven como referentes. Para uno de los videos tomó como inspiración El hombre de mimbre y realizó una quema concebida como una ofrenda al camuro.
En esa pieza aparece una perra cuya presencia tiene otro origen familiar. La artista cuenta que su abuelo le dejó a su padre un escudo en el que figuran dos perros negros enfrentados. Encontró un parecido con la perra de una vecina y comenzó a entrenarla para que siguiera indicaciones sencillas durante las fotografías y los videos.
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Un campo azotado reúne estas búsquedas antes de una pausa. Arenas se dedicará a su tesis de maestría y prevé suspender el desarrollo del proyecto durante dos o tres años. Describe la exposición como “la conclusión temporal de toda esta línea investigativa”.
La artista también anuncia que el proyecto fue seleccionado para una propuesta transmedia de la Muestra Internacional Documental de Bogotá, MIDBO, y que llegará a la Cinemateca de Bogotá a finales de octubre. Durante la permanencia de la exposición en Bucaramanga, la programación anunciada contempla conversaciones con ella, encuentros con mediadoras y talleres.















