viernes 08 de febrero de 2019 - 12:00 AM

Esclavitud sexual dentro de la iglesia

La Iglesia Católica, que ha estado durante los últimos años en la picota por abusos sexuales cometidos por sacerdotes contra menores, ahora enfrenta otro escándalo: las monjas como “esclavas y objetos sexuales”.

Al reconocer por primera vez los abusos de los que han sido víctimas religiosas y monjas, el papa Francisco está dando muestras de romper “la cultura del silencio” que durante siglos ha sido un secreto a voces al interior de la Iglesia Católica.

Las monjas han callado durante años por miedo a las represalias contra ellas mismas si denunciaban a los curas abusadores, un delito que ha tenido su fundamento en el poder que la Iglesia le ha dado a los sacerdotes.

El reconocimiento público que hizo el Pontífice, el pasado 5 de febrero, en un viaje de regreso a la Santa Sede desde Emiratos Árabes Unidos, de que sacerdotes y obispos han utilizado a monjas como “esclavas sexuales durante décadas”, es otro escándalo que se suma al de pederastia que sacude a la Iglesia, que cada vez se hunde en el desprestigio.

A los ojos de los críticos y los observadores, no es realmente una novedad, porque se trata de un problema recurrente del cual el Vaticano estaba al tanto desde hace mucho tiempo, pero que no ha hecho nada para remediarlo.

Como se recordará, el escándalo de abusos sexuales y de poder cometidos contras religiosas fue destapado por la periodista italiana Lucetta Scaraffia, directora del suplemento femenino del diario vaticano “L’Osservatore Romano”, quien en febrero de 2018 dedicó un suplemento para denunciarlos.

Inclusive salió a la luz la violación de monjas, que fueron forzadas a abortar o a criar hijos que no fueron reconocidos por sus padres clérigos, alrededor del mundo en países como Chile, Italia, Perú e India.

Pero las denuncias no acaban allí. También las monjas ha sido objeto de abusos de poder, pues suelen ser tratadas como sirvientas por cardenales y obispos, o son sometidas a una obediencia silenciosa.

Todo esto muestra la condición de opresión que sufren las mujeres dentro de la Iglesia.

Confesión histórica

Tras resaltar que es la primera vez en la historia de la Iglesia Católica que un Sumo Pontífice reconoce un problema de esta índole, Catalina Hernández, teóloga de la Universidad Javeriana de Bogotá, asegura que es lógico que haya suscitado críticas porque no debe limitarse a una simple confesión.

No obstante, asegura que es “una institución que por siglos ha guardado secretos, los escándalos de la Iglesia no son del siglo XXI sino del siglo VI”, pero opina que es un gran paso hacia el reconocimiento de que hay un problema.

Un paso que se traduce en no seguir cerrando los ojos ante el escándalo de religiosas victimizadas como resultado de la estructura de la misma institución a la que dedican sus vidas.

“Con el papa Francisco ha sucedido una cosa, que ha pasado a lo largo de la historia, y es que hay siempre un dirigente de cualquier institución, al que le caen todas las crisis en las manos, ya sea por el momento histórico, social o político. Lo que él (Papa) dice es que ‘sí es una realidad y estamos tomando medidas contra eso’”, afirma la teóloga.

Adicionalmente Hernández considera que hay un conocimiento más abierto en torno a la pederastia, y todo lo que supone este delito a muchos niveles, ya que en términos sociales y y morales es más punitivo, que en el caso de las mujeres.

“En el caso del niño es una víctima frágil, pero en el caso de las monjas, la pregunta es qué está sucediendo y además, qué pasa al interior de las órdenes de vida consagrada para mujeres”, se plantea la experta.

Se cuestiona además, cómo una monja es violada sistemáticamente durante dos años por un obispo en India, pero prefiere callar.

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El poder, la otra dimensión

En torno al tema, Hernán Olano, doctor en Derecho Canónico, aclara que el reconocimiento público que hace el Papa argentino, no solo se refiere a los abusos sexuales sino también de poder.

Lo anterior, si se tiene en cuenta que cuanto mayor es el poder, más peligroso es el abuso.

En efecto, recuerda que el vocero de la Santa Sede fue el encargado de salir a aclararlo, porque, según él, el Papa no quiso hablar solo de abusos sexuales sino abusos de poder, “donde la mujer queda degradada a un mero objeto, dentro del cual no hay reconocimiento a una dignidad y un proceso formativo de las religiosas”.

Sin embargo, el vaticanólogo remarca que el Pontífice creó hace algunos meses una comisión para la vigilancia y llevar a cabo el estudio y sanción de las personas que habían abusado de monjas en Chile.

Con esto se refiere al alboroto que protagonizaron en julio de 2018, una grupo de monjas de las 4.000 monjas ordenadas en el país austral (el doble de los sacerdotes) de la Congregación de las Hermanas del Buen Samaritano, en la región de Maule, luego de denunciar abusos sexuales y laborales.

Una circunstancia adicional, anota Olano, es que el papa Francisco, está muy comprometido y ha demostrado cero tolerancia en el clero, ya que todos los viernes se reúne con las víctimas de abusos en Casa Marta.

Igualmente, el experto en Derecho Canónico considera importante el concepto del Papa sobre el asunto, “porque permite apreciar que para él la mujer, empezando por María, es principalísima dentro de la Iglesia”.

Y esto, entonces, según él, alimenta los estudios que se están llevando a cabo acerca de la eventual ordenación de mujeres como sacerdotes.

Precisamente sobre este punto, la teóloga Hernández explica que el papel de la mujer ha variado significativamente desde lo que fueron las primeras comunidades cristianas, donde antiguamente eran sagradas y sacerdotisas; pero todo cambia en la Edad Media, cuando hace que la mujer sea considerada un objeto de la Iglesia.

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Crisis de la vida consagrada
Para la teóloga Catalina Hernández, lo que no es un secreto es que la vida consagrada está pasando por una d sus peores crisis en la historia.
En su concepto, las vocaciones ahora son supremamente frágiles y escasas, “entonces, evidentemente cuando las denuncias de abusos salen a la luz, desatan escándalos, pero el problema siempre ha estado presente”.
En ese sentido, explica que la figura del sacerdote hombre ha sido superestimada por la Iglesia Católica, no solamente por sus compañeros consagrados, sino por los laicos, es decir, el pueblo es el que más la enaltece.
“La figura del sacerdote se convierte en una especie de santo y la misma sociedad los ha puesto en un pedestal, y al enaltecerlos de esta manera, la misma sociedad valida sus actos”, concluye.
Hernán Olano, experto en Derecho Canónico
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