domingo 02 de febrero de 2020 - 12:00 AM

Líbano: una ‘bomba de tiempo’

El país, uno de los más pequeños del mundo, enfrenta un incierto futuro en medio de gran agitación en las calles, sin estabilidad política y sin una salida fácil a la crisis económica que lo agobia.
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Líbano está al límite. Es uno de los países más endeudados del mundo: 86.200 millones de dólares, es decir el 150% de su PIB, uno de los más altos del mundo.

El colapso económico es, justamente, el origen de la profunda crisis que arrastra el país desde el pasado 29 de octubre, cuando su primer ministro, el sunita Saad Hariri, renunció bajo la presión de una ola de protestas.

El levantamiento popular se remota al 17 de octubre de 2019, luego que el Gobierno anunciara su intención de gravar las llamadas telefónicas, a través de servicios de mensajería gratuita por Internet, como WhatsApp.

Pero esto solo fue la ‘punta del iceberg’ del problema en un país con una clase política desprestigiada, diferencias sectarias, que lleva 29 años sin garantizar el suministro de electricidad a sus ciudadanos y con una crisis humanitaria por los cerca de 1,2 millones de refugiados sirios que huyeron de la guerra.

Ante este panorama, Líbano es “una bomba de tiempo”, advierte Hugo Fernando Guerrero, docente de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad de La Salle.

Solo con la decidida ayuda internacional, realmente Líbano puede salir de esta situación sin salida en que se encuentra, señala.

Sin embargo, la comunidad internacional ha condicionado el desembolso de 10.000 millones de euros prometidos en la conferencia de París de 2018 a la formación de un nuevo Gobierno que represente todas las confesiones religiosas del país de Medio Oriente, para lograr un equilibrio en el que todos los libaneses estén representados.

Es importante recordar que el Líbano está regido por un sistema confesional en que los principales cargos del Estado están repartidos entre las 18 comunidades religiosas reconocidas.

Para Víctor de Currea-Lugo, analista político, periodista y profesor de la Universidad Nacional de Colombia, el problema de Líbano se remonta al pasado, cuando para calmar la guerra del 89, se firmaron los Acuerdos de Taif, que no es otra cosa que repartir federalmente el poder entre las diferente confesiones religiosas, de tal manera que se preservará la paz.

No obstante, aclara que esa idea de un Estado y una nación no existe en el Líbano, “entonces a toda hora está frágil y a toda hora está en riesgo”.

Guerrero agrega en ese sentido, que en el Líbano es muy complicado “prever una solución política a una situación de vulnerabilidad económica que se ha venido profundizando como consecuencia de unos contextos de orden internacional que son muy difíciles de asumir por un país tan pequeño”.

En ese contexto, menciona otro elemento a considerar, la presencia efectiva del grupo chiíta Hezbolá, que domina el sur del territorio, y prácticamente legitimado por el Gobierno libanés, lo cual según él, muestra la “debilidad estatal” en ciertas zonas del país.

Si a ello se le suma “una estructura institucional que se ha debilitado desde los años 80, en donde claramente los gobiernos han sido percibidos como corruptos”, Guerrero opina que están dadas las condiciones para una crisis sin salida.

La carga humanitaria

El tema migratorio es, sin duda, un elemento que pesa en la crisis libanesa. Líbano ha recibido de la guerra en el vecino Siria cerca de 1,2 millones de refugiados para un país con apenas 6 millones de habitantes. “Eso implicaría de manera análoga como si Colombia recibiera aproximadamente 12 millones y medio de venezolanos”, estima Guerrero.

Frente a la crisis libanesa, José Ángel Hernández, experto en Medio Oriente y director de la Maestría de Historia Contemporánea de la Universidad Sergio Arboleda, alerta que el país está en una especie de confrontación continua sin que se llegue a ningún acuerdo.

En definitiva, es un país dividido, donde el Hezbolá se erige como una milicia muy fuerte, quizá más armada, y mejor estructurada que genera temor ente las demás facciones, especialmente los sunitas y los cristianos.

Lo que viene, en opinión de Hernández, es que seguirán las protestas y Líbano, que en el pasado era llamada “la Suiza de Oriente”, se sumirá en una “espiral de pauperización constante”.

Lea además: Hezbolá, por dentro y por fuera

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