No es recomendable callar cada cosa que nos incomoda, solo por mantener una falsa ilusión de armonía con quienes nos rodean. No se trata de atropellar ni de insultar a nadie, es solo cuestión de decir lo que sentimos.

¿Por qué será que cuando alguien deja de actuar como los demás esperan, lo critican por supuestamente haber cambiado? Tal vez la respuesta radique en la comodidad. Muchas personas valoran la estabilidad, la previsibilidad y la certeza de saber qué esperar de los demás. Por eso, cuando alguien decide ser sincero, deja de encajar en el molde en el que otros lo habían colocado. Y eso, para algunos, resulta incómodo.
Lamentablemente, la falsedad se ha vuelto tan común que quien dice la verdad suele ser señalado como el “malo del paseo”. Tanto es así que, al expresar lo que realmente se piensa, es frecuente ganarse más de un enemigo.
Las redes sociales, desafortunadamente, se han convertido en poderosos amplificadores de la mentira. Con cada reel, video o publicación se ocultan distintas caras de la realidad. Pocos se atreven a decir lo que piensan de frente.
Hay que admitirlo: aunque la verdad suene transparente, no todos están preparados para escucharla y, peor aún, muchos no la ven con buenos ojos. Decir la verdad, en ocasiones, se interpreta como una traición: “Usted ha cambiado”, dicen, como si eso fuera un problema.
También es cierto que, al ser sinceros, sin proponérselo, se evidencian las susceptibilidades. Es cierto: la verdad ‘toca callos’ y saca a la luz aquello que algunos prefieren ignorar.

A veces, aparentar no es más que una errada estrategia de control. Cuando alguien está acostumbrado a cierto trato o a un rol específico en la vida de otro, la crudeza de la verdad puede desestabilizarlo. Y cuando algo se sale del libreto, la primera reacción suele ser intentar devolverlo a su sitio.
No se puede vivir para agradar a todos, porque eso sería como portar un antifaz. La verdadera paz llega cuando se comprende que no es necesaria la aprobación de todo el mundo.
Si bien no siempre es fácil decir lo que se piensa, es necesario hacerlo. La sinceridad no solo permite actuar con coherencia respecto a lo que se cree y se siente, sino que también proyecta una imagen más auténtica.
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Por supuesto, decir la verdad no es una excusa para herir a los demás o imponerse sobre ellos. ¡La grosería no cabe en ninguna circunstancia! Las cosas deben expresarse tal y como ellas son, pero siempre con respeto y consideración.
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Hacerle saber a alguien, con amabilidad, que su comportamiento resulta molesto o afecta la convivencia puede generar rechazo o críticas por parte de terceros. Sin embargo, no se debe vivir con miedo al rechazo o a la mala interpretación.
Por el bienestar común, lo mejor es atreverse a expresar lo que fastidia, siempre con respeto e inteligencia emocional. De este modo, es posible mejorar las relaciones y fomentar un ambiente armonioso para ambas partes y en medio de la cotidianidad.
Lo importante es mostrarse con la mayor sinceridad, respetándose a uno mismo y a los demás. Habrá quienes prefieran ser ‘diplomáticos’ y evitar conflictos. ¡Eso es respetable! Sin embargo, tarde o temprano, la verdad de las cosas termina por salir a flote.
Quizá la lección más valiosa sea que nadie debería sentirse culpable por decir lo que piensa. Que critiquen si quieren; al final, la voz interior siempre será más importante que cualquier opinión externa. ¡Le envío una buena vibra!
La consulta del día

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. Veamos el caso de hoy:
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Testimonio: “Durante los últimos dos años, he sentido un desánimo extraño; tal vez es por las preocupaciones y las angustias que me asaltan. Hoy ni tengo ganas de levantarme y siempre me repito que nada vale la pena. ¿Qué puedo hacer para volver a creer? Agradecería su consejo”.
Respuesta: Antes que nada, es fundamental que se cuestione sinceramente sobre qué lo ha desmotivado. Realice una autoevaluación que le permita comprender lo sucedido, ya que solo así podrá iniciar el proceso de recuperación. Reflexione sobre cómo puede mejorar y seguir adelante.
Le urge fortalecer una actitud de confianza mental. Cuando su voz interior le diga: “No puedo” o “No soy capaz”, reentrene su mente para responder: “Sí puedo” y “Soy capaz”.
El desaliento genera más desánimo. Es un círculo vicioso que atrapa a quien se deja arrastrar por él. No puede seguir así, pues agravará su panorama. Si sus fuerzas se extinguen, ¿con qué herramientas enfrentará el día de hoy?
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Despréndase de las dudas sobre sí mismo. No es menos que nadie y tiene el derecho y el deber de crecer. Es momento de volver a creer en usted. La confianza es un recurso renovable que, al cultivarse, fortalece el espíritu. Aferrarse a la desesperanza solo prolonga el sufrimiento.
Nunca es tarde para enderezar la espalda y caminar con determinación. Mientras haya vida, existe la oportunidad de liberarse de la carga emocional que lo afecta.
Soltar aquello que intoxica el alma es un acto de valentía. Con fe, voluntad y esperanza, es posible transformar la angustia en aprendizaje.
Reflexiones cortas

No es el color de la piel, la religión, la cuenta bancaria, los apellidos ni la vestimenta lo que define a una persona. Lo que realmente habla de cada quien es su conducta. Actuar con rectitud, respetar las normas y obrar siempre de buena fe es la mejor carta de presentación.
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Lo bueno nunca es fácil y lo fácil nunca es bueno. Esta es una gran verdad, aunque a veces intentemos evitar los procesos. Es cierto que, en ocasiones, las cosas buenas llegan de manera inesperada, pero no hay que olvidar que el éxito rara vez es cuestión de suerte; más bien, es el resultado del esfuerzo y la perseverancia.

El tiempo de Dios es perfecto y sus promesas son verdaderas. Todo lo que proviene del Creador llega en el momento adecuado y de la mejor manera. Esta reflexión invita a confiar en lo que vendrá, a creer en lo que no se ve y a mantener la esperanza, incluso en tiempos de incertidumbre.


















