Magazín cultural
Sábado 13 de junio de 2026 - 04:04 AM

Monguí, la capital del balón que aún se cose a mano en Colombia

En Monguí, Boyacá, cientos de manos mantienen vivo el oficio de coser a mano el balón de fútbol, lo que ha dado identidad al municipio durante más de 90 años.

Lejos de los estadios profesionales, decenas de familias boyacenses mantienen un oficio que exige paciencia, fuerza y precisión. En Monguí, la fabricación artesanal de balones sigue siendo motor económico, atractivo turístico y símbolo de resistencia frente a la competencia extranjera.
Lejos de los estadios profesionales, decenas de familias boyacenses mantienen un oficio que exige paciencia, fuerza y precisión. En Monguí, la fabricación artesanal de balones sigue siendo motor económico, atractivo turístico y símbolo de resistencia frente a la competencia extranjera.

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Publicado por: John Arias

Monguí vive del fútbol sin haber producido grandes estrellas deportivas. No cuenta con equipo profesional, ni estadio como tal. Pero sus balones han rodado por ligas colombianas, patios de barrio e incluso canchas internacionales, llevando el talento de su gente por el mundo.

Este pueblo, ubicado a casi 3 mil metros de altura en Boyacá, conserva la tradición artesanal de coser balones. La elaboración a mano implica puntadas, con hilo de nylon y cera de abejas, que dejan callos y pinchazos. Aunque el proceso se ha modernizado, aún algunas familias combinan este arte con el campo.

Monguí forma parte de la Red de Pueblos Patrimonio de Colombia y atrae turistas que no solo vienen por los paisajes del Páramo de Ocetá, la Basílica de Nuestra Señora de Monguí o el impresionante Puente de Calicanto, uno de los monumentos coloniales famoso por su arquitectura del siglo XVII, construido con una mezcla de cal, arena, sangre de res y melaza.

Los curiosos llegan para conocer en detalle este oficio que requiere precisión, fuerza en las manos y paciencia. Lea también: El balón que suena, la pasión que une: la lección de vida de Juan David Pérez

En Monguí, Boyacá, el fútbol también se cuenta a través del arte. En la plaza principal destacan una escultura de una abuela cosedora y un monumento de dos manos sosteniendo un balón, homenajes a las generaciones de artesanos que han convertido a este municipio en la capital colombiana del balón. Más que adornos urbanos, estas obras representan la identidad, el trabajo y la tradición que han marcado la historia del pueblo durante más de 90 años.
En Monguí, Boyacá, el fútbol también se cuenta a través del arte. En la plaza principal destacan una escultura de una abuela cosedora y un monumento de dos manos sosteniendo un balón, homenajes a las generaciones de artesanos que han convertido a este municipio en la capital colombiana del balón. Más que adornos urbanos, estas obras representan la identidad, el trabajo y la tradición que han marcado la historia del pueblo durante más de 90 años.

En la plaza principal existe una estatua de una abuela cosedora y una escultura de dos manos sosteniendo un balón, como homenaje a los hermanos Ladino, quienes convirtieron a este municipio en ‘capital del balón’.

En Monguí, Boyacá, el fútbol también se cuenta a través del arte. En la plaza principal destacan una escultura de una abuela cosedora y un monumento de dos manos sosteniendo un balón, homenajes a las generaciones de artesanos que han convertido a este municipio en la capital colombiana del balón. Más que adornos urbanos, estas obras representan la identidad, el trabajo y la tradición que han marcado la historia del pueblo durante más de 90 años.
En Monguí, Boyacá, el fútbol también se cuenta a través del arte. En la plaza principal destacan una escultura de una abuela cosedora y un monumento de dos manos sosteniendo un balón, homenajes a las generaciones de artesanos que han convertido a este municipio en la capital colombiana del balón. Más que adornos urbanos, estas obras representan la identidad, el trabajo y la tradición que han marcado la historia del pueblo durante más de 90 años.

Las románticas calles empedradas están demarcadas por casas con fachadas blancas, adornadas con puertas, balcones y ventanas en madera pintadas de verde con detalles rojos y dorados. En una de estas calles se encuentra un pequeño Museo del Balón, con máquinas antiguas, fotos en blanco y negro que conservan la historia de este municipio fundado en 1601.

A pesar de la competencia de productos asiáticos más baratos, las familias persisten innovando y manteniendo la calidad. De hecho, en el pueblo existen unas 45 fábricas dedicados al arte elaborar los balones que mueven la economía del pueblo, Así, el balón de Monguí no es solo un objeto deportivo: es empleo, identidad cultural y una lección de resiliencia.

Monguí: el pueblo patrimonio que convirtió un balón en su mayor tesoro
Monguí: el pueblo patrimonio que convirtió un balón en su mayor tesoro

De esta manera, visitar Monguí es entender que la grandeza del deporte incluso está en las manos callosas de quienes cosen cada hexágono con amor y tradición.

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Un oficio en el corazón de las generaciones

Los talleres familiares mantienen viva esta tradición de más de 90 años, gracias al legado de Froilán Ladino Agudelofue, un destacado artesano reconocido históricamente como el pionero de la industria de balones en Colombia. Desde entonces, de las ventanas y balcones del pueblo cuelgan balones de diferentes tamaños y colores, como un símbolo vivo de esa herencia.

La tradición balonera de Monguí nació gracias a Froilán Ladino, quien introdujo la técnica de fabricación artesanal tras aprenderla en Brasil, convirtiendo al municipio en la "cuna del balón" de Colombia.
La tradición balonera de Monguí nació gracias a Froilán Ladino, quien introdujo la técnica de fabricación artesanal tras aprenderla en Brasil, convirtiendo al municipio en la "cuna del balón" de Colombia.

