Ha dicho Yolanda Reyes en un reciente discurso en la Universidad de los Andes, que la inteligencia no puede ser artificial y que de hecho ambos términos se contradicen.
Me adhiero a cada una de sus palabras, a insistir en que precisamente la inteligencia y todo lo que hace en nosotros es absolutamente humano, el adquirir conocimientos, dominar un arte, crear desde lo artístico, son procesos tan nuestros como equivocarse, aprender del error, ir poco a poco, ralentizar la adquisición del saber.
De paso esto que Yolanda ha dicho justifica, y sin querer respalda, una campaña que el gran ilustrador de estas tierras, Carlos Díaz Consuegra, ha iniciado y que ha bautizado #Mano_contrata_un_humano. La denuncia de Carlos es más que consecuente: pareciera que en Santander no hay ilustradores, o, mejor dicho, que, para entidades públicas, privadas, universidades e instituciones culturales, los ilustradores no existen.
Cómo es posible que, en festivales de arte, eventos culturales, en universidades con facultades de diseño, en cajas de compensación, secretarías o institutos de cultura, se usen los recursos de la IA para hacer afiches y materiales de difusión.
Es lamentable que en eventos donde muy seguramente tienen asignados presupuestos para sus piezas publicitarias, esto termine en nada, en manos de alguien que no hizo mayor esfuerzo y que si podría dinamizar un sector clave en la cadena del libro o la del mismo diseño gráfico. Y como si no fuera suficiente: ¿De cuándo acá se puede dar como ganador de un estímulo a un proyecto hecho con IA?
Esto que denuncia Carlos no es algo para ver con superficialidad, todo lo contrario, es una perversa práctica que menoscaba la creatividad, el ingenio y el talento de cientos de artistas gráficos que tiene el departamento y que con toda seguridad está sufriendo una metástasis de poca creatividad en el país.
La IA, como otras invenciones humanas, no es en si el problema, el problema somos nosotros y el uso que le damos a inventos geniales. No podemos culpar al destornillador de matar a alguien. No estamos lejos de una pandemia de diseños falsos, de obras que inunden los anaqueles del arte sin haber sido hecha por artistas, de un vacío creativo que me atrevo a asegurar, no ha tenido antecedentes en la historia de la humanidad.
Fritz Leiber, un gran ficcionista de esa literatura serie b que circuló tanto hace 4 décadas y de la que hoy se sacan películas y series, vaticinó en 1961, que en el futuro los escritores, y diría yo que de paso los artistas, no hacían sus producciones, sino que máquinas, robots, las realizaban a la perfección y ellos se dedicaban a pulir su ego. La verdad, falta poco.

















