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Política
Domingo 28 de junio de 2026 - 01:00 AM

Antonella Farah Louis: Las tardes en el Sinú de Aberlardo De La Espriella

Mucho antes de las campañas políticas, el electo presidente compartía tardes de literatura, comida árabe y bolis de cola a orillas del río Sinú.

Mucho antes de las campañas políticas, el electo  presidente compartía tardes de literatura, comida árabe y bolis de cola a orillas del río Sinú.
Mucho antes de las campañas políticas, el electo presidente compartía tardes de literatura, comida árabe y bolis de cola a orillas del río Sinú.

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Publicado por: Antonella Farah Louis

Detrás de la llegada de Abelardo de la Espriella a la Presidencia y de José Manuel Restrepo a la Vicepresidencia también aparecen historias personales que ayudan a entender rasgos menos visibles de ambos dirigentes. Amigos de infancia, aliados de distintas etapas y personas que compartieron espacios familiares, profesionales y políticos relatan episodios que dibujan perfiles marcados por la cercanía, la disciplina, el liderazgo y la lealtad.

Los testimonios recopilados muestran una mirada distinta de la plaza pública y la campaña electoral. Desde encuentros en entornos privados y amistades construidas durante décadas, hasta recuerdos de colegio y momentos compartidos fuera del escenario político, las voces coinciden en describir facetas humanas que, según ellos, permanecieron intactas con el paso del tiempo. Este texto lo escribió Antonella Farah Louis para Vanguardia:

El Presidente que conocí

Al que antes llamaba amigo y hermano, hoy tengo el inmenso honor de llamarlo Presidente de Colombia. Siempre lo recuerdo profundamente interesado en las conversaciones de los adultos, especialmente embelesado por la gracia, la inteligencia y la sensibilidad de mi madre, con quien sostenía largas tertulias sobre arte, música y, sobre todo, literatura.

Era costumbre sentarnos alrededor de la mesa a disfrutar las delicias árabes preparadas por mi abuela: el kibbeh crudo, el laban —esa leche cortada cuyo sabor era sencillamente inolvidable— y tantos platos que reunían a toda la familia. Después llegaba la sobremesa, entre risas, historias y evocaciones de la milenaria cultura árabe, de nuestras raíces y de nuestros ancestros. Y, como el mejor cierre de aquellas tardes, estaban los bolis de cola con leche y coco que preparaba mi tía Mary, pequeños detalles que hoy hacen parte de los recuerdos más entrañables de nuestra infancia.

Si hay algo que define a Abelardo es su lealtad. Es un amigo de sus amigos. Un ser humano extraordinario, dotado de una inteligencia brillante, una disciplina admirable y una capacidad inmensa para liderar. Pero, por encima de todo, posee un corazón lo suficientemente grande para conservar la gratitud, el afecto y la cercanía con quienes han hecho parte de su camino.

En uno de los momentos más difíciles de mi vida, solo pensé en acudir a él para encontrar paz. Respondió de inmediato. No solo me brindó tranquilidad, sino también la certeza de que podía contar con él sin condiciones. Ese gesto confirmó lo que siempre había sabido: la grandeza de una persona no se mide por sus triunfos, sino por la forma en que acompaña a quienes ama cuando más lo necesitan.

Por eso, cuando un sábado, a las seis de la mañana, me llamó para pedirme que coordinara su campaña en Cartagena y Bolívar, mi respuesta fue un sí incondicional. No fue una decisión política; fue una decisión nacida de la amistad, de la confianza y de la gratitud hacia alguien que nunca ha dejado de ser el mismo ser humano íntegro y generoso que conocí desde niño.

Ambos tuvimos el privilegio de crecer a orillas del río Sinú, ese paisaje que marcó nuestra infancia y que nos recuerda siempre de dónde venimos. Quizá por eso jamás ha perdido la sencillez, la capacidad de escuchar ni el cariño por su gente.

Ambos tuvimos el privilegio de crecer a orillas del río Sinú, ese paisaje que marcó nuestra infancia y que nos recuerda siempre de dónde venimos. Quizá por eso jamás ha perdido la sencillez, la capacidad de escuchar ni el cariño por su gente.

Hoy celebro este momento con profunda emoción. Me llena de orgullo poder decir que quien antes llamaba amigo y hermano es hoy el Presidente de Colombia. Estoy convencida de que Colombia eligió a un hombre preparado, valiente, profundamente humano y comprometido con el servicio.

Que Dios lo ilumine, lo proteja y le conceda la sabiduría, la fortaleza y la humildad necesarias para conducir a Colombia hacia un futuro de esperanza, reconciliación y grandeza. Que nunca pierda la esencia de aquel joven que escuchaba con atención, aprendía con humildad y valoraba profundamente la amistad y la familia.

Publicado por: Antonella Farah Louis

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