La capacidad de enfrentar los problemas y superarlos es clave para mantener su esencia. Acepte lo que vive, tome decisiones y siga adelante con dignidad.

Cuando usted se siente mal, en cierta forma suele creer que lo más fácil es guardar silencio y encerrarse en sí mismo. ¡Y lo comprendo! Protegerse y no mostrar lo que pasa por dentro, sea como sea, le permite sobrellevar la pena. Sin embargo, es precisamente en esos momentos cuando más conviene sacar a flote la fuerza interior, esa que no siempre se ve, pero que se siente en cada decisión tomada.
¿De qué hablo?

De estar dispuesto a enfrentar la realidad con la mayor dignidad posible. No niego que hacer una introspección sea bueno; de hecho, en esta sección me la paso aconsejándole que lo haga. Es obvio que realizar un viaje silencioso hacia el interior es útil para ver las cosas desde una perspectiva íntima; lo malo es que, si ese viaje se prolonga demasiado usted termina aislado de la realidad.
Lo que fortalece no es fingir que ‘todo está bien’, sino dar un paso adelante, aceptar lo que duele y usarlo como motor para salir del atascamiento y renacer.

Mi consejo de este domingo no es nada raro ni del otro mundo: lo que pretendo es que fluya, se adapte y encuentre calma. De ahora en adelante, cuando tenga un día difícil, recuerde que la libertad está en sus manos y tiene el poder de pasar la página.
No permita que el estrés, la ansiedad, la presión ajena o las expectativas externas dicten el rumbo de sus decisiones.

La vida no siempre es sencilla, pero ella siempre le ofrece la oportunidad de renacer en cada día, incluso desde los momentos más oscuros. No se quede atrapado en lo ‘malo’ que le pasa.

Déjese llevar por la intuición, esa voz interior que muchas veces se acalla por miedo o inseguridad. Ojo: escuchar esa voz no significa actuar sin pensar, sino confiar en la experiencia, en las lecciones aprendidas y en la sensibilidad para percibir lo que realmente conviene.
Y en esto también cuentan mucho la fe y la perseverancia. Dios premia a quien persiste y confía en lo que siente y cree, incluso cuando parece que la fuerza flaquea. Sea constante y al mismo tiempo paciente; tenga claro que toda dificultad trae consigo una enseñanza.
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Inquietud del día

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Me acostumbré a no demostrar mis emociones para que la gente no sepa que no soy fuerte y me respete. Si bien he cumplido bien ese rol, a veces, en mi intimidad, me siento mal porque me la paso postergando lo que realmente quiero ser y hacer. Me gustaría que me ofreciera algún tipo de consejo. Gracias”.
Respuesta: La verdadera fortaleza no está en aparentar que nada le afecta, sino en tener el valor de reconocer cuando algo le duele o le preocupe.
Ese empeño en mostrar una fortaleza que no tiene solo le sirve para acumular tensiones que, a la hora del té, le pasarán la factura. Cada momento que deja pasar por miedo a parecer débil es un granito de arena que, poco a poco, se convertirá en una bola inmensa que lo aplastará.
Es un error pensar que mostrarse vulnerable le resta respeto. Al contrario, quienes lo rodean lo percibirán como una persona auténtica cuando comparta su lado más humano. Esa apertura crea vínculos sólidos, inspira confianza y fomenta relaciones basadas en la sinceridad, no en la fachada.
En vez de ocultar lo que siente, permítase ser transparente: no para obtener compasión, sino para vivir en coherencia con lo que realmente es.
Por otro lado, postergar lo que le hace feliz por temor a la mirada ajena es negarse la posibilidad de encontrar la esencia misma de su propósito. La vida no se aplaza, y el bienestar no se alcanza desde la negación de uno mismo.
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Al aceptarse con sus ‘pro’ y sus ‘contra’, con su fuerza y su fragilidad, descubrirá que la verdadera fortaleza es la que se construye desde la honestidad emocional, y no desde la careta de dureza que, tarde o temprano, se resquebrajará.
Breves de hoy

Tómese un tiempo y descubra esas potencialidades que, por causa de sus angustias, no ha podido desarrollar plenamente. Y si la vida le presenta cambios inesperados en sus planes, en lugar de ver esos imprevistos como ‘desgracias’ que interfieren en su camino, mírelos como razones válidas para no dejarse hundir en el abandono.

Mire el futuro con optimismo y proyéctese hacia adelante, con la certeza de que Dios lo guiará y le permitirá llegar al lugar en el que debe estar.

Agradezca cada amanecer, cada suspiro, cada instante, cada situación, cada presencia de papá, cada persona que llega a su vida, cada detalle, cada abrazo, cada conquista, cada trabajo y cada amor. ¿Por qué se lo digo? Porque nada ni nadie es para siempre, y lo que hoy le acompaña mañana podrá ser solo un recuerdo.
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