jueves 20 de febrero de 2020 - 12:00 AM

¿El principio del fin en Afganistán?

El anuncio de un acuerdo entre Estados Unidos y el grupo fundamentalista Talibán abre el camino para una negociación que permita poner fin con 19 años de una ‘interminable’ guerra en el país asiático.
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El 7 de octubre de 2001 fue una fecha funesta para Afganistán. El presidente estadounidense George W. Bush anunció la invasión a ese país asiático un mes después de los ataques terroristas del 11 de septiembre (11-S) en Nueva York y Washington.

Aunque Bush aseguró en ese entonces que el régimen Talibán acusado de albergar a Osama bin Laden y a la red terrorista Al Qaeda responsable de los atentados del 11-S “tenían los días contados”, Estados Unidos terminó atrapado en una guerra, la más larga de su historia, que ha dejado más de 100 mil muertos (unos 42 mil civiles) y costado entre uno y siete billones de dólares.

Ni sus sucesores, Barack Obama y Donald Trump, han sabido ponerle fin a un conflicto, y se han visto desbordados en el terreno por un país tribal, una feroz resistencia talibán y la falta de claridad política desde que inició la invasión.

James Dobbins, un antiguo diplomático estadounidense que sirvió como enviado especial en Afganistán para Bush y Obama, lo ilustró así: “No invadimos países autoritarios para democratizarlos. Invadimos países violentos para convertirlos en pacíficos y claramente hemos fracasado en Afganistán”.

Frente a esta debacle afgana, el anuncio esta semana de un acuerdo entre Washington y el grupo islámico Talibán revive la frágil esperanza de negociar una paz duradera en esta nación del centro de Asia, luego de casi dos décadas de guerra civil.

La firma del acuerdo, que se formalizará a finales de este mes en una ceremonia en Doha, capital de Catar, precisamente donde comenzarán las conversaciones del Talibán con el Gobierno afgano.

Contempla como puntos clave la retirada escalonada de las tropas estadounidenses (14.000 efectivos) y la liberación de presos talibán (5.000 de un total de 11.000) y de otros 1.000 soldados afganos.

Lo que hay en realidad es un principio de acuerdo entre el gobierno de Donald Trump y el Talibán para ver si se avanza hacia un proceso de paz definitivo, describe Matías Alejandro Franchini, profesor de la Facultad de Ciencia Política de la Universidad del Rosario.

Sin embargo, reconoce que la situación es incierta, teniendo en cuenta que en el pasado hubo también avances en las negociaciones pero finalmente naufragaron.

Fue en octubre de 2018 cuando se reunieron ambas partes, por primera vez desde la caída del régimen Talibán en 2001 tras la invasión de la coalición internacional liderada por EE.UU, para sentar las bases de un proceso de negociación.

Así las cosas, Franchini insiste en que “es un primer paso en un contexto difícil porque lo que busca este cese al fuego es bajar el nivel de violencia en Afganistán que ha sido muy fuerte en los últimos meses”.

Si bien afirma que no está claro o sea posible llevar esto a la práctica. “El Talibán no es un actor único, sino que Afganistán hoy está dividido por cuestiones sectarias, religiosas y étnicas”, remarca.

Argumenta que es muy complicado que esta facción islámica pueda garantizar una reducción sistemática a la violencia que abra la puerta a un acuerdo definitivo.

Barish Tugrul, profesor titular de la Universidad Hacettepe en Ankara (Turquía) y con Doctorado en Ciencia Política, considera por su parte que la Administración Trump quiere acabar con esta primera fase cuanto antes y retirarse de Afganistán, asegurándose que los talibán van a acabar con los atentados violentos.

Agrega en ese sentido, que para Trump la presencia militar en Afganistán no significa nada más que un enorme coste económico.

Ahora bien, una vez sea rubricado el Acuerdo de Doha, se abrirá realmente lo que se podría calificar un “acuerdo de paz” entre los talibán y el Gobierno afgano, estima Tugrul.

“Entonces lo que podemos llamar a esto es como un “pre-acuerdo que abrirá una puerta importante para un posible acuerdo de paz”, enfatiza el experto turco.

¿Y el Gobierno afgano?

Un punto importante en este asunto es qué pasa con el Gobierno afgano.

El docente Franchini recuerda que el Gobierno afgano se ha mostrado repetidamente insatisfecho porque no fue incluido en las negociaciones entre EE.UU. y los talibán.

A lo que se le suma, según él, que el presidente Ashraf Ghani se encuentra en una posición compleja, debido a que luego de las elecciones hace cinco meses, donde salió reelecto, está asediado por denuncias de fraude por parte de la oposición.

En definitiva, hay “una situación doméstica en términos de política y seguridad nacional muy complicada”, reitera el docente universitario.

Igualmente hace énfasis en que el temor del Gobierno afgano es que EE.UU. llegue a un acuerdo con los talibán que garantice que no va a proteger grupos terroristas que atenten contra los intereses norteamericanos, pero a su vez, no incorpore ningún tipo de garantía para el propio Gobierno afgano.

Algo que destaca José Ángel Hernández, director de la Maestría en Historia de la Universidad Sergio Arboleda, quien señala que para llegar a este primer acuerdo no se tuvo en cuenta al Gobierno afgano.

En líneas generales, el presidente Ghani no ha tenido ni voz ni voto, por lo cual Hernández duda que los talibán vayan a respetar a un Gobierno proestadounidense, en el momento que salgan las fuerzas de la coalición de la OTAN de Afganistán.

Sobre el papel que desempeñará EE.UU. una vez se retire del país asiático, Tugrul considera que será un intermediario entre los talibán y el Gobierno afgano.

“Y esta segunda fase desde luego consumirá mucho más tiempo y esfuerzo porque ambas partes del conflicto demandan modificar las estructuras del Estado según sus propios intereses”, plantea el académico turco.

Por un lado, sostiene que el Gobierno afgano no quiere ceder su poder y, por tanto, quiere mantener el sistema actual, y los talibán quieren una modificación tirando hacia un sistema más islamista en el que podrían empoderarse con más facilidad.

“Aunque lleguen a un acuerdo sobre la cuestión de presos, será un proceso muy frágil ya que ambas partes tienden excluir uno al otro en un futuro estado afgano”, sentencia Tugrul.

Lo mismo piensa Hernández, quien advierte una situación muy complicada, y si a esto se le suma que una gran parte de Afganistán apoya a los talibán y un 40% de la población no es talibán, “pues la paz en la zona no está garantizada”.

Lea además: Afganistán Exit

El interés de EE.UU.

En medio de este contexto incierto, el director de la Maestría en Historia de la Universidad Sergio Arboleda reitera que lo que le interesa a Estados Unidos y a Occidente es que “Afganistán no se convierta en una base de futuros terroristas”, y los talibán garanticen eso, en caso de que la tropas extranjeras abandonen ese país.

“Trump está cumpliendo su palabra, tiene una prisa grande en salir de Afganistán, y además que le cuesta muy caro, pues ha dicho que es uno de los grandes errores de la Administración Bush”, anota Hernández.

Por último, Franchini también observa un trasfondo electoral del presidente Trump en seguir adelante con esta negociación en Afganistán, pues ha prometido terminar con las “guerras interminables”.

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