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Jueves 19 de junio de 2025 - 02:03 PM

Tóxico potente mató a los trabajadores de camión cisterna en Chimitá: esto dijo un experto

Lo que dijeron sus compañeros del taller —que ambos habían sufrido taquicardia severa— era cierto. Esto aseguró un experto médico sobre lo que les ocurrió.

Nelson Lascarro Mora y su sobrino Carlos Daniel Lascarro Alcocer, murieron en un acto valiente tratando de salvar a Javier Ortiz Ramos.
Nelson Lascarro Mora y su sobrino Carlos Daniel Lascarro Alcocer, murieron en un acto valiente tratando de salvar a Javier Ortiz Ramos.

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A Nelson Lascarro Mora, de 34 años de edad, y a su sobrino Carlos Daniel Lascarro Alcocer, de 20, la valentía, el acto de heroísmo que demostraron al intentar rescatar a Javier Ortiz Ramos —su compañero atrapado en un tanque cisterna de un taller de reparación de vehículos de carga en Girón— les costó la vida.

Jamás podrán contar su osadía, ese impulso de ayuda desmedida, porque perecieron al ingresar a aquel enorme tanque sin reparos y, peor aún, sin equipos especializados. Se desmayaron de forma irremediable tras inhalar gases tóxicos.

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Los tóxicos que inhalaron pudieron causarles dificultad en el intercambio de oxígeno en la sangre, y eso hizo que se descompensaran.

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Joaquín González, neuroradiólogo intervencionista y jefe del Servicio de Terapia Endovascular del Hospital Universitario de Santander (HUS).

Ambos fueron trasladados con vida al Hospital Local de Girón, pero fallecieron poco después, víctimas de un paro respiratorio asociado a la inhalación de gases.

Lo que dijeron sus compañeros del taller —que ambos habían sufrido taquicardia severa— era cierto. Sin embargo, científicamente esos síntomas correspondían a una neumonitis química, según reportaron las autoridades.

El cadáver de Javier Ortiz Ramos, de 43 años —por quien tío y sobrino entregaron sus vidas—, permaneció durante horas dentro de la cisterna, pues los expertos debieron ingresar con máscaras especializadas, balas de oxígeno y el apoyo del brazo de una grúa para extraerlo sin arriesgar más vidas humanas.
El cadáver de Javier Ortiz Ramos, de 43 años —por quien tío y sobrino entregaron sus vidas—, permaneció durante horas dentro de la cisterna, pues los expertos debieron ingresar con máscaras especializadas, balas de oxígeno y el apoyo del brazo de una grúa para extraerlo sin arriesgar más vidas humanas.

Ese extraño padecimiento, de acuerdo con documentos publicados por la revista Science Direct, es un fenómeno clínico que se caracteriza por la “macroaspiración de líquidos nocivos, generando hipoxemia inmediata (disminución patológica del oxígeno en la sangre), fiebre, taquicardia y resultados anormales, muchas veces —como en este caso— fatales”.

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Para entender un poco más lo que pudo haberles ocurrido, Vanguardia consultó a Joaquín González, neuroradiólogo intervencionista y jefe del Servicio de Terapia Endovascular del Hospital Universitario de Santander (HUS), quien manifestó:

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“Los tóxicos que inhalaron pudieron causarles dificultad en el intercambio de oxígeno en la sangre, y eso hizo que se descompensaran. En cuanto a la taquicardia severa, es una respuesta del cuerpo a cualquier alteración: sangrado, inhalación de sustancias químicas, dolor...

“Incluso el ejercicio vigoroso puede provocar ese aumento de frecuencia cardíaca. Si el estímulo nocivo persiste más tiempo del que el cuerpo puede regular, puede derivar en un colapso del sistema circulatorio o respiratorio, ya que también se incrementa la frecuencia respiratoria”, precisó el galeno.

¿Cómo fue descubierto el fenómeno?

El documento consultado por esta redacción también indica que esta condición puede producirse por “el líquido nocivo más común, que es el contenido gástrico estéril, aunque otros, como la bilis y ciertos agentes instilados en el estómago, también pueden provocar este síndrome”.

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“Esta entidad específica fue descrita por primera vez en la literatura anestésica a finales de la década de 1940 por Mendelson, en una serie de mujeres que aspiraron durante anestesia obstétrica.

“En la serie de Mendelson, las 61 pacientes jóvenes y por lo demás sanas que aspiraron contenido gástrico líquido se recuperaron en 36 horas sin secuelas permanentes claras. (Otras 5 aspiraron material sólido, lo que resultó en 2 muertes por obstrucción de las vías respiratorias).

“Posteriormente, se ha puesto en evidencia un amplio rango de gravedad, desde la hipoxemia transitoria hasta el síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA).

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“Estudios sugieren que el 16,5 % de los pacientes que se cree que experimentaron aspiración desarrollaron SDRA. Si se presenta este cuadro, se trata de un subtipo particularmente grave, con una alta mortalidad” explica la revista Science Direct.

Horas dentro de la cisterna en Chimitá

El cadáver de Javier Ortiz Ramos, de 43 años —por quien tío y sobrino entregaron sus vidas—, permaneció durante horas dentro de la cisterna. Los expertos debieron ingresar con máscaras especializadas, balas de oxígeno y el apoyo del brazo de una grúa, para poder extraerlo sin arriesgar más vidas humanas.

Las autoridades confirmaron que la tragedia comenzó a las 8:14 a. m., en el taller de metalmecánica industrial JL Lascarro SAS, ubicado en la calle 6 #17B-06, vía a El Palenque, kilómetro 1, en el municipio de Girón, Santander.

A esa hora, el trabajador Ortiz Ramos ingresó por una de las claraboyas a una de las cisternas para realizar labores de limpieza. Por causas aún bajo investigación, al parecer se produjo una explosión dentro del cilindro, aparentemente por saturación de gases inflamables. El estallido se sintió en todo el sector, según relataron otros trabajadores.

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—Fue como una bomba. El estallido fue durísimo. Se sintió ese cimbronazo... Enseguida, dos compañeros, un muchachito y su tío, corrieron para tratar de sacarlo, pero también respiraron los gases —relató uno de los presentes.

El teniente Clemente Jaimes, subcomandante del cuerpo de bomberos, informó que lograron extraer a las tres personas del interior del tanque.

—Se lograron sacar dos con vida (tío y sobrino), pero la tercera persona (Ortiz Ramos) ya no tenía signos vitales —señaló el oficial.

El cuerpo de Javier Ortiz Ramos, la primera víctima, permaneció dentro del tanque hasta aproximadamente la 1:00 p. m., cuando fue finalmente extraído con apoyo de un brazo hidráulico y herramientas especializadas.

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Ahora, las autoridades investigan si hubo fallas en los protocolos de seguridad del sitio, que alberga vehículos de transporte de líquidos inflamables. Las señales estaban ahí, marcadas en rojo: “Peligro”.

Pero ni las advertencias evitaron la tragedia, ni el instinto de ayuda de dos trabajadores logró salvar la vida de su compañero... ni la suya propia.

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