Espiritualidad
Martes 04 de octubre de 2016 - 12:01 AM

Mesura al hablar

No nos corresponde señalar a nadie. Solo debemos preocuparnos por corregir nuestros propios errores. Si nos superamos en el orden personal, ganaremos sinceridad, respeto, humildad, generosidad y honradez. Lo mejor es que podremos alcanzar un mayor nivel de bienestar emocional.

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Publicado por: EUCLIDES KILÔ ARDILA

Deberíamos conectar el cerebro con la lengua antes de hablar. De esta forma no pronunciaríamos tantas críticas destructivas ni diríamos insulto alguno.

Lo digo porque a veces no medimos el alcance de nuestras palabras. Suele suceder que hablamos sin cerciorarnos de lo que estamos diciendo y, por ende, cometemos errores a viva voz.

‘Decir por decir’, en muchos casos, nos está llevando a un vacío de ideas o a transmitir contenidos frívolos que poco o nada ayudan a la reflexión. Las redes sociales, de manera desafortunada, han servido para esos fines.

La ignorancia de la lengua y su imprudencia, sobre todo en estos tiempos, son dos de las nocivas causas que generan injusticias y que permiten la materialización de actos negligentes. ¡Y eso que no hablamos de las groserías que se suelen escuchar por ahí!

En lugar de obsesionarnos con la idea de hablar a toda hora, emitiendo conceptos destructivos, deberíamos dedicar más tiempo para procurar ser mejores personas.

Hay que hablar con serenidad, tranquilidad y seriedad. Solo así podríamos ponernos en los zapatos de los demás y entender las razones que los motivan a actuar de determinada forma.

Este es un buen ejercicio para todo el mundo, pero de manera especial para los que tienen el don de la palabra. Por eso este es un recordatorio verdaderamente serio para nosotros los periodistas, quienes tenemos la fastidiosa costumbre de opinar ‘sin ton ni son’.

Además, no somos consecuentes con lo que decimos y hacemos. En ciertas ocasiones, a la hora de hablar no aplicamos el sentido común y nos perdemos en nuestros propios argumentos.

Nuestra lengua suele correr más que nuestro pensamiento. Y es una pena que eso pase, pues el cerebro es un órgano maravilloso que, si bien necesita tiempo para la reflexión, es demasiado útil para encontrar las palabras precisas a la hora de mencionar algo con respeto.

Este también es un ‘tirón de orejas’ para esos entrometidos que encontramos en nuestro camino.

Hablo de esos sujetos que se la pasan ‘arreglando’ con sus ‘consejos’ la vida de los demás, cuando ni siquiera tienen resultas las suyas.

En la calle y en la oficina escuchamos a personas sin ningún tipo de criterio que emiten sus opiniones sobre cualquier circunstancia, aunque nadie se las haya pedido.

Total: sus palabras terminan traducidas en menosprecio y en un inusitado disfrute con las preocupaciones ajenas.

Las expresiones y actitudes de quienes ‘hablan por hablar’ desgastan de tal manera, que arruinan el estado de ánimo de la gente que los escucha.

También deberíamos hacerle una especie de ‘auditoría al carácter’, para no cometer tonterías ni tener comportamientos que no sean de una persona culta y bien educada.

Una última recomendación: Es preciso tener en cuenta que nuestra sonrisa no puede ser forzada, para que no se vea como una mueca.

Si hablar es la oportunidad que tenemos para expresarles nuestra tesis a los demás, el sonreír también es una señal de aprecio que, además, invita a la tolerancia.

CONSEJO DEL DÍA

Usted puede tener una mañana brillante si se mentaliza para ello, pero sobre todo si trabaja para lograrlo. La oportunidad vendrá a buscarlo, pero solo si está preparado para abrirle la puerta. Si tocan a su portón, no olvide que debe estar presto para atender al que llega.

Hoy día muchas personas están enfermas de los nervios, porque no aceptan su situación tal cual es. Así como el agua se adapta a la vasija donde la echan, así es necesario que nosotros nos adaptemos a la situación que nos ha correspondido vivir.

Publicado por: EUCLIDES KILÔ ARDILA

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