San Gil de la Nueva Baeza, fundada en 1689, jurisdicción de Vélez, de donde llegaron los conquistadores, lleva 337 años en ese sitio cálido y bello, que se ha ido transformando en un municipio turístico, “capital turística de Santander”, un turismo desbordado, lo ha ido invadiendo porque, desde su fundación, ha sido un sitio de descanso y trueque (conocido como la canoa del “Mochuelo”) en el camino entre Girón y el centro del virreinato. Centro Guane también.
Y todo para decir que no podemos abandonar esa ciudad de donde viene una parte de mi familia porque ha ido cayendo en manos de la politiquería desde hace mucho, “botín de los ansiosos”, con una variante que se intentó desarrollar desde 2018, después que un camión hizo una matanza, ese fue el motivo para iniciarla, pero esa variante está actualmente suspendida, “estancada y sin fecha definida de finalización”.
Las obras se encuentran suspendidas desde enero de 2025. En marzo de 2026, el “Instituto Nacional de Vías (Invías) canceló el proceso de licitación que buscaba reactivar los trabajos, debido a la falta de aprobación de vigencias futuras y problemas con los tiempos del cronograma”. Porque por ganar el negocio todo se improvisa. Lo importante es “coger el anticipo” para alimentar al cartel del “botín de los ansiosos”. Sin licencia ambiental, la variante se está convirtiendo en un elefante blanco con porcentajes incompletos de ejecución, con tramos sin conexión funcional. Esa variante, para información de la comunidad, tiene una longitud proyectada de 9,6 kilómetros, de los cuales solo se han construido 4,1 kilómetros, lo que equivale a un 42 % de avance desde 2018. Sabemos que el contrato inicial tenía un plazo de ejecución estimado en cinco años, lo que significaba que la obra debía terminarse en el 2023. Tres años de retraso y pintan más. Como no existe fecha de finalización, la variante otra vez será invadida por la desidia y hasta que no se reactive por parte de Invías, la licencia ambiental, seguiremos sin dolientes.

Entonces, con una licencia cancelada, con una inversión casi inútil, de $183.000 millones de pesos, sin que la comunidad marche y exija, San Gil de la Nueva Baeza seguirá en manos de la indolencia. Faltan, según los cálculos presupuestales, entre $70.000 y $200.000 millones de pesos para culminar la totalidad de la obra y sus conexiones. No sigamos dejando en manos de ciertos ineptos empresarios que se adueñan de los proyectos y de los politiqueros que en las narices nuestras se engullen todo y piden más.
Y el Hospital Regional de San Gil ya lleva acumulada una inversión aproximada de 51.000 millones de pesos, con retrasos y adicionales, sigue sin terminar desde 2019. ¿Lloramos? En otra columna hablaremos de los acueductos de Santander, manejados por ese “club de los ansiosos”.











