jueves 13 de diciembre de 2018 - 12:01 AM

Evo Morales va por un cuarto mandato en Bolivia

Evo Morales podría sumar 20 años en la Presidencia de Bolivia, hecho que genera una ola de rechazo en el país andino. La posibilidad de una Presidencia sin límites causa inquietud además en América Latina.
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Evo Morales se encamina hacia una cuarta reelección en Bolivia, en medio de inéditas protestas sociales y gracias a polémicas maniobras constitucionales para seguir en el poder, que lo podrían llevar a gobernar hasta 2025.

Sus detractores, entre ellos sectores indígenas, esos mismos que lo llevaron a la Presidencia en 2006, alegan que Evo, como se le llama, quiere atornillarse en el poder a toda costa, incluso pasando por encima de la ley y en contubernio con el poder judicial, lo cual sería un mal precedente que amenazaría la democracia.

De hecho, un cuarto mandato de Morales no es bien visto en el país más pobre de Suramérica. En un sondeo de octubre pasado, el 68% de los bolivianos rechaza su reelección. Ya en febrero de 2016, el pueblo le dijo con toda claridad, en un referendo, que “tres mandatos eran más que suficientes”.

Pero apelando a otras instancias, a finales de noviembre pasado, el Tribunal Constitucional abolió los límites a los mandatos establecidos en la Constitución de 2009, allanando el camino para que el presidente boliviano busque la reelección en los comicios de finales de 2019.

La sentencia es vista como un ‘golpe’ a la Constitución y que menosprecia la voluntad del pueblo boliviano, que no quiere más al exlíder sindical cocalero en la Presidencia, y cuyo gobierno está desgastado y enfrenta más conflictos y movilizaciones sociales.

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“Democracia disfrazada”

El caso de Evo Morales es el de un eje de la izquierda más radical en América Latina, que tiende a la autocracia, es decir cuando una sola persona gobierna sin someterse a ningún tipo de limitación, describe Juan Carlos Rozo, profesor de Letras y Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Houston, Estados Unidos.

Y agrega en tal sentido que los casos más ejemplares son el de Nicolás Maduro en Venezuela y Daniel Ortega en Nicaragua, “gobiernos que dejaron de ser democracias y ahora son una especie de autocracia, o más bien dictaduras disfrazadas como democracias con elecciones amañadas”.

Por ese mismo camino va Morales, según Rozo, quien argumenta que “sigue la idea de que una revolución sociopolítica requiere de un solo líder, de un caudillo, que pueda liderarla de manera indefinida por un largo tiempo”.

Esta situación, a juicio del experto, violenta la institucionalidad y los principios democráticos, lo que permite que crezca otro tipo de corrupción, que tiene que ver más con la adquisición de poder político y no económico. Y esto se observa con la compra de magistrados o la elección de jueces.

Para David Peña, docente de Derecho Internacional de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, Unab, en un sistema verdaderamente democrático, no solo basta elegir y ser elegido, sino conducir la democracia a una verdadera incidencia política, económica, social y cultural, entre otras, para así fortalecerla.

Es más, advierte que en el caso de Morales, “deja de ser un ejercicio democrático, para convertirse en uno de reelección en reelección disfrazada de democracia participativa, régimen unipersonal y omnipotente”.

Como se recordará, Morales llegó al poder en enero de 2006 y tres años después aprobó una nueva Constitución, que abrió las puertas de la reelección consecutiva por una sola vez en 2010. Pero impulsado por otro fallo controversial de la justicia que le abrió la ruta para postularse por tercera ocasión, el gobernante indígena repitió su triunfo en 2014.

“Si se sigue valiendo de aliados en el sector judicial es muy probable que se mantenga en el poder, pero va a estar más en la mira de la comunidad internacional y de veedores internacionales, y eso siempre afecta sobre todo su capacidad de maniobrar políticamente a nivel regional”, opina el profesor Rozo.

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Sobre el particular, el analista político Alexander Arciniegas, señala que si bien la candidatura de Morales para las primarias de 2019 tiene el aval del Tribunal Constitucional y más recientemente del Poder Electoral, el asunto es complejo políticamente considerando el resultado del referendo de 2016 en el que buscó legitimar una nueva reelección pero fue derrotado.

Menos apoyo, más polarización


Ahora bien, en su afán de consolidar su poder y gobernar sin límites, Morales está encontrando resistencia y voces opositoras.

De acuerdo con el experto Rozo, lo que se observan hoy son disidencias grandes en Bolivia y cita un caso importante, el de las comunidades indígenas, que representan más de 4 millones de personas en el país, y que fueron precisamente su gran capital electoral en las dos primeras elecciones presidenciales.

Considera que la pérdida de apoyos populares va a representar un debilitamiento muy grande de su mandato y de su capacidad de gobernar.

Por su parte, Arciniegas apunta que los hechos de violencia en la región de Santa Cruz de la Sierra atribuidos a sectores adversos a una nueva candidatura de Morales, se enmarcan dentro de la polarización que el tema despierta en la sociedad boliviana.

Un aumento de las tensiones que evidencia la crispación social, anota el profesor Peña, quien confía en que estas movilizaciones no se queden solo en marchas o protestas sino que se reflejen en los resultados de las próximas elecciones y para ello, insiste que es importante una veeduría internacional.

A pesar del rechazo que despierta la posibilidad de seguir en el poder, Morales ha logrado mantener a flote la economía boliviana a pesar de que Brasil, Argentina y otros países de la región se sumieron en una recesión.

En efecto, Morales, que maneja un discurso reivindicativo, ‘saca pecho’ asegurando que su país es el “más fuerte de toda la región” y que es el que “más creció económicamente en Sudamérica”.

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Al respecto, el analista Arciniegas destaca que el mandatario boliviano ha gobernado trayendo estabilidad política, crecimiento económico cercano el 5% anual, uno de los mayores de la región y políticas de inclusión social con reducción récord de la pobreza. Indicadores, que según él, no dejan de ser positivos, en un país que entre 2000 y 2005 tuvo cinco presidentes y era junto con Haití el país más pobre de Latinoamérica.

Pero Rozo sostiene que Morales también ha sido un presidente que se ha dedicado a la extracción de petróleo y ha fortalecido la minería en zonas con una relación estrecha con el territorio indígena boliviano. De allí que sean esas comunidades las que hoy se sientan traicionadas y decepcionadas con su líder aymara.

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