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Martes 21 de julio de 2026 - 11:48 AM

Dormir para huir: Una reseña de Mi año de descanso y relajación de Ottessa Moshfegh

¿Dormir durante un año puede silenciar el dolor? Mi año de descanso y relajación, de Ottessa Moshfegh, explora con humor negro la depresión, el privilegio y el deseo de escapar de la vida.

Dormir para huir: Una reseña de Mi año de descanso y relajación de Ottessa Moshfegh
Dormir para huir: Una reseña de Mi año de descanso y relajación de Ottessa Moshfegh

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Publicado por: Lynda Bula

Tener 365 días para callar los pensamientos y apaciguar el dolor sin hacer absolutamente nada más que pasar los días y las noches en la cama mientras las finanzas permanecen intactas, a simple vista, es un privilegio.

Esa fue la idea que le dio la escritora estadounidense Ottessa Moshfegh a la protagonista de su historia en Mi año de descanso y relajación, una novela publicada en 2018 que, con humor negro, narra la vida de una chica neoyorquina hermosa, con muchísimo dinero, pero que atraviesa una depresión de la que busca huir con la ayuda de una psiquiatra dispuesta a recetar toda la medicación que ella requiera, o al menos eso le hace creer.

Recién graduada y con una herencia generosa, ella, la protagonista sin nombre, decide no ser productiva y entregarse a los psicofármacos para aislarse de la sociedad. Una decisión que nace de las malas relaciones que ha tenido con todos los humanos que la han rodeado a lo largo de sus 27 años, incluso con sus padres, que ya murieron.

Solo Reva, su mejor amiga, se preocupa por ella; pero esta, a cambio, se comporta como un ser despreciable, grosero y egocéntrico. Tal como ha sido Trevor, un exnovio tóxico que sigue buscándola solo para complacer sus necesidades cuando él quiere, hasta el punto de abusar de ella mientras duerme.

“He llegado a saber que el rechazo es el único antídoto para el autoengaño”, manifiesta un día de tantos en los que lucha por estar bajo los efectos de los medicamentos, pero múltiples situaciones no le permiten lograr su objetivo.

Arma un cóctel con la medida exacta de Xanax, Ativan, Valium, Klonopin, Librium, Ambien, Lunesta, Rozerem, trazodona, Seroquel, litio, Nembutal, Seconal, Placidyl, Miltown y Noctec, entre otros, para, por fin, completar cuatro meses como una bella durmiente sin un príncipe que la rescate.

Un personaje que produce risa, desagrado, rabia y quizá un poco de tristeza es, tal vez, una fotografía real de que las enfermedades de salud mental no tienen estrato social y no distinguen privilegios.

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Según la OMS, más de mil millones de personas viven con algún tipo de trastorno —siendo la ansiedad y la depresión los más frecuentes—, afectando mayoritariamente a las mujeres.

Ese deseo de apagar la mente por lo menos un par de horas nos pasa a muchas personas que esperamos que después de eso aparezca una vida nueva, como la protagonista de esta historia, que inició un viaje profundo y despertó el 11 de septiembre de 2001, en un día mucho más caótico que aquel en el que empezó a ejecutar su plan.

Este es un libro para leer bajo su propio riesgo.

Publicado por: Lynda Bula

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