“Es clásico lo que persiste como ruido de fondo incluso allí donde la actualidad más incompatible se impone.” Italo Calvino.
El poeta T.S. Eliot aborda el concepto de clásico de un modo radical. Indica que el clásico debe poseer una madurez capaz de trascender la historia y las tradiciones literarias. Eliot pone como ejemplo al poeta romano Virgilio y delimita, bajo parámetros muy estrictos, lo que un clásico es o debería ser. Precisamente debido a esa rigidez, plantea: “Que la literatura culmine o no en un clásico es un asunto de suerte”.
Por otro lado, encontramos el concepto del nobel de literatura sudafricano J.M. Coetzee, quien nos visitó en Bucaramanga para la edición de Ulibro de 2014. Su propuesta parte del discurso que Eliot dio en 1944, pero ofrece una visión más democrática, ya que apela a la sensibilidad de la persona que es impactada por la obra.
Coetzee sugiere que la noción de Eliot estuvo fuertemente marcada por su propia vida, y que la elección del pasaje de Eneas y Dido en La Eneida respondía, en el fondo, a su experiencia personal. De este modo, introduce su concepto de clásico y recurre a la música de Bach como ejemplo. Recuerda que, en una tarde de domingo del verano de 1955, cuando tenía apenas 15 años, paseaba por el jardín trasero de su casa en Ciudad del Cabo cuando escuchó una melodía proveniente de la casa vecina: “Mientras duró la música, me quedé helado, sin atreverme ni a respirar. La música me hablaba como nunca antes me había hablado.” Esa anécdota nos muestra cómo los clásicos pueden marcar la vida de alguien e ilustra la poderosa capacidad que tienen para conmovernos.
Coincido plenamente con la visión de Coetzee; sin embargo, me gustaría complementarla con la definición que dio Borges en 1966: “Clásico es aquel libro que una nación o un grupo de naciones o el largo tiempo han decido leer como si en sus páginas todo fuera deliberado, fatal, profundo como el cosmos y capaz de interpretaciones sin término. Previsiblemente, esas decisiones varían (…) pero nada sabemos del porvenir, salvo que diferirá del presente. Una preferencia bien puede ser una superstición” (4). De este modo, Borges plantea una noción de clásico que trasciende el tiempo y la subjetividad de la crítica.
Un clásico no necesita cumplir una lista de requisitos inamovibles para ser considerado como tal. Es suficiente con que desborde los límites del tiempo, que sirva como objeto de estudio y que la discusión acerca de ellos sea inagotable, pero, sobre todo, que nos conmueva hasta transformarnos. Por eso, la poeta Marina Tsvetáieva y muchas otras mujeres deben ser parte de esta discusión.











