Con solo 13 años, Paula Flórez brilla en el BMX. Logró doble podio en Chile, compite con adultos y sueña con ser campeona mundial y olímpica.

A sus 13 años, Paula Valentina Flórez Herrera brilla por su velocidad, determinación y talento. La bicicrosista santandereana dejó en alto la bandera del departamento y del país en Chillán, Chile, donde se disputó el Campeonato Panamericano y Latinoamericano de BMX.
La deportista santandereana ocupó el tercer puesto en el Panamericano y repitió este mismo lugar en el podio en la categoría Challenger en el Latinoaméricano. Paula Flórez se coronó como una de las corredoras más rápidas del continente. Previamente, logró el primer lugar en la categoría mixta del Open Pre Panamericano, que se celebró en la misma pista.

La competencia, que se disputó del 5 al 6 de abril, es un más que esta deportista suma al enriquecedor recorrido que inició a los 4 años, en su natal Santander, donde descubrió que amaba saltar, acelerar y volar sobre dos ruedas.
Aunque practicó natación, patinaje y tenis, fue el bicicross el que le ganó el corazón. “Lo más importante era sentirme cómoda y feliz”, ha dicho. Y así, con esa convicción de niña libre, comenzó a escribir su propia historia en este deporte.

Desde 2018 participa en competencias nacionales y ya suma más de 60 medallas y trofeos, 19 de ellos obtenidos en torneos oficiales del país. En 2022 enfrentó a 76 niñas en el Campeonato Mundial de Nantes, Francia, donde también logró una hazaña: el podio la recibió como la tercera mejor del mundo en el BMX.
Paula no corre sola. La acompañan el aliento incondicional de sus padres, Viviana Herrera y Daniel Flórez. “Yo fui Selección Colombia de Patinaje, pero no quise imponerle nada. Ella solita se fue enamorando del deporte. Lo más importante es que corra feliz”, dice su madre, convencida de que los triunfos más valiosos no siempre se traducen en medallas.

“Uno de mis sueños es poder llegar a los Olímpicos. Ser campeona del mundo”


Paula ha demostrado que ser deportista es también una forma de ser humana. Entrena su cuerpo, pero también su mente. Ha aprendido a manejar la frustración, a reconocer sus emociones y a celebrar con humildad. “Mi talento no me hace mejor que nadie”, ha repetido con la madurez que pocos imaginan en una niña de su edad.
Publicidad
Su rutina no es sencilla: técnica, saltos, fuerza, arranque desde el partidor. Entrena en el club Bike Champions y lo hace con alegría, sin la presión que a veces ahoga los sueños. Sabe que aún tiene mucho por delante y que la clave es no agotarse antes de tiempo.
Tiene sueños grandes: llegar a los Juegos Olímpicos y convertirse en campeona del mundo. Pero también tiene los pies sobre la tierra y el corazón bien amarrado a su bicicleta.

















