Revista Nueva
Sábado 06 de octubre de 2012 - 11:40 AM

Verdugos del matrimonio: Las grietas por donde se fuga la estabilidad

Los verdugos del matrimonio más comunes son pequeños problemas que crecen a través de los días. El manejo del dinero, casarse como trampolín a la felicidad o no poner una distancia clara a las familias de origen, son los distractores más letales.

Verdugos del matrimonio: Las grietas por donde se fuga la estabilidad (Foto: REVISTA NUEVA)
Verdugos del matrimonio: Las grietas por donde se fuga la estabilidad (Foto: REVISTA NUEVA)

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Publicado por: REVISTA NUEVA

En la edición pasada hablamos sobre el miedo visceral que se viene extendiendo entre los jóvenes, quienes además de estar muy ocupados con sus propios planes, no ven en el matrimonio precisamente una atractiva sociedad en la que puedan desarrollar su ideal de felicidad.

Aun así, no son pocas las parejas que después de un armónico noviazgo deciden dar el siguiente paso. Es entonces cuando la ilusión persigue a las respectivas familias, todos los detalles y preparativos sazonan sus vidas y la rutina se aleja, por lo menos momentáneamente.

Pero ante las alarmantes cifras de divorcio, valdría la pena que cada pareja analice sobre qué cimientos, acuerdos o sueños está basando esa futura relación, la cual dista mucho de un noviazgo. Pues aquel enamoramiento encargado de mandar a un décimo plano los defectos propios y ajenos, generalmente no reserva un cupo en la nueva familia.

Según expertos suizos, quienes analizaron la funcionalidad en los lazos de mil parejas -casadas y en unión libre- hay tres factores que prevalecen en las relaciones exitosas. La primera, la mujer debe ser cinco años menor que el hombre; en segundo lugar, los miembros de la pareja deben pertenecer a la misma cultura; y por último, que la mujer sea un 27 por ciento más inteligente que su pareja.

Dados los resultados obtenidos, las ‘revelaciones’ no se quedaron ahí. Al parecer, aquellos decididos a embarcarse en un viaje vitalicio con estas tres claves resueltas, tienen un 20 por ciento más probabilidades de  comer perdices ‘por siempre’.

Usted puede estar pensando que los suizos podrán tener los mejores relojes y chocolates del mundo, pero que  querer buscar una clave infalible para ser feliz más allá del altar es tan absurdo como pretender saber en la primera cita si uno es más inteligente que la pareja “en potencia”.

Aun así, ellos sustentan sus conocimientos en la materia con un porcentaje de divorcios evidentemente inferior a los Estados Unidos, donde cada año se separan el 45 por ciento de las parejas.

En los primeros seis meses de este año, las separaciones en nuestro país aumentaron en un 26.2 por ciento -1.2 puntos más que el porcentaje anual de divorcios en Suiza-. La región que encabeza el ranking de divorcios es Bogotá, con el 25.27 por ciento, seguida por Valle con 14.08 y Antioquia con el 12.77 por ciento.

Si se contrastan estas cifras -sujetas a los registros de la Superintendencia de Notariado y Registro- con las de años pasados, entenderemos que el divorcio, más que una solución a una mala convivencia, está representando una verdadera epidemia.

“Si no me haces feliz…”

La transición en la que vivimos es evidente, el tiempo se esfuma y con la misma rapidez cambian las razones que parecen unir a hombres y mujeres por estos tiempos.

Para Álvaro Sierra, profesor investigador del Instituto de la Familia de la Universidad de La Sabana, ante tal realidad es indispensable mirar la situación desde otra perspectiva, pues sería bueno, según su punto de vista, identificar oportunamente aquellas cosas sin importancia que con el tiempo se convierten en fuertes enemigos de la relación.

“Cuando hablamos de distractores hablamos de factores pequeños que con el tiempo se vuelven gigantes, insuperables y terminan con la convivencia matrimonial. El tema salió porque se habla muchísimo del divorcio y porque se le adjudican todos los problemas del matrimonio; entonces las parejas se divorcian, pero no terminan de entender la causa por la cual se acabó la relación”.

Los distractores, entonces, son como una especie de enanos con sombra de gigantes, instalados cómodamente en diversos aspectos de la relación y que significan una amenaza real para el hogar.

En Colombia, según nuestro asesor, los más predominantes son los manejos del dinero y de las familias de origen, y en primer lugar, pensar que con el simple hecho de casarse se alcanzará la felicidad inmediata.

“Muchas personas se casan para ser felices. Y no se dan cuenta de que realmente el matrimonio es una construcción que depende de muchísimos factores: del conocimiento que tengamos del otro, del conocimiento de sí mismo y de tener una buena comunicación para generar similitudes entre dos personas que son muy diferentes, como son un hombre y una mujer.

No conozco ningún matrimonio en el que la cuestión sea así, tan automática, de que el otro está ahí para hacerme feliz. Y por eso, cuando las personas sienten que su pareja no las ha hecho felices, dicen ‘yo me voy’. Ese es un distractor bastante frecuente entre nosotros”.

Hasta que la plata nos separe

Por supuesto, como lo adelantamos desde el inicio, otro elemento muy diestro en lo de acabar relaciones, es el dinero.

Este es vital. Varios expertos con los que hemos trabajado nos han insistido en la importancia de cuidarlo. Pero para el profesor Sierra, lo alarmante es cómo están pretendiendo manejarlo la mayoría de uniones.

