miércoles 27 de febrero de 2019 - 12:00 AM

Cristo roto, los casos de pederastia cada día lastiman más a la Iglesia

Uno de los funcionarios más altos de la Curia Romana, el cardenal George Pell, fue declarado culpable de violar a dos monaguillos. Un caso que arrastra la sombra de los abusos sexuales en la Iglesia Católica.

La caída de George Pell, antiguo número 3 de la Iglesia Católica y uno de los más estrechos colaboradores del papa Francisco, por violar a dos menores de edad, representa un renovado esfuerzo de limpiar la Iglesia Católica del flagelo de la pederastia, y de llevar ante la justicia a los abusadores, tras varias décadas de encubrimiento y silencio cómplice.

El cardenal de 77 años, quien con su imponente figura y su elocuencia personificaba la ortodoxia del catolicismo en Australia, fue condenado por abusar de dos menores de edad en la década de 1990, cuando era arzobispo de la Catedral de San Patricio de Melbourne. Aún no se ha fijado la pena que deberá purgar Pell.

La noticia, que ha trascendido esta semana, ha dado la vuelta al mundo, no solo por tratarse del más alto cargo de la jerarquía católica condenado por abuso de menores, sino también porque ocurre en momentos en que la Iglesia Católica está obligada a actuar frente a una creciente crisis por abusos sexuales a menores, cometidos por sacerdotes alrededor del mundo.

Como se recordará, los primeros casos de pederastia cometidos en el seno de la Iglesia salieron a la luz en la década de los 90 en Estados Unidos y en Irlanda, casi todos ellos en escuelas y orfanatos.

Uno de los escándalos más sonados sacudieron a la Archidiócesis de Boston (EE.UU.) cuyo cardenal Bernard Law (fallecido en 2017), tuvo que renunciar en 2002 a su puesto por encubrir a 250 curas pederastas, y a la de Los Ángeles. El cardenal de esta última Diócesis, Roger Mahony, quien dejó el cargo y se trasladó a una parroquia, de la que fue finalmente destituido en 2013 cuando se probó que tuvo conocimiento de abusos y los ocultó deliberadamente.

Y en julio de 2018, el papa Francisco aceptó la dimisión del cardenal Theodore McKarrick, arzobispo emérito de Washington, de 88 años, acusado de abusar sexualmente de un adolescente.

México también ha sido protagonista de uno de los hechos más graves y emblemáticos de este delito. El fundador de la influyente congregación ultraconservadora Los Legionarios de Cristo, el padre Marcial Maciel, fue relevado en 2006 del sacerdocio bajo el pontificado de Benedicto XVI por abusar de menores, llevar una doble vida, con dos mujeres y tener varios hijos.

En Irlanda, responsables del Arzobispado de Dublín ocultaron por décadas los abusos sexuales cometidos por religiosos. Cerca de 14.500 niños fueron víctimas de esos abusos y cuatro obispos renunciaron en el marco del escándalo.

En lo que es el caso más reciente, la Iglesia Católica chilena está en el ojo del huracán: 158 personas (obispos, sacerdotes o laicos) son o fueron investigados por abusos sexuales contra un centenar de menores y adultos desde los años 1960.

Entre los nombres que figuran en la lista sobresale el del influyente sacerdote Fernando Karadima, formador de varios obispos, acusado de encubrir los abusos sexuales por parte de miembros del clero en el país austral.

El papa Francisco, que inicialmente restó importancia a los hechos, decidió hace algunos meses intervenir directamente en la crisis chilena y hasta ahora ha aceptado las renuncias de cinco obispos.

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Prioridad: las víctimas

Para el vaticanista Hernán Olano, la condena del cardenal Pell, quien se encargaba de las funciones económicas de la Santa Sede, junto con la condena inapelable del Sumo Pontífice en contra del cardenal MacKarrick, constituye una medida que justifica el que en la Iglesia la prioridad deben ser las víctimas.

En virtud de la condena, agrega, “se da plena configuración de la abolición de privilegios y del encubrimiento, que tanto daño ha causado dentro de la Iglesia”.

Olano describe en ese sentido que la institución eclesial no debe cansarse de hacer todo lo necesario para adelantar las acciones legales pertinentes, ni dedicarse a encubrir o subestimar ningún caso, ya que se ha dicho que “se necesita imponer un renovado y perenne empeño hacia la santidad de los pastores” en su calidad de religiosos.

Este punto de vista es compartido por la teóloga Catalina Hernández, quien considera que el fallo contra el alto jerarca religioso australiano es un paso adelante, y resalta que es el primer pontificado que se ha atrevido a poner estos temas sobre la mesa.

El papa Francisco, siguiendo la línea inaugurada por su predecesor, Benedicto XVI, quien renunció en 2013, y expulsó a cerca de 400 sacerdotes durante su pontificado, está empeñado en aplicar una política de cero tolerancia a la pederastia dentro del clero.

En su opinión, es importante lo que se está viendo con el problema de los abusos sexuales dentro de la Iglesia Católica, “porque no hay una prebenda”, y para ella, se traduce en una respuesta del papa Francisco a la fuerte crítica que ha recibido en el sentido de que la institución no está respondiendo fuertemente a las demandas de las víctimas.

Así que, concluye que la condena contra uno de los poderosos del Vaticano, supone “un hecho tangible” de que la Iglesia sí está respondiendo a las demandas y reclamos en lo que concierne a los abusos sexuales.

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IGLESIA EMPEZÓ REVISIÓN DE JERARQUÍA
Tras la histórica cumbre del Vaticano, la semana pasada, para tratar el asunto de los abusos sexuales que reunió a 114 conferencias episcopales de todo el mundo, las víctimas no quedaron conformes y reclamaron medidas contundentes y de fondo al papa Francisco quien, como jefe de la Iglesia Católica, busca transformar la tradicional opacidad del asunto y poner fin a la política de encubrimiento sistemático que ha imperado. Al respecto, la teóloga Catalina Hernández estima que este primer acto da a entender que la Iglesia está empezando a revisar su jerarquía y las condiciones en las que dicha jerarquía aparece ante la sociedad actual.
“El papa fue muy claro la semana pasada cuando dice ‘vamos actuar’, de hecho no va a ser el primero sino que van a venir muchas cabezas detrás de él, tanto grandes como pequeñas”, señala la experta, quien asegura que en definitiva esta es la manera en que la Iglesia muestra su intención no solo de pedir perdón, sino también de que se imparta justicia.
Catalina Hernández, teóloga
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