La IA ya está modificando la manera en que las personas buscan información sobre su salud y cómo los profesionales organizan y acompañan la atención. Su potencial está en procesar grandes cantidades de información, reducir tareas administrativas y facilitar el seguimiento de los pacientes, pero su incorporación también plantea límites y responsabilidades que no pueden dejarse de lado.

Cada vez más pacientes llegan a la consulta después de haber conversado con herramientas como ChatGPT. Para Giovanni Stella, Founding Advisor de NexaSalud y ex Country Director de Google Colombia, esto puede representar una oportunidad para que las personas lleguen mejor informadas, aunque existe una diferencia fundamental entre acceder a información y saber interpretarla.

En los consultorios, la transformación también ocurre en tareas menos visibles: transcripción de consultas, resumen de historias clínicas, organización de agendas y reducción de labores administrativas. “La IA puede democratizar el acceso a la información, pero no democratiza el criterio. En salud, esa diferencia importa mucho”, señala Stella.
La tecnología puede ser especialmente útil cuando existe gran cantidad de información y poco tiempo para analizarla. Puede contribuir al seguimiento de pacientes crónicos, identificar cambios que ameriten atención, apoyar la revisión de imágenes o exámenes y resumir historias clínicas antes de una consulta. Sin embargo, el profesional debe conservar la capacidad de revisar y validar las recomendaciones de la herramienta.
Por eso, la IA no reemplaza el examen físico ni la conversación clínica y puede equivocarse incluso cuando presenta una respuesta con seguridad. Además, los modelos desarrollados con datos de determinadas poblaciones no necesariamente funcionan de la misma manera en otros contextos. “Lo que funciona en un hospital de Boston puede no funcionar igual en Pasto o Montería”, advierte Stella, quien considera necesario evaluar estas herramientas en las poblaciones y condiciones donde serán utilizadas.
En el país, los datos relativos a la salud son considerados sensibles por la Ley 1581 de 2012. A esto se suman riesgos como los sesgos en los datos y la confianza excesiva en sistemas que pueden acertar con frecuencia, pero no son infalibles.
El experto plantea, cuatro condiciones básicas para el uso de IA en salud: que el paciente conozca cuándo se utiliza y cuáles son sus límites; que un profesional mantenga el control de las decisiones clínicas; que los datos sean tratados con transparencia y seguridad, y que las herramientas sean evaluadas en los contextos donde serán implementadas.

La IA debería quitarle el teclado al médico, no al paciente

Colombia ya cuenta con disposiciones para el uso de IA como apoyo tecnológico en telemedicina, bajo supervisión del talento humano en salud. El siguiente desafío, según Stella, es llevar estas reglas a la práctica, avanzar en interoperabilidad y formar a los profesionales para que sepan cuándo apoyarse en una herramienta y cuándo cuestionarla.
El objetivo, en última instancia, no es incorporar tecnología por sí misma. Su verdadero valor estará en liberar tiempo, organizar mejor la información y acompañar al paciente entre consultas, sin desplazar la relación humana que sostiene la atención en salud.















