Entre edificios históricos, plazas de mercado, calles comerciales y murales, el proyecto Tramas del territorio recorrió el centro de Bucaramanga, Santander, a través de cinco rutas culturales que conectaron a estudiantes y ciudadanos.

Publicado por: Redacción Cultural
Cada calle del centro de Bucaramanga guarda algo de la historia de quienes la han recorrido. Los edificios antiguos, los mercados, los teatros y hasta los murales que aparecen en sus paredes hablan de una ciudad que ha cambiado con los años, pero que todavía conserva buena parte de su memoria en los lugares donde transcurre la vida cotidiana.
Con esa mirada nació Tramas del territorio: rutas de memoria viva del centro de Bucaramanga, una iniciativa que reunió a estudiantes, jóvenes y adultos alrededor de cinco recorridos culturales para conocer la ciudad desde su arquitectura, sus oficios, sus expresiones artísticas y las historias de quienes han construido su identidad.
La propuesta combinó caminatas, narraciones escénicas y actividades creativas que permitieron acercarse al patrimonio de una manera participativa. A través de estas experiencias, los asistentes pudieron reconocer lugares conocidos desde otras perspectivas y descubrir las historias que se esconden detrás de espacios por los que muchas veces pasan sin detenerse.

“Tramas del territorio, rutas de memoria viva del centro de Bucaramanga, es un proyecto que invita a descubrir el centro de Bucaramanga como un territorio vivo, construido por sus historias, sus oficios, sus expresiones artísticas, la memoria de quienes lo habitan”, explicó Raquel Vargas, al referirse al propósito de la iniciativa.
De acuerdo con Vargas, uno de los intereses del proyecto era lograr que las personas desarrollaran una relación más cercana con la historia local, especialmente a partir de experiencias que les permitieran participar en la construcción de nuevas miradas sobre la ciudad.
“Con este proyecto buscábamos, a través de recorridos, narraciones escénicas, actividades creativas, hacer que las personas no sean solo espectadoras, sino que participen y se apropien de la historia de nuestra ciudad”, afirmó.

Descubrir las historias del centro
El recorrido comenzó por el Paseo España, uno de los sectores donde todavía es posible reconocer parte de la arquitectura tradicional de Bucaramanga. Allí, los participantes conversaron sobre las transformaciones urbanas de la capital santandereana y sobre la manera como sus edificios, calles y espacios públicos han cambiado a medida que la ciudad ha crecido.
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A partir de esta primera experiencia, la propuesta continuó por el corredor cultural de la calle 19, que permitió acercarse a escenarios como el Teatro Santander, el Banco de la República y la Cámara de Comercio. Estos lugares sirvieron como punto de partida para hablar de la historia artística de Bucaramanga y de los espacios que han acompañado su desarrollo cultural.
La tercera ruta estuvo dedicada a la vida cívica e institucional y llevó a los asistentes por lugares como la Gobernación de Santander, la Alcaldía de Bucaramanga y la Casa del Libro Total. Durante el trayecto se abordaron aspectos de la historia política de la ciudad, la participación ciudadana y el papel que han tenido algunas instituciones en la construcción de la vida pública local.

Luego llegó el turno de los mercados y las calles comerciales, donde la memoria aparece en los oficios que han pasado de una generación a otra, en las preparaciones tradicionales y en las historias de quienes han encontrado en el comercio una forma de vida.
Esta cuarta ruta permitió reconocer la importancia de las plazas de mercado y de los sectores comerciales dentro de la identidad bumanguesa, pues en estos espacios se mezclan la gastronomía, las costumbres y las relaciones cotidianas que mantienen activo el corazón de la ciudad.
Finalmente, el quinto recorrido estuvo dedicado al arte urbano, los murales y los colores que han transformado algunas calles del centro. A través de estas expresiones, los participantes exploraron las maneras como los artistas representan las identidades de los barrios y cuentan historias relacionadas con sus habitantes.

En conjunto, las cinco rutas ofrecieron distintas formas de acercarse al pasado y al presente de Bucaramanga, conectando los espacios patrimoniales con las manifestaciones culturales que siguen apareciendo en sus calles.
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La participación de instituciones educativas fue uno de los componentes de Tramas del territorio, que abrió sus actividades a estudiantes, jóvenes, adultos y personas interesadas en conocer la historia de Bucaramanga desde sus propios espacios urbanos.
Según Raquel Vargas, la respuesta de los asistentes permitió reunir a distintas generaciones alrededor de recorridos que relacionaban el conocimiento de la ciudad con experiencias artísticas y creativas.
“Tuvimos una gran aceptación, tuvimos participación de jóvenes, adultos, estudiantes de instituciones públicas”, manifestó Vargas al hacer un balance del proyecto.

Durante el desarrollo de las actividades también surgieron algunos contratiempos que obligaron a modificar parte de la programación. Uno de ellos estuvo relacionado con la realización de un mural que inicialmente se había previsto en otro espacio del centro, pero que finalmente tuvo que trasladarse al INEM debido a inconvenientes presentados en el lugar escogido.
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El cambio permitió sacar adelante la intervención artística en la institución educativa y mantener una de las actividades con las que el proyecto buscaba compartir sus reflexiones sobre la memoria, el territorio y la identidad.
La experiencia también puso de manifiesto el papel que pueden tener las expresiones artísticas en los procesos de participación comunitaria, especialmente cuando involucran a estudiantes y habitantes que encuentran en estas actividades una oportunidad para relacionarse con su entorno.

La historia de Bucaramanga
Uno de los propósitos de Tramas del territorio fue aportar al turismo cultural de Bucaramanga mediante recorridos que invitaran a conocer su centro desde las historias que permanecen en los edificios, las calles y los espacios de encuentro.
Esta mirada permitió reunir elementos que habitualmente se observan por separado, como la arquitectura, el comercio, la gastronomía y las manifestaciones artísticas, para mostrar cómo todos ellos forman parte de la identidad de una ciudad que continúa transformándose.
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En ese proceso, Raquel Vargas destacó que las actividades dejaron aprendizajes relacionados con la participación ciudadana y con las posibilidades del arte para acercar a personas de distintas edades a la memoria de Bucaramanga.
“Todo el proyecto, toda esta experiencia, las cinco rutas vividas, los retos experimentados, nos permitieron recordar que el arte puede conectar generaciones, fortalecer el sentido de pertenencia, abrir nuevas maneras de conocer Bucaramanga”, expresó.
Precisamente, uno de los aportes de estos recorridos estuvo en recuperar la atención sobre aquellos lugares que forman parte de la rutina de miles de bumangueses y que, al mismo tiempo, conservan relatos relacionados con el crecimiento urbano, las tradiciones comerciales y la vida cultural de la capital santandereana.
Para Vargas, esa relación entre memoria y territorio también abre posibilidades para que habitantes y visitantes descubran otras maneras de recorrer el centro, teniendo en cuenta las experiencias de las comunidades que han dado forma a sus calles y espacios públicos.
“Lo que quisimos con Tramas del territorio fue aportar al turismo cultural, ayudar a que la memoria viva de la ciudad se reconozca, se comparta y, por supuesto, se siga tejiendo en comunidad”, concluyó Vargas.
Con el desarrollo de las cinco rutas y las actividades artísticas que acompañaron el proyecto, Tramas del territorio reunió diferentes miradas sobre el centro de Bucaramanga y permitió reconocer las historias que continúan presentes en sus espacios más cotidianos. Una experiencia que deja abierta la posibilidad de seguir explorando la ciudad a través de sus habitantes, sus expresiones culturales y las memorias que se transmiten de una generación a otra.













