miércoles 06 de febrero de 2019 - 12:00 AM

Afganistán Exit

El statu quo parece mantenerse en Afganistán, país que tras 16 años de intervención extranjera, no ha logrado garantizar la estabilidad. Aunque los talibán están hartos de guerra, tampoco quieren dejar las armas.
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El dilema afgano: así puede resumirse la realidad que ensombrece el panorama de estabilidad de un país que luego de 16 años de ocupación extranjera liderada por Estados Unidos, no logra ponerle punto final a una guerra e imponer la paz.

Estados Unidos, literalmente está atrapado en Afganistán. Ha aceptado que no puede “ganar” la guerra, y ha optado por una retirada de tropas que anunció a finales del año pasado el presidente Donald Trump.

La salida de cerca de 7.000 soldados (de un total de 14.000 desplegados actualmente), tan intempestiva como poco estratégica, ha despertado temores que dejarían inestable a Afganistán, que se suma a la actual turbulencia en Siria e Iraq.

Antes de abandonar el país asiático, Washington está tratando en Qatar de negociar con el grupo talibán cómo salir de este embrollo de la manera más honrosa posible.

Pero, frente a la negativa de los insurgentes de negociar mientras haya presencia extranjera en territorio afgano, prácticamente cualquier acuerdo de paz sin las garantías mínimas, resulta inviable y acarrearía un agravamiento de la violencia donde la población sería la que seguiría poniendo los muertos, como ha sido costumbre.

Razones del fracaso

Víctor de Currea Lugo, analista político y experto en Medio Oriente, atribuye el fracaso de Estados Unidos en Afganistán al énfasis en una intervención fundamentalmente militar, lo mismo que a las pocas políticas sociales en el corto plazo y sectorizadas en el sur del país, especialmente en las provincias de Kandahar y Helmand.

Además, considera que la política afgana se ha ido inclinando, por presión norteamericana, hacia el neoliberalismo, y como cuarto elemento, destaca que Estados Unidos intentó un modelo de devolverle la guerra al país que no funcionó.

Con esto último, De Currea Lugo se refiere a crear fuerzas de seguridad locales para que asumieran la seguridad en Afganistán, pero muchas de ellas terminaron por convertirse en el enemigo de EE.UU. cometiendo atentados contra las fuerzas norteamericanas.

“No han podido resolver el problema de seguridad, lo que han intentado es no reconocer su fracaso”, “es decir nos retiramos y allí les dejamos el problema”, señala el experto.

Para José Ángel Hernández, doctor en Historia Contemporánea y director de la Maestría de Historia Contemporánea de la Universidad Sergio Arboleda de Bogotá, la situación actual que vive Afganistán es consecuencia de las promesas de Estados Unidos y de Donald Trump.

Argumenta lo anterior en el hecho de que Trump dijo “que se retiraría de escenarios donde estaba gastando mucha plata”, sin importantes avances sobre el terreno.

Y al anunciar este repliegue, agrega el experto, lo más probable es que se genere un efecto dominó, donde los cerca de 20 mil soldados de otras nacionalidades presentes en suelo afgano, como Francia, España, y Alemania, sigan el ejemplo de Estados Unidos.

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Encrucijada

Estados Unidos está en una encrucijada, aunque no es la primera vez que se encuentra en una situación como esta, complementa Jaime Rosental, profesor de la Universidad Externado de Colombia, quien cita el ejemplo de Vietnam es perfectamente aplicable al caso afgano.

“Estados Unidos se involucra en conflictos muy lejos de sus fronteras y asume liderazgos y al final, la situación comprometedora en la que se coloca, lo obliga a tomar decisiones que no siempre son las más acertadas en la medida en que abandona el país, dejándolo prácticamente a merced de muchas fuerzas que atentan contra la misma estabilidad que buscaba proteger”, subraya.

Es, a su juicio, una novedad en la política puntual de Trump, de que EE.UU. “debe retirarse de conflictos que no le representan un beneficio sin tener en cuenta consideraciones de carácter político, regional o estratégico”.

Hay quienes consideran que esa retirada no puede ser tan acelerada sino gradual, y analistas piensan que si no se hace de manera planificada, la consecuencia inmediata será que esos espacios lo van ocupar los talibán, que hoy ocupan más de 40% del territorio afgano.

Y lo que es peor, no va a repercutir en beneficio de la estabilidad de Afganistán, y por el contrario, le dará la oportunidad, a grupos como el Estado Islámico, Al Qaeda y el mismo talibán de fortalecerse en ese país, lo cual terminaría por ser una situación que saldría de control, dice Rosental.

En efecto, De Currea Lugo asegura que no hay “ni ninguna razón real para que el Gobierno norteamericano no pueda derrotar a los talibán, ni ninguna posibilidad de que los talibán tomen el poder”. En resumen, están empatados, están empantanados.

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No se ponen de acuerdo
El problema fondo, afirma el profesor José Ángel Hernández, es que el presidente afgano Ashraf Gani, “se quedaría colgado de la brocha” porque las negociaciones que se han hecho en Doha y Qatar entre norteamericanos y representantes talibán para retirarse del país, se han hecho sin contar con el Gobierno que salió electo recientemente.
Lo que está claro es que hay una voluntad de Trump, por encima de la opinión de los asesores militares estratégicos, de retirar a los soldados de Afganistán, es evidente también que EE.UU. y sus aliados quieren controlar a los talibán en la medida de lo posible, pero desde luego no han podido eliminarlos de esa zona importante del territorio y además, porque se refugian en la vecina Pakistán, concluye.
Víctor De Currea Lugo, profesor de la Universidad Nacional
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