Es la cabeza y el corazón de la Fundación Casa de la Madre y el Niño. Un lugar creado hace 78 años por su mamá, para encontrarles hogar a menores de edad que por una u otra razón no lo tienen.

Publicado por: NATALIA ECHEVERRI VARGAS
Nos ha tomado siglos darnos cuenta y sentir desde el fondo de nuestros corazones, que en realidad todos somos iguales, que la diferencia radica –por así decirlo- en las oportunidades que tengamos. Bárbara siente el cambio. Recuerda cómo en la época de su madre, por ejemplo, las mujeres se ponían almohadas en el estómago para fingir su embarazo, cuando en realidad iban a adoptar un niño.
De hecho, algunos sectores de la sociedad vieron el sueño de la mamá de Bárbara -María López Michelsen, hija del entonces presidente Alberto López Pumarejo-, con profundo malestar, por ser un lugar que adoptaba a niños abandonados. Pero, como dice esta bogotana, la adopción es un acto de amor que permite el encuentro de parejas deseosas de ser padres y niños que por uno u otro motivo no tienen hogar.
Muchos personajes destacados se han permitido la resiliencia gracias al amor de familias sustitutas; Steve Jobs y Nelson Mandela son algunos de ellos. Así mismo, Bárbara puede mostrar los álbumes de seguimiento de los niños que la casa da en adopción, armados con las fotos que le envían los padres adoptivos sobre su nueva vida. “El mejor científico de Alemania”, “la defensora de menores que llegó a la Corte Suprema de Justicia”, “el mejor jugador de fútbol”…
Es mejor que sean sus propias palabras las responsables de contarnos cómo ha cambiado la mentalidad de los colombianos frente el acto de adoptar, qué nos falta entender como sociedad al respecto, qué pasa con los niños de difícil adopción -como aquellos que tienen alguna discapacidad- y qué habilidades le permiten ser a ella el cerebro y el corazón de un proyecto tan grande.

El comienzo
- Lleva 38 años como directora de la fundación. ¿Cómo ha sido la evolución desde entonces?
Yo nací en la Casa de la madre y el niño. Mi mamá fue una profesora maravillosa y una mujer absolutamente visionaria, que vio a muchos niños abandonados en el Hospital San José (donde trabajaba) y decidió entonces hablar con un par de doctores para que le ayudaran a conseguir una casa y llevarlos allí mientras les conseguía hogar. Era una idea revolucionaria, porque hace 76 años nadie pensaba realmente en adoptar.
Su papá, que en ese momento era presidente, le repetía: “Usted está loca, ¡cómo va a tener a cien niños en esa casa si nadie los adopta!”… También era atacada desde los púlpitos, decían que les estaba alcahueteando a las mamás el hecho de abandonar a sus hijos. Pero ella tuvo el coraje de ejecutar su propia visión y seguir adelante a pesar de las críticas, gracias a que muchas señoras bogotanas la ayudaron.
- ¿Cómo es la situación ahora? ¿Todavía hay quienes ven la adopción como un tema tabú?
Hay mucha gente que quiere adoptar. Generalmente son parejas que llevan mucho tiempo tratando de tener hijos y no han podido. Una de las preguntas que me hago sobre aquellos que todavía lo ven con recelo es: ¿ellos han estudiado sus propias familias? Seguramente si lo hicieran también encontrarían todo tipo de problemas.
Las mamás que apoyamos son mujeres sanas, lo único que quieren es ofrecerles un porvenir a sus niños y no estamos acá para juzgarlas. Les damos un hogar y amor, y esto es lo que necesitan para estar protegidas. ¿Protegidas de qué? De la falta de apoyo en su casa al saber que están embarazadas, de un papá furioso, en fin, de tantas cosas. Cuando dan a luz, ellas pueden arrepentirse de dar a su hijo en adopción; de hecho, esa es nuestra misión, intentar que los niños estén en buenas condiciones con sus madres… y pasa más o menos el 40 por ciento de las veces.
- ¿Cuál es la problemática más común enfrentada por estas futuras madres?
Generalmente son mujeres muy jóvenes que se enamoran locamente de hombres que les prometen el cielo y la tierra, pero resultan con un “chorro de babas” y desaparecen al saber que están embarazadas.
- Colombia muestra uno de los índices más altos de embarazo adolescente…
Por eso mismo tenemos un grupo multidisciplinario que les dicta charlas a estas mujeres diciéndoles: “Esto ya pasó, pero divulguen su caso”. Las demás personas deben saber el hecho tan doloroso que implica entregar un hijo en adopción; pero las admiramos mucho porque existen personas que son capaces de dejarlos en un bus, en una caneca o simplemente no tenerlos.
-¿Siguen en contacto con las familias de los niños que dan en adopción? ¿Cuáles son los comentarios que más recuerdan de ellas?
Tenemos el privilegio de que muchos de nuestros niños vuelven a trabajar en la casa. En este momento, por ejemplo, nos visita una niña maravillosa que fue adoptada por una familia de Italia. En ese país se graduó como abogada y vino a trabajar dos semanas en la casa porque quería ver cómo era la dinámica de adopción.
Y a las dos semanas me dice: “No me quiero devolver. Quiero homologar el título y volverme defensora de menores”. Ni siquiera hablaba español y sin embargo logró homologar el título, aprender el idioma en dos semanas y conseguir una pasantía en la Corte Suprema de Justicia. Ahora está adelantando su curso como Defensora de menores. Imagínate qué felicidad para nosotros… y así tenemos muchos casos.

