“Le agradezco mucho a la vida: haberme ido de mi casa a los 14 años y haber vivido en la Fundación La Luz, porque aprendí a ser una guerrera. Sé vivir con todo, pero si mañana me quitan lo que tengo, también sé vivir sin nada”.

Publicado por: REVISTANUEVA
Es Carla Giraldo y sabe el impacto que tiene su nombre en los medios de comunicación y en el público. Sin embargo, con toda tranquilidad dice estar más allá de todo eso. Y afirma que con tanto ruido entorno a su vida privada, a estas alturas cada vez le importa menos lo que se diga de ella.
Aun así, el empeño de tener un poco más de filtro a la hora de hablar y actuar llegó con la conciencia de que su pasado hace mella en el presente de su hijo Adrián –quien tiene cinco meses-. Y sabiendo que los niños suelen ser crueles y que pueden exponerlo a comentarios incómodos, Carla no solo decidió ser la primera en contarle sobre ‘sus metidas de pata’, sino que se mantendrá lo más alejada posible de los medios.
“Creo que la razón para que se ensañaran tanto conmigo es que Carla Giraldo, como producto… vende. Y perdón que hable en tercera persona, odio hacerlo: y al vender, ‘¡entonces inventemos!’. Por eso ha sido terrible el tema con la prensa, porque siempre me usaron como un producto y no como alguien que puede contar cosas chéveres.
Por ejemplo –continúa-, hice Cumbia Ninja, viví en Venezuela, tengo un hijo y un marido, hago miles de cosas diferentes a mi pasado; entonces, ¿qué más quieren vender con él? Incluso hay gente que todavía escribe: ‘Carla dejó a su novia’. Tuve una sola novia hace nueve años y después tuve 250 novios más que no cuentan. ¡En serio, son malos!”.
Lo cierto es que con la misma fortaleza con que ha piloteado tanta crítica y chisme, es capaz de medírsele a mucho. Un claro ejemplo fue aceptar protagonizar Nora, la emprendedora en Venezuela, un país abiertamente en crisis, y con el peso adicional de grabar 120 capítulos estando embarazada.
La nueva vida
Viviste siete meses y medio de tu embarazo en Venezuela. ¿Qué fue lo más difícil?
Me dio muchos nervios saber que había aceptado un protagónico y que me estaba mudando a otro país. Cuando me enteré tenía dos meses de embarazo y llevábamos un mes grabando. Pero finalmente un bebé trae bendiciones, y Nora la emprendedora es la novela número uno en Venezuela.
Sin embargo, no solo fue difícil pensar cómo iba a darle la noticia a Mauricio (su esposo) sino asimilar el hecho de que iba a trabajar durante ocho meses sola en un país prácticamente en guerra, donde todo es escasez. Por fortuna, después de hablar con los productores ellos creyeron en mí y la grabamos, ‘a toda’, pero lo hicimos.
¿Son tan difíciles las cosas en Venezuela como vemos en los noticieros nacionales?
Es un país maravilloso y siempre quise trabajar allá. Tal vez algunos no sufren la escasez que viven otros y por eso tienen una percepción diferente, pero lo que percibí es un dolor de patria inmenso. La gente lucha para vivir con las uñas, donde haces filas eternas para comprar lo básico. Yo hice filas de tres horas en el supermercado para pagar una mantequilla…
Unos capítulos atrás…
¿Te acostumbraste a que todos hablen sobre cada paso que das?
No tienen a otra a quien ‘montársela’… Sara Corrales se fue del país, Laura Acuña ya no hace nada escandaloso y ahora yo me volví aburrida, supuestamente porque tengo hijo y marido… Periodistas cizañeros se dedicaron a acabar con la vida de una niña de 12 años (la edad de Carla cuando comenzó a conocer la fama). Supuestamente tengo diez hijos, veintisiete abortos, fui adicta a las drogas… Y yo digo, ¿de dónde sacan tantos cuentos? ¡Qué me expliquen!
