Si recuerdo bien, me dijo que se llamaba Laura Asbún (nombre ficticio). Me llamó la atención que se presentara de manera tan formal quién se encargaba de administrar la tienda de sombreros en el aeropuerto de alguna ciudad, a la cual había llegado por acompañar a un amigo coleccionista de sombreros, que, según me hizo saber, los fabricados allí eran de los mejores.
Después de la venta y mientras mi amigo mostraba satisfacción por su reciente adquisición, el calor fuera del local pasaba de lo aceptable.
Le pedí a Laura si nos permitía permanecer en el sitio climatizado de la tienda mientras pasábamos a una sala de espera congestionada y calurosa. Eso dio pie a una conversación informal pero interesante, me dijo que era violonchelista y que en sus planes está ir a estudiar en Alemania diseño de modas, que era su verdadera pasión, si bien se consideraba virtuosa en la ejecución del instrumento.
Compartimos ideas sobre la migración de los jóvenes, sobre otros problemas de la juventud, llegando a poner el tema de las supercuerdas que armonizan la física cuántica con la de Einstein. Me dijo, por ejemplo, que cuando la cuerda de RE se presionaba en cierto lugar, la de DO vibraba de manera espontánea, no se si entendí bien, pero si comprendí cuando me dijo que la música le había mejorado su dificultad en la atención y algo de trastorno depresivo.
Pude entonces comentarle que la humanidad se encuentra en una transición de una sociedad disciplinar del siglo XX hacia una sociedad del rendimiento, que según Byung-Chul Han, se desembaraza de las prohibiciones y los mandatos y se hace pasar por la sociedad de la libertad, creando un sujeto narcisista obligado a autorrealizarse sin producir el sentimiento de haber alcanzado un objetivo definitivo, convirtiendo el nuevo sujeto en verdugo y esclavo de sí mismo.
Por tal motivo las nuevas enfermedades pandémicas son la depresión, el trastorno de atención y el síndrome de desgaste ocupacional. Dice Han, que el sujeto narcisista vive en permanente sensación de carencia y de culpa. Me despedí, abordé el avión y mi reflexión en las nubes aumentó mi sentido del deber para con la juventud.











