Las Santandereanas
Martes 04 de marzo de 2025 - 08:00 AM

Ligia María del Carmen García León: el arte de servir en Santander

Ligia María del Carmen García León, nominada al Premio Cafam a la Mujer 2025, ha hecho del servicio su vocación y de la cultura su herramienta de transformación en Santander.

Ligia María del Carmen García León: el arte de servir en Santander
Ligia María del Carmen García León: el arte de servir en Santander

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

Algunos corazones laten con la fuerza de la generosidad, con el ritmo incansable del servicio. En Santander, uno de esos corazones pertenece a Ligia María del Carmen García León, una mujer que ha consagrado su vida a transformar comunidades a través de la cultura, la educación y la solidaridad. Abogada de profesión, gestora cultural de vocación y trabajadora incansable por convicción, Ligia es la muestra viva de que la entrega desinteresada puede cambiar destinos. Lea también: Silvia Pinto Frattali: la voz que transforma el liderazgo empresarial en Santander

Cada historia de servicio tiene un origen, una chispa que enciende el fuego de la entrega. Para Ligia, esa chispa fue la ausencia de afecto en su infancia. Separada de su madre desde pequeña, creció en un entorno donde el amor no era una certeza, sino un anhelo. “Pudimos habernos perdido en la tristeza, en la desesperanza”, cuenta con la serenidad de quien ha vencido sus sombras. “Pero yo elegí ayudar, servir, estar presente donde me necesitaran”.

A los quince años se consagró en la Legión de María, rodeada de mujeres mayores que la acogieron y la guiaron en el camino de la fe y el servicio. Ahí encontró refugio y sentido. Desde entonces, no hubo causa noble en la que no se involucrara. En su juventud, mientras estudiaba derecho, también enseñaba a mujeres de su comunidad, compartía sus conocimientos de costura y belleza, organizaba grupos de danzas, rescataba espacios públicos y ofrecía una mano amiga a quien lo necesitara.

Ligia María del Carmen García León: el arte de servir en Santander
Ligia María del Carmen García León: el arte de servir en Santander

El arte como herramienta de cambio

Pero si hay un sello que distingue a Ligia es su amor por la cultura. Fundadora del Ballet Folclórico Suaty, ha convertido la danza en un puente de oportunidades para cientos de jóvenes. “Bailar bonito a la vida”, como ella misma dice, es una filosofía de resistencia y esperanza. Suaty no solo es un grupo de danzas, sino un hogar donde los niños y adolescentes encuentran disciplina, identidad y propósito. “Sacamos a los jóvenes del sendentarismo para llevarlos al escenario”, afirma con orgullo. A lo largo de los años, ha formado generaciones de bailarines que hoy llevan la tradición colombiana a distintos rincones del mundo.

Mantener en pie este proyecto ha sido un desafío constante. Sin apoyos institucionales suficientes, ha tenido que recurrir a rifas, presentaciones y hasta a su propio bolsillo para financiar vestuarios y viajes. “Hemos salido del país siete veces y en Colombia llevamos el folclor desde la Guajira hasta el Amazonas”, dice con la certeza de que el arte es un lenguaje universal que une y transforma.

Liderazgo en la comunidad

La entrega de Ligia no se ha limitado a la cultura. Como miembro del Club Rotario de San Gil, ha impulsado iniciativas humanitarias para niños y familias en situación de vulnerabilidad. Su labor la hizo merecedora del reconocimiento de Caja Santander, que la postuló al premio Mujer Cajasan 2024, una distinción que luego la llevaría a representar a Santander en el Premio Cafam a la Mujer 2025.

Pero más allá de los reconocimientos, lo que realmente la mueve es la posibilidad de dejar huella en quienes la rodean. “No trabajo para recibir premios, sino para que la comunidad reciba mi aporte, mi calor humano, mi mano amiga”, asegura. Su casa sigue siendo un punto de encuentro para quienes buscan consuelo, guía o simplemente un poco de esperanza. Lea también: María José Uribe: el swing de los grandes sueños: El legado de la golfista en el deporte

El legado de una vida

Hoy, ya pensionada, Ligia sigue siendo dueña de su tiempo, pero también sigue orientando los sueños de muchos. Sigue diseñando trajes, preparando reinas, acompañando a quienes la necesitan. Su historia es la prueba de que el amor al prójimo es una fuerza que puede mover montañas, cambiar destinos, construir comunidades.

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“Quiero dejar una huella de persistencia y lucha”, dice con la voz firme de quien ha recorrido un largo camino y no se detiene. “Que cuando yo falte, queden cientos, miles de líderes que continúen con este legado”.

En Ligia María el servicio es un arte, una danza que nunca se detiene, un latido inagotable de entrega y amor por la vida.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

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