Vivía en São Paulo cuando su mamá, la diseñadora Pepa Pombo, la llamó a ser parte de su casa de moda, creada hace casi 40 años. Desde entonces Mónica ha redireccionado la marca y atraído público más joven. Un relevo impecable con colecciones ovacionadas.

Publicado por: Natalia Echeverri Vargas
Desde muy pequeña la moda fue su día a día, su círculo natural, una suerte de ambiente originario encargado de rodear la infancia de magia. Sus recuerdos más lindos transcurren justamente en ese momento, cuando siendo todavía niña su madre la llevó a vivir a México; un país que determinó la impronta de sus diseños y de paso las enamoró a ambas (de hecho, Pepa todavía va y viene).
“En la parte trasera de la casa estaba el taller de mamá, era una casa más pequeñita. Allá se la pasaba metida trabajando y pues yo también. Crecí yendo a la oficina, crecí viendo desde dentro este mundo. Y cuando llegó el momento de escoger qué quería hacer con mi vida, vi las posibilidades infinitas que tenía Pepa Pombo como marca. Por eso pensé cómo podía explotarla, cómo diversificar la oferta y hacer más prendas. Mejor dicho, cómo divertirme con todo lo que había en la bodega. Y la he pasado feliz”.
Esa es la cuestión, la complicidad. Mónica no solo heredó el oficio y la pasión de su mamá, también una vena artística que fluye entre las artes plásticas y el diseño textil. Además, las dos saben perfectamente lo que es construir una prenda de principio a fin, pues crean sus propias telas.
También es admirable la visión y confianza de Pepa para “soltarle el timón”. De hecho, se entiende cuando Mónica afirma no poder imaginarse haciendo otra cosa, pues Pepa Pombo, la marca-, es enteramente una empresa familiar, donde para ella es normal encontrarse a tíos y primos trabajando por el mismo fin.
Como es común que los hijos se alejen del sendero elegido por los padres, no podíamos dejar de preguntamos sobre cómo fue la experiencia de Mónica estudiando la misma carrera de su madre (y en la misma universidad), los pros y contras y qué replica de esa relación tan hermosa en la suya con Benjamín (su hijo), quien pronto cumplirá un año de edad.
Tirando para el mismo lado
Antes era tu lugar de juegos, ahora es donde trabajas. ¿Cómo ha sido crecer estando en Pepa Pombo?
El concepto ha sido el mismo. Por ejemplo, desde que recuerdo la bodega de materiales siempre ha sido “deliciosa”. Desde niña –incluso bebé- ya estaba en la oficina de mi mamá. Y así nos tocó a todos (se refiere a su hermano y primos). Ella siempre me llevaba a todo lado, así que crecí viendo cómo funciona este mundo desde adentro y me es completamente natural.
¿En qué momento sabes que quieres dedicarte al diseño de modas?
El propio tiempo de la vida me llevó a tomar esa decisión y meterme de lleno. Empezar a crear lo que me parecía, podía hacer crecer la marca. Creo que fue una circunstancia de la vida, una “casualidad”, como dicen.
Sin embargo las casualidades no lo son, yo creo en el destino. Y acá estoy hace 13 años. Un tiempo muy productivo porque cada vez crecemos más. Claro, cuando tomé la decisión de abandonar Brasil para volver (vivió dos años allí mientras estudiaba fotografía), fue como dejar una vida atrás y comenzar una nueva, con sus ventajas y desventajas, pero valió la pena venir a trabajar con mamá.
Estudiaste lo mismo que ella…
Las dos somos diseñadoras textiles. Pero ella empezó siendo pintora y luego empezó a tejer. Estábamos muy chiquitos cuando eso pasó, luego fuimos a México. Allá comencé a estudiar mi carrera, pero como en ese momento volvimos al país, terminé en Los Andes, en el mismo programa que había tomado mi madre y que ahora no existe. Yo decidí irme por la moda, así que ese fue mi énfasis en la universidad. Pero la verdad, he aprendido más trabajando.

¿Ventajas y desventajas de haber seguido los pasos de tu madre?
Ha sido un aprendizaje increíble. Nosotras hacemos las telas, así que comenzamos desde cero, una y otra vez, con cada colección. Obviamente nos enseñaron el concepto de lo que es Pepa Pombo, y nos dieron todo el conocimiento, pero siempre contamos una historia diferente.
¿Has pensado en tener tu propia marca?
Sí lo he pensado, pero creo que Pepa Pombo tiene tanto por dar todavía, que no sé si la vida me alcance. Además, Mónica Holguín está inmersa en Pepa. Porque yo soy multifuncionalidad, por ejemplo, una de las características más importantes de la marca.
Y también he seguido mi propio camino; por azares del destino empecé a diseñar uniformes institucionales, lo cual no tiene nada que ver con mi trabajo con Pepa. Y me ha parecido muy interesante porque es otro mundo. En eso ya llevo dos años.
¿Sientes presión al seguir con el legado de tu mamá?
No, porque crecí aquí adentro. Es parte de mi ADN. Me encanta lo que hago. Somos una empresa familiar, un equipo y así hemos trabajado siempre. Somos una familia que trabaja unida para ir hacia un mismo objetivo.
¿Crees que es más exigente diseñar para una marca con tantos años de trayectoria que si diseñaras para tu propia marca?
Lo he pensado, pero no he tenido la experiencia para verlo desde la otra orilla. Pero considero que el lugar en el que estoy, donde se responde por mucha gente, es el motor más importante y satisfactorio del mundo.
¿Cómo ha sido la relación con tu madre, antes y después de trabajar juntas?
Siempre hemos sido muy amigas. Mi mamá me llevaba a todo lado desde chiquita y prácticamente crecí entre grandes. De hecho, los amigos de mi mamá, hoy en día, son mis amigos también, los heredé.
La verdad, hemos sido cómplices y ella se encargó de que eso pasara. Y ahora que tengo un hijo nos hemos unido más. Porque a veces yo decía cosas como “¡mi mamá, qué intensa!”, y hoy entiendo todo. Así que de mí solo tiene gratitud y un agradecimiento total.
¿Qué tiene Pepa Pombo de ti?
La versatilidad, la multifuncionalidad y la comodidad, eso es lo más importante en mi proceso de diseño. Me gusta jugar con las prendas. Cuando están en construcción me las pongo de todas las formas posibles. Muchas de nuestras clientas viven metidas en un avión, así que me encanta pensar que pueden usar varias veces la misma prenda, en diferentes ocasiones y combinaciones. Eso le ha dado versatilidad a la marca.
Y para nosotras ha sido un must pensar que somos originales. Eso me lo enseñaron aquí: “Si alguien más lo tiene, ya no lo quiero”. Creemos que somos un complemento para otros diseñadores, pero no tenemos una competencia directa.

¿Cuál es la mayor enseñanza que te deja ser hija de una madre que trabaja tanto, ahora que te toca a ti asumir la crianza de Benjamín?
La verdad, la paciencia. Al tercer mes que se acabó la licencia de maternidad montamos en la oficina de mi madre una cuna, un cambiador y toda la parafernalia, porque él viene desde los tres meses a trabajar, como hacían con nosotros. Entonces tiene “1500 niñeras”, obviamente, y es una delicia.
Claro que es agotador cuando salgo de la oficina, porque empieza la otra rutina, la de la cena, el baño y acostarse a dormir –él todavía no sigue de largo-. Benjamín es “súper intenso”, pero no me quejo de nada, porque hoy en día es un lujo ver crecer a los hijos. Así que ha sido alucinante.














