Desde el 2018, este colegio abrió sus puertas a estudiantes migrantes, principalmente provenientes de Venezuela, que buscan no solo una educación, sino también una oportunidad para reiniciar sus vidas.

En la Comuna 4 de Bucaramanga, entre los barrios 12 de Octubre y Santander, se encuentra la Institución Educativa San Francisco de Asís. Este centro educativo, reconocido por su compromiso con la diversidad y la inclusión, acoge a una comunidad estudiantil donde más del 50 % son migrantes, retornados, y en muchos casos, familias compuestas por hermanos y primos que comparten tanto el salón de clases como sus historias de vida.
“La integración de estos estudiantes no solo beneficia a ellos; ha impulsado a nuestra Institución a mejorar su cobertura y calidad educativa”, según lo destacado por Gerardo Andrés Barbosa, rector de la Institución. “Nos hemos convertido en un lugar de bienvenida que no exige certificados previos. Nos encargamos de todo el proceso de matrícula, asegurando que cada niño pueda ejercer su derecho a la educación”, añade Barbosa.
Con una matrícula actual de alrededor de 755 estudiantes, la Institución Educativa San Francisco de Asís ha implementado procesos pedagógicos innovadores para promover una integración genuina y significativa.


La colaboración con Migración Colombia ha sido clave para que los estudiantes obtengan su Permiso por Protección Temporal (PPT). Además, una alianza estratégica con el Centro Intégrate de Bucaramanga les ha permitido facilitar el acceso a servicios esenciales para las familias migrantes.
“Como institución, nuestra misión es proporcionar igualdad de derechos sin discriminación alguna, independientemente del lugar de origen o nacimiento. Buscamos garantizar esto para todos los estudiantes, ya sean colombianos o venezolanos”, comentó José Darío Durán, orientador escolar.
La integración en San Francisco de Asís no se limita a la simple inclusión en el aula, también ha desarrollado iniciativas educativas como los talleres “Mi Panita, Mi Amigo”, en colaboración con la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Estos talleres fueron fundamentales para que los estudiantes pudieran explorar y reconocer sus potenciales a través del conocimiento compartido por periodistas de Vanguardia. “Estas clases fueron valiosas, nos ayudaron a ponernos en el lugar del otro y a ser más empáticos con la población migrante que, al igual que nosotros, viene con sueños y aspiraciones”, explicó Durán.
La formación como herramienta para integrarse
Y es que cada día que pasa es un testimonio de cómo la educación puede ser una herramienta poderosa para la cohesión social. Los estudiantes no solo aprenden matemáticas, ciencias, o lenguaje; también le apuesta a la construcción de puentes de diálogo y solidaridad. En cada aula, se tejen historias de resiliencia y esperanza, donde cada niño, niña y adolescente, sin importar su procedencia, encuentra un espacio para crecer y soñar.
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Esta institución educativa se ha convertido en un ejemplo de integración en Bucaramanga, con una población migrante que llega a los 59.570, mostrando cómo la solidaridad y el apoyo mutuo pueden transformar vidas. Un caso emblemático es el de Alejandro Palacio, un estudiante con discapacidad que logró obtener su silla de ruedas gracias a las rifas organizadas por sus compañeros.
Incluso, actividades como los bazares culturales que celebran la gastronomía venezolana y colombiana, son esenciales para fortalecer la cohesión. “Estos eventos son muy significativos para mí”, destaca Darielis Castro, personera de la Institución. “Escuchar el himno de mi querida Venezuela durante los actos simbólicos me llena de emoción y me transporta a mi ciudad natal, Caracas”, comenta esta joven.

La convivencia diaria en la institución se caracteriza por un respeto mutuo que ha eliminado por completo cualquier indicio de xenofobia. “En los últimos años, no hemos tenido ningún caso de xenofobia. Los estudiantes se reconocen como iguales, lo cual es fundamental”, expresó Durán.

Yuscarlys Pérez, madre de tres hijos que asisten a la institución, resalta la importancia de este ambiente acogedor. “Llegamos a Bucaramanga hace seis años, mis hijos fueron recibidos con los brazos abiertos en San Francisco de Asís, y la experiencia ha sido excelente, la inclusión y el respeto que han encontrado aquí se reflejan en su rendimiento académico”, puntualizó Pérez.
Sin embargo, el reto del colegio va más allá de la inclusión y de las acciones individuales, ya que la realidad en las instituciones educativas del país muestran desafíos en la formación y sensibilización de sus comunidades frente a la xenofobia. “La falta de formación adecuada sobre temas de diversidad y derechos humanos contribuye a un entorno en el que los prejuicios y la discriminación pueden prosperar, las escuelas deben desarrollar estrategias que no solo sancionen el comportamiento xenófobo, sino que también eduquen y prevengan tales actitudes desde la raíz”, añade el orientador.
San Francisco de Asís ha respondido a estos desafíos con la implementación de programas y prácticas educativas que promueven la empatía. “La colaboración estrecha con los padres de familia y la sensibilización sobre la xenofobia debe ser una tarea conjunta que trascienda las paredes del aula, involucrando a todos los actores sociales en la creación de un entorno seguro y respetuoso para todos los estudiantes”, concluye el rector.















