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Carlos Chaverra
Sábado 02 de mayo de 2015 - 12:01 AM

Ladrillos o Catedrales

Publicado por: Carlos Chaverra

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“¿Y usted qué está haciendo?, le pregunta el transeúnte a un trabajador. Este lo mira con ojos cansados y con extrañeza ya que le parece una pregunta de obvia respuesta. ¿Será que no me está viendo aquí todo sudado, cansado con mi overol sucio y mis manos rugosas? “Pues pegando ladrillos”, le contestó hoscamente.

Sobre el mismo muro el transeúnte se acercó a otro trabajador que se encontraba haciendo la misma labor y le formuló la misma pregunta. Se vio sorprendido por una respuesta afable que denotaba una actitud totalmente contraria a la de su anterior interlocutor.

“Pues vea usted, yo estoy construyendo una catedral. En algunos años aquí habrá un imponente edificio de hermosos vitrales que muchos admirarán. Aquí también personas del todo el mundo vendrán a buscar refugio a las angustias de su corazón, será un lugar de esperanza y recogimiento.”

Esta historia se escucha en las escuelas de negocios. Trata de ilustrar el contraste entre actitudes hacia el trabajo que reflejan las motivaciones que todos tenemos ante aquella labor en la que invertimos gran parte de nuestras vidas y que al final son el cimiento de la cultura empresarial de las compañías.

Las discusiones de clase alrededor de este tema siempre están cargadas de cierta dosis de emoción, algo de escepticismo y curiosamente más inclinadas hacia los ladrillos que la catedral. Al fin y al cabo el trabajo es más que un salario, es el sitio en donde encontramos también valía como personas. Nada más estimulante que ser parte de un grupo que persigue un objetivo común, que crea valor al cliente. Cómo no emocionarnos de pensar que podemos ser parte de catedrales que otros utilizarán para su propio bienestar.

Allí también crecemos tanto en conoci-miento como en sabiduría. En nuestro lugar de trabajo encontramos virtudes propias de los propósitos nobles como también aquellas que resultan de la ambición desmedida o el ego del poder. La solidaridad, diligencia, búsqueda de la excelencia y la integridad, se enfrentan con la manipulación, la comodidad o el ganar a toda costa. Allí elevamos la dignidad o mancillamos reputaciones. Servimos o buscamos que nos sirvan. Qué mejor oportunidad para formar nuestro carácter.

Escribo esto pensando que el 1 de mayo celebramos el día de trabajo y vale la pena hacernos la pregunta: ¿Estas pegando ladrillos? o ¿construyendo una catedral?

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