Una persona murió la noche del viernes en El Cairo cuando la policía militar intentó dispersar en la plaza Tahrir a los manifestantes que pedían la salida del jefe del ejército, dos meses después de la caída del presidente Hosni Mubarak, que le confió la dirección del país.

Publicado por: AFP
El ministerio de Salud anunció que hubo un muerto y 71 heridos, algunos alcanzados por bala, otros afectados por problemas respiratorios, tensión o golpes.
El ejército confirmó la muerte en una conferencia de prensa. Fuentes médicas habían dado antes el balance de dos muertos y 18 heridos.
Se trata del primer muerto en una manifestación desde la caída de Mubarak el pasado 11 de febrero, por presión de una revuelta popular.
Este sábado al amanecer, la policía militar disparó al aire ráfagas de armas automáticas para dispersar a los manifestantes, según testigos.
Un autobús militar y un camión civil fueron incendiados, y cerca se podía ver un camión del ejército parcialmente calcinado. La policía militar desplegó alambres de espino y el suelo estaba cubierto de piedras.
La violencia provocó además el cierre por un período indefinido del Museo Egipcio, situado junto a la plaza Tahrir, anunció el secretario de Estado de Antigüedades, Zahi Hawas.
Los testigos afirmaron que el ejército golpeó a los manifestantes y empleó balas reales.
"No hemos utilizado balas reales", respondió un responsable del ejército, que pidió el anonimato y anunció que se ha abierto una investigación.
Este sábado por la tarde, unas mil personas seguían en la plaza Tahrir.
La víspera, decenas de miles de manifestantes pidieron en esta plaza emblemática que se juzgue a Mubarak y a otros altos responsables de su régimen, y criticaron abiertamente al ejército.
Algunos manifestantes dijeron que piensan permanecer en Tahrir hasta que se vaya el mariscal Husein Tantaui, al frente del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA).
El CSFA, un colegio formado por una veintena de generales, es el depositario del poder desde la caída de Mubarak. El mariscal Tantaui, de 75 años, fue durante dos décadas ministro de Defensa del derrocado presidente.
"He venido a Tahrir porque estamos asistiendo a una contrarrevolución", afirmó uno de los manifestantes, el estudiante Malik Asam. "Esperaba ver la otra cara del ejército. Si sigue así, verá la otra cara del pueblo", advirtió otro estudiante, Anas Mohamed.
Pese a la prohibición formal de su jerarquía, siete oficiales uniformados tomaron la palabra en la tribuna para apoyar a los manifestantes y pedir una depuración en las fuerzas armadas.
La contención observada por el ejército ante los manifestantes durante las protestas que provocaron la caída de Mubarak le valió a las fuerzas armadas una gran popularidad.
Sin embargo, su imagen se ha visto dañada recientemente por acusaciones de violencia y tortura, y por las incertidumbres y los desacuerdos persistentes en torno a la modalidad de regreso a un poder civil.
El ejército ha prometido devolver el poder a los civiles a final de año, después de que se celebren elecciones legislativas y presidencial. Muchos egipcios temen que los círculos del régimen de Mubarak se reciclen para perpetuarse en el poder.