“Nadie niega que este es un factor absolutamente importante en una relación de pareja, pero cuando yo no entiendo que el dinero es un medio y no un fin, se puede volver un distractor muy peligroso en el matrimonio, pues casualmente los que más ganan son los que más pelean por él.

Es algo muy complejo que está generando mucha competitividad, porque asumirlo en términos económicos ‘a mitad y mitad’, es decir, que ambos aportan igualmente a la casa, es una injusticia que a la postre termina con la relación. No hay derecho a que dos personas que ganan diferente, aporten igual”, asegura  nuestro asesor.

Y volvemos a los valores del mundo moderno. En este momento tal vez sean menos quienes recuerden qué es un matrimonio, por lo menos en teoría, porque se supone que cuando decidimos unirnos a alguien, el ‘yo’ y el ‘tú’ se convierte en ‘nosotros’.

En ese orden de ideas se sobreentiende que el ‘nosotros’ habla de un grupo, una comunidad en la cual todo se hace común. Con el dinero debería pasar lo mismo, según lo planteado por este especialista en familia.

“Cada uno aporta la cantidad que puede aportar, esto no hace mejor o peor a la persona. No puedo decir que es mejor pareja el que gana más dinero. Hay quienes no tienen trabajo y no por ello son parásitos que viven a costa de los otros; este manejo errado del dinero se está convirtiendo en un problema serio”.

¿Y los problemas familiares?

Aunque le cueste mucho a cada uno por su lado entenderlo, las familias de origen suponen muchas veces un problema mayor. Por lo menos eso es lo que nos cuenta este catedrático, quien aconseja al casarse tener muy clara la distancia que se debe imponer con dichos grupos.

“Cuando uno se casa le está dando paso a la formación de una familia propia, y no puede estar girando como un satélite alrededor de la familia de origen. Esa es otra conducta que está llevando al traste a muchos matrimonios.

Lo mismo pasa con los hijos. La pareja debe tener muy claro que a pesar de ser ellos la más grande experiencia que alguien pueda tener, no son componentes del matrimonio. Ahora los padres se están volcando sobre sus hijos, hacen mucho énfasis en su crianza y el otro se empieza a sentir relegado, a un lado… y la relación de pareja se va enfriando hasta que termina”.

La necesidad de un tercero

Dado el problema de comunicación que crece entre las parejas actuales, parece ser cada vez más difícil identificar y aceptar los errores cometidos por cada una de las partes. Como si fuera una competencia entre dos desconocidos, el diálogo no se logra y en cuestión de meses son muchas las uniones desaparecidas por los incipientes egos de hombres y mujeres.

Entonces la recomendación sería encontrar a un especialista que pueda ayudarlos a mejorar su relación antes de que sea demasiado tarde. En Colombia no estamos muy acostumbrados a asistir a terapia, pero dado la situación, para el doctor Sierra resultaría muy beneficioso que la adquiriéramos.

“Por ejemplo, usted compra un carro y sabe que debe hacerle chequeos frecuentes para garantizar un buen funcionamiento. En un matrimonio también es obligación, digámoslo así, hacer un ‘mantenimiento’ con un terapista de pareja especializado, que se haya formado para este trabajo y les ayude a identificar problemas que a la postre puedan dañar la unión.

No se acostumbren al funcionamiento de mínimos –continúa el especialista-. Si no hay buena comunicación, resolución de problemas, ni avances, deben acudir  a alguien que conozca esta dinámica matrimonial. Porque cuando las personas identifican estos distractores como verdaderos problemas pueden enmendar el curso de la relación al punto de que no se corra ningún riesgo”.

La responsabilidad entonces sería de todos, de las parejas encargadas de hacer más duradero su compromiso y tolerancia, de las familias de origen que deben entender que ese nuevo terreno se debe pisar con pies de plomo y también de las instituciones, dueñas de la responsabilidad en forma de asesores de familia capacitados para estos nuevos retos.

“La vivencia del noviazgo y la matrimonial son totalmente diferentes, pues en los comienzos del matrimonio hay muchos puntos que reclaman atención y cuidado. Una pareja que tuvo años de noviazgo armónico no necesariamente tendrá una buena convivencia matrimonial”, puntualiza el doctor Álvaro Sierra.

 

Para tomar nota

Los siguientes son algunos de los distractores del matrimonio identificados por el doctor Álvaro Sierra, profesor investigador del Instituto de la Familia de la Universidad de La Sabana:

- Contraer matrimonio y ser feliz son una misma cosa.

- Para que la ‘conyugalidad’ funcione, hay que disfrutar de “calidad de vida”.

- Mi trabajo, lo más importante.

- Sin dinero no hay amor.

- “Primero conocí a mis amigos”.

- El amor de una madre por sus hijos  es el más perfecto amor humano.

- Si sexualmente nos entendemos, el éxito está asegurado.

- Debemos tener claro qué es lo tuyo y qué lo mío.

- No vamos a permitir que nos invada la rutina.

- El amor dura hasta que se acaba.

Algunos datos y recomendaciones

La región que encabeza el ranking de divorcios es Bogotá con el 25.27 por ciento; seguida por Valle con 14.08 y Antioquia con el 12.77 por ciento.

Cuando hablamos de distractores hablamos de factores pequeños que con el tiempo se vuelven gigantes, insuperables y terminan con la convivencia matrimonial.

Si la pareja no entiende que el dinero es un medio y no un fin, esta creencia se puede volver un distractor muy peligroso en el matrimonio. Curiosamente, quienes más ganan son los que más pelean por él.

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Publicado por: REVISTA NUEVA

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