Muchos viven peleando sin ton ni son, y eso desgasta el alma profundamente cada día.

Soy de quienes prefieren reír por cosas triviales antes que enfrascarse en peleas por tonterías. Puede sonar como una afirmación frívola, incluso ridícula, pero cobra pleno sentido cuando se observa alrededor a tantas personas atrapadas en la intolerancia.
Basta con salir a la calle, subirse a un bus o compartir un espacio de trabajo para darse cuenta de que muchas personas viven en una batalla permanente. Es como si todo el tiempo estuvieran enojadas.

Hablo de hombres y mujeres que discuten por asuntos mínimos, reaccionan con dureza y responden con impaciencia. Y, si se es sincero, muchos caen en eso. A veces basta una palabra mal dicha, un retraso inesperado o cualquier error para que el mal genio entre en ebullición. Se pierde la calma cuando algo no sale como se esperaba.

El estrés, la amargura, los problemas económicos y el aburrimiento se acumulan como una presión silenciosa dentro del alma.

¿Qué nos pasa? ¡Falta dominio propio!
Dicen que una de las características de quienes tienen dominio de sí mismos es que no se dejan vencer por los malos ratos. No es que no sufran o que no sientan frustración, sino que han aprendido a no entregar su paz a cualquier circunstancia. Han comprendido que perder la calma es, en el fondo, perderse a sí mismos por un instante.
Cuando algo no sale bien, es común ver cómo salen a flote los insultos, los reclamos, los regaños e incluso las amenazas.
Muchas personas caminan por la vida cargando heridas invisibles, decepciones no sanadas y cansancios no confesados. Van acumulando tanta basura en el alma que, tarde o temprano, necesitan vaciar toda esa suciedad en algún lugar. Y, si no se está atento, pueden intentar descargarla sobre los demás, arrojar su agua sucia como si la vida ajena fuera un recipiente disponible.
La vida no fue creada para ser una escuela de gladiadores, donde cada encuentro es un combate y cada palabra, un arma. La vida es, o debería ser, un espacio de aprendizaje y de encuentro. No se está aquí para herir ni para defenderse todo el tiempo, sino para comprender y recordar que la paz es una elección que nace desde adentro.
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Porque, al final, cada día ofrece la misma pregunta: ¿se va a reaccionar como el mundo espera o se va a responder desde la calma que el alma necesita? ¡Ahí queda esa tarea!
Pregunta del día

- Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en estos tiempos. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

- Testimonio: “Yo hago todo lo posible por salir adelante y pese a ello nada me resulta como quiero. Es como si yo no tuviera valor para nada. ¿Será que Dios no escucha mis súplicas y por eso me abandona? Me gustaría mucho que me ofreciera algún consejo”.
Respuesta: Hay etapas en la vida en las que el esfuerzo parece no dar fruto inmediato, pero eso no significa que sea inútil. El valor de una persona no se mide por la rapidez de sus logros, sino por su capacidad de mantenerse en pie cuando las circunstancias no son favorables.
No interprete las dificultades como una señal de que Dios ‘no lo quiere’. Por el contrario, el dolor, la espera y la incertidumbre han sido parte del camino de muchos hombres que luego descubrieron su propósito. Dios no actúa desde el rechazo, sino desde la sabiduría, aunque usted no siempre comprenda los tiempos de Él. A veces, lo que se niega hoy evita un daño mañana, o prepara el corazón para recibir algo mejor y más duradero.
El desánimo puede nublar la mirada y hacerle creer que todo está perdido, cuando en realidad aún hay caminos por recorrer. No permita que la frustración lo lleve a perder la fe en sí mismo. Cada pequeño paso, incluso cada caída, forma parte de un proceso que lo está moldeando.
Siga obrando con rectitud, cuide su espíritu y no permita que la amargura eche raíces en su corazón. Aun en medio de la oscuridad, la luz sigue existiendo, aunque no siempre se vea. Y muchas veces, cuando todo parece perdido, es precisamente cuando comienza el verdadero renacer.
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Breves reflexiones

- Cada día es una nueva oportunidad. En lugar de quejarse, busque soluciones, aprenda de los errores y actúe con esperanza. Las pequeñas decisiones positivas transforman el ánimo, fortalecen el carácter y abren caminos.

- Entrene la mente para ver posibilidades donde hay obstáculos. Agradezca lo que tiene, aprenda de las dificultades y déjese guiar por su intuición. Si es optimista, transformará sus emociones, sus decisiones y su manera de vivir.

- Dios brinda esperanza cuando todo parece incierto, fortalece el corazón, orienta las decisiones y concede paz. La fe en Él le permite confiar en un propósito superior. Recuerde: usted nunca está solo, pues Jesús siempre lo acompaña.

- La disciplina ordena la mente, fortalece la voluntad y permite avanzar con firmeza. Quien es constante construye confianza, supera obstáculos y convierte los pequeños esfuerzos diarios en grandes resultados.