Cuando me fui de casa viví en la Fundación La Luz, pero no porque tuviera problemas de drogas sino porque fueron los únicos que me recibieron. Y trabajé con ellos de los 11 a los 18 años, siendo su imagen.
¿Por qué te fuiste de casa tan pequeña?
Porque sí. Porque hay gente a la que no le gusta vivir en su casa y se va. Y eso hice: buscar un lugar para vivir mejor; porque había cosas que no me gustaban, punto. Pero la gente inventa mucho; una cosa es la que yo te digo, otra es la que tú escribes y otra es lo que la gente lee. A mí siempre me tergiversaron, y soy una persona que siempre dice lo que piensa. Los pañitos tibios no me gustan.
Son casi veinte años de carrera. ¿Crees que debiste rechazar algún papel?
Sí, claro. Hay uno que ni siquiera tengo en la hoja de vida porque me da mucha vergüenza. Lo hice en novela La Diva. ¡Que Caracol mire a ver dónde la esconde o que me vendan las copias, pero que por favor no la pasen en ningún otro lado! Uno, tenía los senos gigantes; dos, era un papel de reguetonera y como estaba muy chiquita, los de vestuario hicieron conmigo lo que quisieron… No acabaron con mi carrera porque Dios es muy grande. Y para colmo de ahí muchos sacaron que yo era cantante de reguetón.
Sí, eso dicen…
¿Viste? Es que la gente se equivoca. Lo que pasó es que en la publicidad de la novela usaron mi nombre porque era la que iba a representar el papel. Entonces decía algo así como: ‘Carla Giraldo decide cambiarse el nombre a Yurjeimmi Chota y se va a volver cantante de reguetón’. Dime cuándo yo quería llamarme Yurjeimmi Chota, empecemos por ahí… Y cantante de reguetón… ¡¿what?! ¡Era un papel!
Lo que sí es cierto es que en el 2000, Sony Music me pagó para sacar un disco y lo hice. Pero yo no cantaba, era como un Milli Vanilli, porque Diana Ángel, una cantante maravillosa y actriz, puso la voz y yo doblaba.
Acepté porque me pagaban muy bien, tenía 12 años y mis papás dijeron: ‘Venga para acá esa platica y vaya usted mija y cante’. Y así fue, pero siempre dije la verdad: que cantaba Diana (quien es una de sus mejores amigas).
¿Qué pasó con ese disco?
Mis papás compraron veinte copias y vendimos otras veinte. ¡Solo pérdidas! Hicimos giras, fuimos famosos, estuvimos en pueblitos y veredas y nos presentamos en centros comerciales. Tuve público de cantante, así que viví ese momento.
¿Se te subió la fama a la cabeza en algún momento?
Sinceramente nunca sentí que mi vida cambiara, pero sí me sentía diferente. Nunca me creí más que los demás, porque al final mi familia es una familia humilde y eso fue lo que siempre me enseñaron en mi casa: la humildad. En algún momento, más que afectarme la fama, fue el no saber qué hacer con los periodistas, cómo hacer para que me dejarán en paz un ratico…
¿Crees que los escándalos afectaron tu carrera?
Nunca. Por ejemplo, Hugo León Ferrer, de RTI, en uno de los momentos más escandalosos de mi vida (Carla se había desnudado para una conocida revista), me permitió hacer el papel de musulmana y más tapada imposible (papel que interpretó en El Clon). Para mí fue una gran oportunidad, pues acababa de hacer La Diva, me sentía fracasada, estaba en modo ‘emo’ y no quería nada, vivía deprimida. Ese papel fue un respiro a mi carrera, la gente me vio en otra faceta y eso se lo agradezco a RTI infinitamente.
¿Qué piensa tu esposo de todo lo que se dijo de ti?
No tiene nada qué preguntar porque me está conociendo y se da cuenta del tipo de persona que soy. Aunque estoy retirada de los medios, a nosotros nos da igual. Aprendimos a convivir con eso, y la verdad, nuestra familia está blindada, del exterior no hay quién tumbe nuestra puerta.















