Estos hijos son adultos que se niegan a crecer y quieren conservar a toda costa los privilegios de ser niño: “Me dan todo, me hacen todo, todo es para mí… Y además no tengo que pensar en las cosas aburridas de ser adulto”.

Publicado por: LAURA LEÓN
En un comercial muy divertido, unos padres de familia ya mayores hablaban a su hijo cuarentón, con mucha paciencia y dulzura, preguntándole si no creía que había estado ya muchos años en casa… tanto, que había “durado más que un Bon Bril”. Y el hijo respondía indignado que tampoco había durado taaaaaaanto.
Desde entonces se acuñó el término ‘bon bril’ para identificar a los hijos que, a pesar de tener todas las condiciones para salir de casa, permanecen en ella manteniendo su situación de hijos de familia.
Hay ciclos por los que pasan los individuos y las familias a través de la vida y en cada uno de ellos, eventos considerados ‘normales’. Dentro de esos eventos esperados en el ciclo vital está la salida de los hijos del hogar paterno/materno, una vez han adquirido las competencias necesarias para enfrentar la vida y proveerse de lo necesario para su subsistencia.
Una salida temprana, sin dichas condiciones, es considerada indeseable, pues pone al sujeto en condiciones evidentes de vulnerabilidad; pero una salida tardía también puede resultar dañina.
En los últimos tiempos ese momento se ha venido aplazando, en la medida en que cada vez más se les exige a las personas una sobrecualificación profesional o técnica que les de competitividad en el reñido mundo laboral, aunada a unos costos educativos que obligan a postergar cualquier otro proyecto familiar que no sea preparar a los hijos para su salida al mundo.
Lo que hace unos veinte años se consideraba el momento ideal de emancipación de los hijos -a los 22 o 23 años de edad-, ha pasado a estar entre los 28 y 30 años aproximadamente.
Así es el verdadero ‘bon bril’
Ahora bien, ignorar que condiciones económicas y/o sociales en muchas ocasiones obligan a las familias a permanecer juntas -como una forma de optimizar esfuerzos físicos y económicos- sería necio.
Evidentemente, en estos casos no estamos hablando de hijos ‘bon bril’ sino de familias en las que de manera solidaria todos aportan para lograr mejores condiciones de vida.
No. Los hijos ‘bon bril’ son otra cosa: el hijo eterno tiene todas las condiciones y posibilidades de valerse por sí mismo, pero la comodidad, el deseo de simplemente pasársela bien sin tener que pensar en otras personas, responsabilizarse de nada o adquirir obligaciones, lo hacen privilegiar estas razones sobre la posibilidad de ser un ser autónomo, constructor de su mundo, generador de sus oportunidades.
En otras palabras, el hijo ‘bon bril’ al que me refiero es distinto al ‘vago’, al ‘mantenido’, al ‘hijo problema’. No. Este es exitoso, incluso trabajador, pero prefiere la comodidad a la responsabilidad, y sacrifica su desarrollo personal con tal de no tener que compartir sus ingresos y poderlos destinar exclusivamente a sus intereses.
Y en esto no hay un juicio de valor. No quiere decir necesariamente que escoger ‘vivir rico’ sea algo malo en sí mismo; nuevamente, depende de lo que cada quien considere deseable para su propio desarrollo y de la forma como decida proyectarse en el mundo. Pero lo cierto es que genera unas dinámicas relacionales que trascienden la órbita individual para proyectarse en la sociedad.
Los hijos ‘bon bril’ son adultos que se niegan a crecer. Son ‘Peter Pan’ que quieren conservar a toda costa los privilegios de ser niño: “Me dan todo, me hacen todo, todo es para mí, lo que es mío no lo tengo que compartir, pero sobre todo, no tengo que pensar en las cosas aburridas de ser adulto, como pagar los servicios, la administración, el arriendo, etc., etc. y mucho menos pensar en que alguien necesita de mí”.
Y así son los ‘padres paila’
Estos hijos no aparecen por generación espontánea, no son producto de una combinación genética que dio ese resultado y ya. Noooo. Para que surja un hijo ‘bon bril’ se necesitan por lo menos dos condiciones esenciales: una sociedad hedonista y unos ‘padres paila’. El término lo he acuñado para enfatizar el contexto en el que tiene sentido la existencia de una esponjilla limpiadora, su significado; su sentido emerge de la relación que es posible a través de su uso concreto.
Así, los hijos ‘bon bril’ tienen sentido en la relación que establecen con sus ‘padres paila’: estos padres necesitan que sus hijos permanezcan pequeños para continuar cumpliendo ese rol sin el cual no solo puede perder sentido su existencia, sino incluso, y no en pocas ocasiones, poner en verdadero peligro la subsistencia del vínculo conyugal.
Son padres que solo se dimensionan como eso, no como esposos, como pareja. Sus temas de conversación giran en torno a los hijos, no hay otros temas de interés común. Desde ahí, ¿que interés podrían tener en que sus hijos crezcan y se independicen?
Esto, una vez más, es un juego relacional que las familias y los individuos están en la libertad de aceptar o rechazar; pero tiene que ser claro para todos los partícipes, de manera que puedan decidir si quieren o no vivir en el ‘país del nunca jamás’.
Los ‘padres paila’ deben entender que son mucho más responsables de la situación de lo que creen y que si bien tener al hijo cerca y protegerlo les puede dar satisfacción, le causan daños y problemas a su futuro y al de sus relaciones emocionales.















