Tecnología
Miércoles 08 de julio de 2026 - 01:19 PM

Un nuevo dilema entra al salón de clase

El avance de la inteligencia artificial en la educación ya no parece una discusión futura. En el aprendizaje del inglés, su uso crece con rapidez y obliga a docentes e instituciones a replantear cómo enseñar, evaluar y acompañar a los estudiantes.

Un nuevo dilema entra al salón de clase. Foto suministrada/VANGUARDIA
Un nuevo dilema entra al salón de clase. Foto suministrada/VANGUARDIA

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Publicado por: Redacción Tecnología

La inteligencia artificial generativa dejó de ser una herramienta ocasional para convertirse en parte de la rutina académica de miles de estudiantes. En el aprendizaje del inglés, su presencia empieza a modificar la forma en que se resuelven tareas, se corrigen textos, se practican conversaciones y se despejan dudas.

El debate, sin embargo, ya no gira únicamente alrededor de si estas herramientas deben permitirse o prohibirse. La discusión apunta ahora a un punto más complejo: cómo lograr que su uso fortalezca el aprendizaje real, sin reemplazar el pensamiento crítico, la autonomía ni las habilidades de comunicación.

Un estudio internacional desarrollado por Pearson junto a docentes y especialistas en educación e inteligencia artificial señala que el 64% de los estudiantes ya usa IA para actividades relacionadas con el estudio y que, entre quienes la emplean, el 80% lo hace al menos una vez por semana. Además, el 48% reconoce utilizarla directamente para resolver tareas académicas.

La investigación también advierte que las evaluaciones tradicionales, como ensayos, cuestionarios o trabajos para hacer en casa, son las más vulnerables al uso automático de estas herramientas. Por eso, plantea la necesidad de pasar de una evaluación centrada solo en el resultado final a otra que observe el proceso: cómo el estudiante piensa, argumenta, compara fuentes y justifica sus respuestas.

En ese escenario, los docentes también aparecen divididos. Algunos rechazan completamente la IA por considerarla una amenaza; otros la miran con cautela; y un grupo más la incorpora de manera activa en sus clases. La falta de políticas claras en colegios y universidades aumenta esa brecha y deja en manos de cada institución —o incluso de cada profesor— la decisión sobre cómo actuar.

Más que insistir en la prohibición, el informe recomienda fortalecer la alfabetización en inteligencia artificial. Esto implica enseñar a formular instrucciones, verificar información, identificar errores en las respuestas generadas y usar la tecnología como apoyo, no como sustituto del aprendizaje.

La conclusión es clara: la inteligencia artificial ya está en las aulas, incluso cuando no se la nombre. El reto será convertirla en una herramienta pedagógica capaz de acompañar el aprendizaje del inglés sin borrar aquello que sigue siendo esencial: comprender, pensar, hablar y escribir con criterio propio.

Publicado por: Redacción Tecnología

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