“Cada caso, una vida”
- ¿Es suficiente con que la pareja quiera adoptar un niño? ¿Qué tanta relevancia tiene el resto del núcleo familiar?
Hemos tenido muchos casos de parejas jóvenes que vienen enloquecidas por tener un hijo, y uno les pregunta: ‘¿Qué piensan sus padres?”. Y contestan: “No, mis papás no están de acuerdo porque vienen de una muy buena familia”. Son personas que viven 75 años atrás, pero en este caso lo que les digo a las parejas es que la adopción puede llegar a acabar el matrimonio.
Además, no podemos poner a un niño en la situación de que sus abuelos o sus tíos lo rechacen, eso no se puede permitir. Pensamos en el bienestar del niño, en lo que merece, y si llegar a un hogar se vuelve un problema familiar, es él el que se sentirá más desgraciado y culpable.
- Algunas mujeres dicen que el instinto maternal no se desarrolla igual con un hijo adoptado…
Nadie nace entonces con instinto maternal, porque hay muchas madres biológicas que no lo tienen. Son capaces de dejar a sus hijos abandonados con una niñera o un escolta toda la vida, eso no es instinto. El instinto lo tiene la mujer que independientemente de que haya tenido un bebé en su vientre o no, desea a ese niño con amor. ¡Eso es instinto maternal! No se trata de tenerlo en la mejor clínica y a los seis meses estar ‘encartadísima’, pensando solo en su trabajo.
- Ustedes dan en adopción niños a muchas parejas extranjeras. ¿Son más receptivas a la adopción que los colombianos?
Lo que pasa es que el colombiano quiere adoptar un recién nacido, no a un niño grande –que, por ejemplo, hace parte del grupo de difícil adopción-. Y justamente ahora en la Casa, una de mis hijas está liderando un programa maravilloso para encontrarle hogar a este grupo: el niño que tiene VIH, al que le van a hacer una operación a corazón abierto, el que tiene la mitad del cerebro, etc.
A esos niños en Colombia no los adopta nadie, la gente está para decirles “pobrecito” y darles una palmadita. Se vuelven muebles, porque nuestro Estado no tiene la capacidad de darles todo el apoyo que necesitan. En cambio, en otros países, ofrecerle un hogar a un niño con discapacidad, además de ser una bendición para muchas familias, es mucho más fácil pues tienen todo un país que los ayuda y protege.
- Usted maneja cada detalle de la fundación. ¿No le resulta agotador liderar un proyecto tan grande?
Le doy gracias a Dios todos los días por tener este trabajo. Que mis hijas y nietas hayan heredado ese compromiso es una entrada síquica maravillosa. Muchas personas me preguntan por qué no descanso y hago otras cosas; pero esto es mi vida y me siento la mujer más plena y feliz.
Por eso quiero decirles que estén abiertos a ayudar a los demás. Acá no tendríamos los problemas que tenemos si hubiéramos pensado en el que nos rodea, en tratarnos de igual a igual. Nuestros niños son iguales y todos tienen derecho a ser amados dentro de un hogar que los proteja. Ese debería ser un compromiso de todos.















