Las medidas tomadas por las autoridades para la prevención del coronavirus afectaron drásticamente la forma en que se da el último adiós a los fallecidos. Un periodista narra la forma en que él y su familia despidieron a su ‘nono’.

Publicado por: Jorge Mario Villamizar
Las medidas sanitarias y de prevención tomadas por las autoridades han afectado en cierta medida a toda la población y desde hace un mes las actividades cotidianas no se hacen de la misma manera. Uno de los cambios más fuertes y que afectad directamente los sentimientos y la tranquilidad de las personas es la forma en la que deben despedir a un ser querido.
Fallezca de forma violenta o natural, las medidas tomadas por funerarias y las iglesias, dadas las órdenes de las autoridades de salud, han limitado los rituales y homenajes a círculos cercanos. El periodista de esta casa editorial Daniel Leonardo Quintero y su familia atravesaron por difíciles momentos que el comunicador plasmó en la siguiente crónica:
Un adiós diferente
Atrás quedaron las multitudinarias ceremonias en las que los besos y abrazos servían para dar una luz de consuelo a quienes lloraban a cántaros la partida de sus seres queridos.
Hoy, la emergencia sanitaria que vivimos a causa del COVID-19 ha cambiado la forma en la que despedimos a nuestros muertos, eliminando toda muestra de afecto y reduciendo significativamente el número de personas que pueden asistir a las honras fúnebres.
Serían las 9:00 de la mañana del domingo cuando me disponía a iniciar una nueva jornada laboral desde mi casa. Pero la agenda periodística que llevaba para ese día se vino abajo tras recibir una llamada que me sembró mucho dolor.
“El ‘nono’ acabó de fallecer. No hubo nada que hacer”, fueron las palabras que un familiar me alcanzó a decir desde la otra línea antes de sucumbir en llanto y quedar en shock.
Mi abuelo, José Leonardo Duarte Serrano, se encontraba internado en un centro médico de Bucaramanga desde hace un par de días atrás batallando por su vida. Pese a que siempre gozó de buena salud, a sus 86 años un cáncer de vejiga empezó a deteriorar su cuerpo de forma rápida, hasta apartarlo del mundo terrenal.
Las muestras de solidaridad y afecto no tardaron en llegar, decenas de personas (entre vecinos, amigos, compañeros y demás allegados) querían asistir a darle el último adiós a don Leonardo, un hombre que supo ganarse el cariño de muchos gracias a su espíritu de servicio. Pero esta vez, acatando las reglas de las autoridades sanitarias, veíamos venir una ceremonia más discreta e íntima.
El primer cambio fue la medida de la funeraria en donde sólo permiten a seis personas el ingreso a la sala de velación; pese a que pueden permanecer en el lugar por turnos, como familia decidimos que sólo los familiares cercanos acudiéramos al velorio.
La celebración eucarística también estuvo restringida. Aunque se realizó en un cementerio que es un campo abierto, sólo 10 personas pudimos estar en la celebración y además nos tocó sentarnos en bancas separadas.
No hubo espacio para las muestras de cariño que ayudaran a sobrellevar la perdida de nuestro ‘nono’.
“Es muy triste perder un ser querido en medio de esta pandemia, no nos podemos despedir como queríamos. El nono hubiera llenado la iglesia y la funeraria porque era muy apreciado en el barrio Mutis”, dijo uno de los pocos asistentes a las honras fúnebres.
Y precisamente para todos aquellos que no pudieron acudir al funeral, los hijos optaron por la cremación. Esto para que, en la posteridad, cuando la emergencia termine, se pueda celebrar una multitudinaria eucaristía para honrar y recordar con gran amor su memoria.
Un duelo más difícil
La psicóloga Viviana Rangel Manzano explicó que este tipo de casos pueden hacer más complicado el proceso de duelo para las familias, y más para los seres queridos de las personas que fallecen a causa del COVID-19.
“El solo hecho de no poder ver el cuerpo del familiar, de no haber podido acompañarlo en sus últimos momentos de vida, podría estar volviendo patológico el duelo”, afirmó la especialista.
Rangel recomendó estar pendiente de los seres más cercanos, de sus afectaciones en el sueño, del apetito, desánimo, tristeza, entre otros, que perduren en el tiempo.
“Sobre todo a cambios abruptos en las labores, en las responsabilidades, en la atención o en la forma de relacionarse; por ejemplo, cuando se tiene un comportamiento retraído y de aislamiento, cuando solía ser una persona extrovertida”, finalizó la psicóloga, quien recomendó que si la situación se mantiene durante más meses, es importante considerar la ayuda profesional.















