Revista Nueva
Sábado 20 de agosto de 2016 - 09:28 AM

¿Por qué los matrimonios duran menos?

De acuerdo con la Superintendencia de Notariado y Registro, de diez parejas que se casan en Colombia, tres se divorcian y la mitad lo hace antes de los tres años.

¿Por qué los matrimonios duran menos? (Foto: Revista Nueva /VANGUARDIA LIBERAL)
¿Por qué los matrimonios duran menos? (Foto: Revista Nueva /VANGUARDIA LIBERAL)

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Publicado por: MARICARMEN CERVELLI N.

La sociedad y los roles de hombres y mujeres han cambiado. Factores educativos, políticos, económicos, tecnológicos y sociales han reconfigurado las dinámicas familiares, mientras que el concepto de “matrimonio para toda la vida” también se ha transformado.

En 2014, la revista estadounidense Business Insider publicó el “Mapa del Divorcio”, el cual indica que el 73% de las parejas en Bélgica (país que ocupó el primer lugar) se habían divorciado, 61% lo hizo en España, 53% en Estados Unidos, 45% en Australia y 27% en Venezuela.

Aunque Colombia solo registró 9% de divorcios, éstos han aumentado considerablemente en los últimos años. A finales de 2005 se reglamentó la ley que permite el ‘divorcio exprés’, y según la Superintendencia de Notariado y Registro, en los primeros seis meses de 2006 hubo 1098 divorcios, mientras que en lo que va de 2016 se han registrado 8484.

“Todo esto es parte de una tendencia mundial”, afirma el sociólogo David Rodríguez, autor del libro Hacer de mi familia un hogar. El experto asegura que las familias de hoy tienen nuevos elementos: liderazgo femenino, relaciones de pareja de corta duración, menor número de hijos, adultos trabajando fuera de casa y crianza delegada a terceros. “La tendencia es que los matrimonios duren menos porque se están derrumbando los basamentos antiguos de la unión”, asegura.

¿Qué está sucediendo?

A diferencia de nuestros padres y abuelos, para las nuevas generaciones el divorcio sí es una opción fácil y viable ante un matrimonio que no funciona. Así lo explica Ximena Silva, psicóloga familiar sistémica. La experta acota que las personas suelen tratar de llenar sus vacíos emocionales a través de su pareja, y cuando ésta ya “no la hace feliz”, es más fácil salirse de esa relación en lugar de sanar una historia personal, que es la que no le permite ser feliz por sus propios medios.

Más o menos tres años dura una etapa conocida como ‘el enamoramiento químico’. ¿Qué pasa después? Los dos expertos coinciden en que comienzan los desencantos y si no hay bases suficientemente sólidas para seguir adelante y comprender que el amor se transforma en admiración, valoración del otro y en un proyecto de vida conjunto, la relación comienza a deteriorarse y con el tiempo se termina.

Por otro lado, aunque la infidelidad sigue siendo la causa tradicional de las separaciones, la psicóloga María Elena López, autora del libro Inteligencia en pareja, menciona otros elementos importantes que deterioran matrimonios: los proyectos individuales que no coinciden con las metas de la pareja, las expectativas diferentes que se vuelven innegociables, la falta de tiempo para comunicarse y compartir, los temas económico y de autonomía, y los problemas sexuales y de comunicación.

La paternidad influye

En 2013, Daniel Gilbert, profesor de Sicología de la Universidad de Harvard, divulgó un estudio donde concluyó que los adultos sin hijos son más felices que los que son padres. Según él, los últimos dejan de practicar sexo, salir con los amigos o acudir a conciertos, principales fuentes de felicidad.

Y aunque suene descabellado, los cambios generados por la paternidad son duras pruebas para un matrimonio moderno. El ‘abandono mutuo’ de la pareja cuando se cuida a un bebé, es uno de los principales problemas. Además, la crianza plantea muchas exigencias que generan conflictos: más trabajo y estrés para ambos y quién hace qué.

Es importante ser más comunicativos en esta etapa, buscar ayuda externa para encontrar espacios solo para la pareja, llenarse de amor, entender que este es un nuevo rol que se lleva en equipo, aprender a ajustar el tiempo y lograr el balance.

Claro, ¡hay esperanzas!

Para David Rodríguez, es importante que cada uno revise el modelo inconsciente de pareja y familia que tiene, para que cuando el ciclo de enamoramiento se acabe, “pueda acoger, aceptar y sintonizar al otro en su singularidad y aprender conjuntamente a resolver desacuerdos y hacer reencuentros”.

Por otro lado, ¡cuidado con pensar que el otro cambiará una vez estén casados! Porque eso, según la doctora Silva, es “una trampa segura al fracaso”.

Por último, hay conversaciones que los deben tener aunque estas sean incómodas: acuerdos económicos, ese ‘pequeño’ problema sexual, si quieren hijos o no y cuándo, qué esperan de cada uno, si tendrán diferencias religiosas y políticas, qué les molesta en la convivencia (el desorden, los malos olores, los ronquidos) y sobre todo, qué tan comprometidos están con el hecho de compartir la vida con el otro en circunstancias adversas e inesperadas. 

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Publicado por: MARICARMEN CERVELLI N.

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