María José Díaz Rincón creció entre estantes llenos de balones hechos puntada a puntada. Sus padres fundaron la fábrica Élite en 2004, cuando ella apenas tenía cerca de cinco años. Su padre trabajaba en una mina de carbón, pero al ver cómo prosperaba el oficio, decidió unirse. Hoy allí trabajan seis personas directamente, incluyendo a hermanos y tíos. Indirectamente, este taller es fuente de ingreso para otras 20 personas que adelantan labores como la preparación del cuero, corte de paneles, cosido, vulcanizado y control de calidad.

“Quienes visitan el pueblo pueden apreciar cómo han evolucionado los balones a lo largo de la historia. Primero se hacían con las vejigas de cerdo infladas, ahora incluso existen diseños de balones de última tecnología”, comenta María José.

Monguí, en Boyacá, construyó su fama gracias a una tradición que ha pasado de generación en generación: la fabricación de balones. Hoy, más de 40 fábricas familiares mantienen vivo un legado que impulsa la economía local y atrae visitantes de todo el país.
Monguí, en Boyacá, construyó su fama gracias a una tradición que ha pasado de generación en generación: la fabricación de balones. Hoy, más de 40 fábricas familiares mantienen vivo un legado que impulsa la economía local y atrae visitantes de todo el país.

Aunque actualmente se mantienen técnicas artesanales, el negocio se ha industrializado. La mayoría de la producción actual usa materiales sintéticos más resistentes para las canchas reales, mientras que las esferas de cuero cosido a mano se convierten en obras de arte o reliquias que pocos se atreven a patear. “Es algo que tal vez no se vea en otro lugar de Colombia, realmente somos el pueblo balonero”, dice con orgullo Díaz.

Monguí, la capital del balón en Colombia: una tradición que resiste y se reinventa
Monguí, la capital del balón en Colombia: una tradición que resiste y se reinventa

Además, la joven cuenta que ahora se cuenta con diferentes herramientas como máquinas de enmayar y las termoselladoras que han optimizado los procesos para llevarles a los clientes los balones de fútbol, baloncesto, voleibol, entre otros deportes, con una inmensa variedad de colores y tamaños. “Tenemos balones con diseños generales, alusivos a los mundiales, a tamaño real o incluso en miniatura, para que los hinchas de los diferentes equipos adornen sus casas u oficinas”.

Aunque los productos importados dominan gran parte del mercado, las familias de Monguí continúan innovando para mantener viva una industria que nació hace más de nueve décadas. Entre máquinas modernas y costuras artesanales, el municipio sigue escribiendo su historia alrededor del balón.
Aunque los productos importados dominan gran parte del mercado, las familias de Monguí continúan innovando para mantener viva una industria que nació hace más de nueve décadas. Entre máquinas modernas y costuras artesanales, el municipio sigue escribiendo su historia alrededor del balón.

Según Díaz, diariamente en su fábrica tienen capacidad de fabricar entre 100 y 150 balones diarios, ya sea para instituciones corporativas, escuelas de fútbol, tiendas deportivas o fanáticos. “Esta cifra depende del clima, pues el secado del pegante varía si el día está soleado o húmedo. Aunque aún no hemos exportado, hemos enviado balones a prácticamente toda colombia. Realmente, este oficio es un gran pilar de nuestra economía, pues incluso hemos fortalecido el turismo”.

María José recuerda que quienes pasen por Monguí pueden vivir realmente una experiencia inmersiva, mientras conocer de primera mano la labor del oficio. “Pueden venir a conocer los talleres e incluso a crear con sus manos su propio balón... Pueden hacer todo un recorrido para apreciar cómo han variado los diseños y la calidad de los materiales”.

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Entre talleres familiares, turismo y tradición, este pueblo patrimonio sigue fabricando los balones que ruedan por Colombia.
Entre talleres familiares, turismo y tradición, este pueblo patrimonio sigue fabricando los balones que ruedan por Colombia.

Gustavo Cely desde hace 44 años sigue la tradición de sus abuelos, quienes subsistían con la elaboración de balones cocidos en cuero, una labor de mucha dedicación. “Una persona que cose a mano puede hacer tres o por mucho cuatro balones en un día”, explica.

Años atrás la familia Cely adoptó la técnica de balones vulcanizados, que se elaboran mediante un proceso de calor y presión que funde sus capas generalmente de caucho o cuero sintético en un solo bloque. “Es algo más tecnificado, más bonito y perfeccionado. Podemos hacer hasta 200 diarios”, señala Gustavo.

El hombre trabaja en su fábrica BalonesGolgol junto a más familiares. Asegura que sus diseños únicos también llegan a todo el país desde hace 15 años. “Nos enorgullese ser un pueblo representativo por tantas microempresas familiares. Aquí todos son bienvenidos para que conozcan también la iglesia, el puente, el páramo de Ocetá y sobre todo su gente acogedora. Los esperamos a todos para que también se lleven un baloncito”.

las familias de Monguí continúan innovando para mantener viva una industria que nació hace más de nueve décadas. Entre máquinas modernas y costuras artesanales, el municipio sigue escribiendo su historia alrededor del balón.
las familias de Monguí continúan innovando para mantener viva una industria que nació hace más de nueve décadas. Entre máquinas modernas y costuras artesanales, el municipio sigue escribiendo su historia alrededor del balón.

Publicado por: John Arias

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