El majestuoso ballet “La Bella Durmiente”, interpretado por el Ballet de la Ópera de París y coreografiado por Rudolf Nureyev, se proyectará en exclusiva en el Cine Cacique de Bucaramanga los días 30 y 31 de agosto.

Publicado por: Redacción Cultural
El Ballet de la Ópera de París, una de las compañías más prestigiosas del mundo, llega a Bucaramanga con una versión inolvidable de La Bella Durmiente, bajo la dirección coreográfica del legendario Rudolf Nureyev y la partitura original de Piotr Ilich Tchaikovsky. Esta presentación, grabada en vivo desde la Ópera Bastille, se proyectará exclusivamente los días 30 y 31 de agosto en el Multiplex Cacique de Cine Colombia.
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La producción, considerada una obra maestra del repertorio clásico, combina la elegancia técnica del ballet tradicional con una puesta en escena cargada de lirismo y sofisticación. La función está protagonizada por Bleuenn Battistoni como la princesa Aurora y Guillaume Diop, estrella ascendente de la danza internacional, como el príncipe.
La Bella Durmiente es una de las piezas más emblemáticas del ballet romántico, inspirada en el cuento de Charles Perrault. Nureyev, fiel a la coreografía de Marius Petipa, incorporó una narrativa más densa y una exigencia dramática que ha elevado esta obra al nivel de leyenda dentro del repertorio de la Ópera de París.
La función proyectada corresponde a una presentación reciente, realizada el 10 de abril de 2025, y ofrece a los espectadores de Bucaramanga la posibilidad de disfrutar en pantalla grande una experiencia escénica única, que fusiona música, danza y fantasía con el más alto nivel técnico.
La Bella Durmiente: del esplendor imperial al legado de Nureyev
La Bella Durmiente (La Belle au bois dormant) tiene sus raíces en el cuento homónimo de Charles Perrault (1697) y en versiones posteriores recopiladas por los hermanos Grimm. Su adaptación al ballet fue concebida en el corazón del Imperio Ruso, por encargo del zar Alejandro III, en un momento de apogeo del ballet clásico como emblema cultural del régimen imperial.
La partitura fue compuesta entre 1888 y 1889 por Piotr Ilich Tchaikovsky, siendo su segundo ballet tras El lago de los cisnes (1877). La coreografía estuvo a cargo del maestro Marius Petipa, director del Teatro Mariinsky de San Petersburgo, quien elaboró un detallado libreto coreográfico en estrecha colaboración con el compositor.
El estreno mundial tuvo lugar el 15 de enero de 1890 en el Mariinsky, con Carlotta Brianza en el papel de la princesa Aurora y Pavel Gerdt como el príncipe Désiré. Aquella función fundacional sentó las bases de un ballet que, más de un siglo después, sigue brillando como paradigma del clasicismo.
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Considerado el arquetipo del ballet clásico académico, La Bella Durmiente destaca por su estructura perfecta, el refinamiento musical y la exigente precisión coreográfica. Compuesto por un prólogo y tres actos, su desarrollo escénico incluye momentos emblemáticos como: El Adagio de la Rosa (acto I), donde Aurora baila con cuatro pretendientes en una variación de gran lirismo y dificultad técnica y El Pas de deux del Casamiento (acto III), pieza central del repertorio clásico, interpretada tradicionalmente por bailarines principales en galas y funciones de gala.
La obra equilibra el virtuosismo técnico con una dramaturgia simbólica, donde las hadas encarnan las fuerzas del bien y del mal. A través de su estética refinada, el ballet eleva la danza a una dimensión mitopoética, construyendo un universo onírico que trasciende su origen literario.
Aunque el estreno fue recibido con entusiasmo moderado en la Rusia imperial, con el tiempo se consolidó como una obra de referencia. Tras la muerte de Tchaikovsky en 1893, la crítica comenzó a valorar la partitura como una de sus grandes obras sinfónicas, con un desarrollo melódico y orquestal que amplifica el dramatismo de la escena.
Durante el siglo XX, compañías como el Royal Ballet, el Bolshói, el American Ballet Theatre y la Ópera de París adoptaron y reinterpretaron la obra, elevándola al rango de pieza obligatoria dentro del repertorio clásico universal.
En 1961, el joven Rudolf Nureyev deslumbró al público parisino con su interpretación del príncipe Désiré, una actuación que marcaría el inicio de su leyenda. Ya como director de danza de la Ópera de París, en 1989 firmó su propia versión del ballet, manteniéndose fiel a la esencia de Petipa pero enriqueciendo la obra con una visión más teatral y simbólica.
Nureyev otorgó mayor protagonismo al personaje masculino, reconfigurando los equilibrios narrativos y coreográficos, y dotando a cada variación de una intención dramática profunda. Su adaptación no solo respetó la partitura de Tchaikovsky, sino que también la hizo vibrar con nuevos matices, elevando aún más el nivel técnico y expresivo de la obra.
Esta versión, grabada recientemente en la Ópera Bastille y ahora proyectada en cines del mundo, es considerada un clásico dentro del clásico, una lectura que honra la tradición sin renunciar a la sensibilidad moderna del gran coreógrafo ruso.












