En la mañana del 27 de febrero de 2026, en una pequeña tienda contigua al edificio de la CDMB ubicado frente al parque Bolívar, y sin que nadie fuera consciente de lo que estaba a punto de comenzar, el director Juan Carlos Reyes increpó al Gobernador Juvenal Díaz por no hacerse presente en la asamblea que se estaba llevando a cabo en ese momento al interior de la Corporación, para escoger a unos representantes ante la junta directiva.
El lánguido espectáculo tiene varios puntos de discusión, pero la verdad es que Reyes sabía muy bien que el gobernador no tenía la obligación de estar en esa reunión, porque sus delegados estaban desde el inicio dentro de la misma.
La verdadera intención, para algunos, era aprovecharse del supuesto debilitamiento político que tenía el mandatario, para llevarlo a una discusión sin sentido que afectara su imagen y le restara autoridad ante la opinión pública. Lo que pensaba en ese momento la clase política que ha manejado la CDMB durante años, es que el general no sabía enfrentarse a las adversidades, y ahí estuvo su error de cálculo, ya que las personas a quienes ellos acusaban de ser sus protegidos, terminaron de Senador y Representante, listos para enfrentar la batalla que Reyes decidió comenzar: la disputa por la Gobernación en el 2027. Los políticos de la región nunca habían tenido que enfrentarse a un militar de guerra y por eso no entienden que la dinámica es distinta.

La elección llevada a cabo tiene visos de ilegalidad, que son fácilmente demostrables a la luz de los estatutos, los cuales después de veinte años se hace necesario modificar, porque no tiene sentido que una asamblea de alcaldes sea manejada a su antojo por el secretario de la entidad y su jefe, como si los mandatarios y el Gobernador fueran convidados de piedra.
La irracional arrogancia de Reyes, como en todas las luchas patrias, terminó marcando el inicio de las próximas elecciones locales en Santander, y en el poder, como en la vida, gana quien más resiliencia tenga. Díganmelo a mi.









