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Isnardo Jaimes Jaimes
Sábado 18 de mayo de 2024 - 01:00 AM

Feliz Día del Maestro

Columna de opinión de Isnardo Jaimes Jaimes

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El Gobierno Nacional, mediante el Decreto 0996 de 1951, designó el 15 de mayo como día oficial del maestro en Colombia. El objetivo es reconocerles, como ha sido desde antaño, el papel fundamental de transmisores del conocimiento, vital para el desarrollo económico, social y cultural de la sociedad.

La mayoría de los maestros siempre han ocupado un lugar privilegiado en nuestro país, constituyéndose en un pilar fundamental. De ahí el respeto y la deferencia que han recibido, en tanto que son continuadores de la educación que en el hogar imparten los padres a sus hijos, en procura de inculcar valores éticos y morales esenciales para las generaciones futuras, que contribuyen en la construcción de una sociedad más responsable, disciplinada y coherente.

Lástima que esa dignísima profesión que aún profeso y defiendo con ahínco haya perdido la eficacia del pasado, en donde el maestro era guía de sus alumnos en la estructuración del pensamiento, la adquisición de conocimientos y el desarrollo de habilidades y destrezas para allanar el camino de oportunidades, que podrían asegurar su futuro.

Desafortunadamente, por culpa del Gobierno Nacional, esa labor se ha diluido, por la incapacidad de modificar el sistema educativo, que hoy resulta obsoleto, luego de 30 años de existencia, pese al cambio de sus fuentes: en la configuración familiar, en las costumbres y autoridad dentro de dicho núcleo, en la disciplina y delegación de responsabilidad al interior de cada grupo, fuera de las relaciones interfamiliares, que en gran medida están influenciadas por las tecnologías, el Internet y las redes sociales, hoy por hoy, con acceso ilimitado y sin control.

Pero, sobre todo, una de las causas de la debacle ha sido que, en aras de cubrir vacantes existentes (incluso con fines políticos) vinculan a ellas a profesionales de otras áreas del conocimiento, sin fundamentos pedagógicos, base fundamental del maestro, lo que repercute en la formación del alumno.

Todo ello con la connivencia de una minoría enquistada en los sindicatos (Fecode), que prefirieren buscar un posicionamiento político con intereses burocráticos, en vez de luchar por la calidad de la educación, su cobertura total y cómo responder a las necesidades educativas de los estudiantes pobres y la seguridad social de sus maestros, hoy en crisis.

Luego, cabe preguntarnos, ¿por qué no preocuparnos por la modificación del currículo de la educación básica y del esquema de bachillerato clásico por uno que nos ubique en la cuarta revolución industrial, para que la juventud pueda explotar las tecnologías que ella trajo y los prepare en habilidades y destrezas con las que puedan enfrentarse al mundo laboral actual y logren superar la exigencia de la experiencia que les limita su acceso?

Con mi profundo reconocimiento y gratitud, feliz día a todos los maestros.

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