Desde una finca en Pinchote, Santander, nace Oh La La, un café que combina selección de frutos, fermentación controlada y secado al sol.

Publicado por: John Arias
En una taza de café hay mucho más que aroma y sabor. También están las condiciones de la tierra, el cuidado de los cultivos, el tiempo de espera y las decisiones que se toman desde la siembra hasta el momento en que el grano llega al consumidor. En la finca Buenos Aires, en Pinchote, Santander, ese proceso es el que da vida a Oh La La, un emprendimiento familiar que busca abrirse camino en el mercado del café.
Nilson Durán Durán es quien lleva esa historia de municipio en municipio. En su maleta transporta bolsas de café recién molido que ofrece a nuevos clientes, mientras recorre las carreteras de Santander con la ilusión de hacer crecer su marca. Su propósito es que más personas conozcan un producto que nace en su tierra y que, además de representar una apuesta familiar, se ha convertido en una oportunidad para construir un nuevo proyecto de vida. “Este café, que es orgánico, sabe a segundas oportunidades, sabe a nuestra tierra, sabe a familia”, cuenta Nilson. Lea también: Santander viajará a Cafés de Colombia Expo 2026: hay 16 cupos para caficultores

Un café que comienza en la selección del fruto
La calidad de Oh La La empieza en la cosecha. Según explica su productor, se seleccionan los mejores frutos y se realiza un análisis sensorial para evaluar características como el sabor, el olor, el aroma, la acidez, el cuerpo y el dulzor.
En la cosecha de 2025, el café obtuvo una calificación de 84,6 sobre 100, un resultado que, de acuerdo con Nilson, le permite mantener una buena calidad para competir en el mercado.
A este proceso se suma un manejo de fermentación que oscila entre las 14 y las 18 horas, seguido de un secado tradicional al sol, en patio. Son etapas que forman parte del trabajo con el grano y que anteceden a la tostión y la comercialización, ya sea en presentación de café tostado en grano o molido, según las necesidades de cada cliente.
El recorrido comienza mucho antes. Primero se selecciona la semilla o variedad que se va a sembrar y se prepara el germinador, donde permanece alrededor de 70 días. Después, las plántulas pasan a bolsas durante unos 80 días antes de ser trasladadas al terreno definitivo. Allí reciben labores de control de arvenses y fertilización, mientras el cultivo avanza hacia su primera cosecha, que llega aproximadamente dos años después y suele ser de menor volumen.
Luego viene la maduración de los frutos, la recolección, el beneficio y el secado. Finalmente, el café pasa por la tostión y queda listo para llegar a quienes disfrutan esta bebida.
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El territorio también se siente en la taza
La finca Buenos Aires está ubicada a 1.572 metros sobre el nivel del mar, una altura que Nilson considera favorable para el cultivo. Sin embargo, las condiciones del terreno requieren atención constante: la fertilización debe ajustarse a los análisis de suelo, es importante mantener árboles nativos que proporcionen sombra y las lluvias deben ser equilibradas.
A estos cuidados se suman dificultades que acompañan a los productores, como enfermedades que afectan los frutos y los árboles, entre ellas la roya y la cochinilla. Los costos de los abonos orgánicos y los fertilizantes, la competencia comercial y los gastos relacionados con la legalización de la marca también hacen parte de los retos que enfrenta el emprendimiento.
Para Nilson, producir café implica aprender continuamente y buscar maneras de mejorar tanto la calidad como los procesos. No se trata solamente de cosechar y vender, sino de sostener un producto que pueda encontrar su lugar entre las distintas propuestas cafeteras.
Un sueño que viaja por Santander
El nombre Oh La La surgió hace aproximadamente dos años y medio, durante una conversación entre Nilson y su hija. La expresión terminó por representar la sorpresa ante los cambios que vivían como familia y las nuevas posibilidades que empezaban a aparecer.
Expolicía y compareciente ante la justicia, Nilson encontró en este emprendimiento una manera de mirar hacia el futuro. En ese camino, destaca el acompañamiento de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), cuyos espacios de formación y participación en ferias le han permitido dar a conocer su producto y fortalecer su iniciativa.
“Estoy muy agradecido con la ARN porque me ha ayudado a mostrar mi sueño. Antes era una idea y ahora puedo verlo como un proyecto real”, expresa.
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Hoy, Oh La La continúa buscando clientes y oportunidades para crecer. La meta más cercana de Nilson es tener un local propio donde pueda comercializar su café; después espera ampliar su presencia en Santander, llegar a otros mercados nacionales y, con trabajo y preparación, alcanzar compradores internacionales.
Mientras ese lugar se hace realidad, seguirá recorriendo las carreteras del departamento con su maleta llena de café. En cada bolsa lleva el resultado de un proceso que comienza en la tierra de Pinchote y la esperanza de que más personas descubran el sabor de un producto santandereano.













