martes 04 de agosto de 2020 - 12:00 AM

La última etapa de Juan Carlos I: de la abdicación al descrédito

El paso dado por Juan Carlos de Borbón refuerza el compromiso que su hijo, el rey Felipe VI, adoptó en su proclamación de mantener una conducta ejemplar para ganarse la confianza de los ciudadanos españoles.
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La abdicación del rey Juan Carlos I en junio de 2014 puso el broche a 39 años de reinado y marcó un punto de inflexión en su figura, que desembocó primero en su retirada de la vida pública hace un año y, ahora, en su marcha de España, anunciada ayer, ante el descrédito causado por sus presuntos negocios ocultos en Suiza.

Figura clave para la democracia española, el anterior jefe del Estado pasó a ser cuestionado por el Gobierno y por una parte de la clase política española, a la espera de si los fiscales del Tribunal Supremo deciden si hay o no motivos para abrirle causa penal por supuestos delitos cometidos cuando dejó de ser inviolable al ceder el trono a su hijo Felipe VI.

Desde su abdicación, el rey emérito tuvo un protagonismo en actos oficiales que desembocó en su decisión de poner fin a su labor institucional en junio de 2019 con una carta enviada a Felipe VI.

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Las investigaciones de la Fiscalía de Ginebra sobre donaciones presuntamente vinculadas con Juan Carlos I, iniciadas en 2018 pero que no se conocieron hasta marzo de este año, dieron comienzo a los actuales problemas del rey emérito, que leo llevaron ayer a tomar la decisión de abandonar España.

El primer fiscal de Ginebra, Yves Bertossa, investiga desde hace dos años donaciones millonarias vinculadas con Juan Carlos I y su antigua amiga íntima Corinna Larsen, ante la sospecha de que se tratara de operaciones de blanqueo de dinero.

Con una movilidad física cada vez más afectada, el monarca emérito de 82 años volvió al quirófano en agosto de 2019 para someterse a una delicada intervención de corazón que se desarrolló con éxito.

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Juan Carlos I fue visto por última vez el 16 de junio pasado, cuando acudió a una clínica de la capital española para someterse a un chequeo médico.

El pasado 3 de marzo, el diario local Tribune de Genève revelaba que una de esas donaciones se elevaba a 100 millones de dólares, pagados por el Ministerio de Finanzas de Arabia Saudí a una cuenta en el banco privado suizo Mirabaud a nombre de la entidad panameña Lucum, de la que Juan Carlos I era único beneficiario.

Según aquella información, parte de ese dinero se retiró de la cuenta y la mayor parte del monto restante, unos 65 millones de euros, presuntamente se transfirió a Larsen a través de la sucursal de otro banco ginebrino en las islas Bahamas.

También se conoció entonces que la fiscalía suiza investigaba posibles vinculaciones entre estas sumas y supuestas comisiones pagadas al rey emérito tras la adjudicación a un consorcio de firmas españolas del contrato para las obras del tren de alta velocidad entre las ciudades saudíes de La Meca y Medina.

Aunque Bertossa llevó estas investigaciones con discreción, en noviembre del pasado año se supo que la fiscalía ginebrina había pedido a la Audiencia Nacional española audios de un encuentro que mantuvieron en Londres en 2015 el excomisario José Villarejo y Corinna Larsen en relación con estas pesquisas.

A raíz de que se conociera todo esto, el 5 de marzo la Fiscalía Anticorrupción española envió a Suiza una comisión rogatoria para recabar datos sobre la presunta donación de 65 millones de euros a Larsen.

Por otro lado, las investigaciones en Suiza llevaron a la Justicia española a retomar las pesquisas en torno al rey emérito, pese a que con anterioridad había renunciado a ello por falta de evidencias.

La semana pasada, un juez de la Audiencia Nacional citó a Larsen a declarar el próximo 8 de septiembre por los audios con Villarejo, en los que al parecer mencionaba las cuentas del rey emérito en Suiza.

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Una brecha y un distanciamiento

Todo este cúmulo de informaciones le llevó a Felipe VI a distanciarse de su padre, una brecha que ha terminado de agrandarse con la decisión del rey emérito de marcharse de España “guiado por el convencimiento de prestar el mejor servicio a los españoles, a sus instituciones” y a su propio hijo, según indicaba en su carta.

Ese distanciamiento se ha reflejado también en sus apariciones juntos, que se han limitado a algún encuentro familiar, el último de ellos el funeral por su hermana mayor, Pilar de Borbón, en enero pasado.

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Desde su abdicación, el rey Juan Carlos se ha prodigado más en su vida privada que en la pública, al refugiarse sobre todo en sus amigos y en aficiones como la gastronomía, las corridas de toros y, en especial, la navegación a vela.

En varias ocasiones ha disfrutado del fútbol en los estadios del Real Madrid y del Atlético de Madrid, y del tenis, animando a su amigo Rafa Nadal.

También ha conservado la afición a la Fórmula 1, aunque, cuando estuvo en el gran premio de Abu Dabi en noviembre de 2018, le generó un quebradero de cabeza su saludo al príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman, envuelto por entonces una polémica por sospechas de su presunta implicación en el asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi, ocurrido al parecer en el consulado de Arabia Saudí en Estambul.

Dato
El 15 de marzo, el rey Felipe VI renunció a la herencia de su padre y le retiró la retribución del Estado, aunque siguió manteniéndolo como miembro de la familia real.
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