La ignorancia puede ser resultado de la falta de acceso al conocimiento, o una elección deliberada. La ignorancia no es inocente, se expresa en ingratitud, traición, envidia, arrogancia, deshonestidad, y otras maldades.
Marco Aurelio, emperador romano, se preparaba tanto para la ignorancia humana como para la adversidad. Contemplaba el abismo para comprenderlo, y así, fortalecer su mente. Coincidiendo con las enseñanzas del Tao, no se resistía a la corriente, sino que fluía con ella. Para él, la adversidad modela el alma y es una herramienta para transformar el miedo en fortaleza. Siempre en la búsqueda de un accionar virtuoso.
En nuestra cultura, se promueve visualizar el logro del deseo, como esperanza de éxito, cosechando con demasiada frecuencia, angustia en el presente y frustración en el futuro. Olvidamos que la incertidumbre siempre estará presente, ayer, hoy y mañana, no como premio ni como castigo, sino como oportunidad para la creatividad. Siempre surgirán obstáculos, algunos susceptibles de control, la mayoría, no. Diversos pensadores han sugerido que se puede abordar un obstáculo enfrentándolo con tranquilidad, paciencia e indiferencia racional, mientras se mantiene la estabilidad interna.

Marco Aurelio propone que nos adueñemos de nuestra mente, haciendo inaccesible nuestro interior a los asaltos de fuerzas externas. Al fin y al cabo, nuestras conductas se colorean con el tinte de nuestros pensamientos, y si evadimos el conocimiento, nuestra mente será víctima de la ignorancia deliberada, es decir, la llenaremos con ideas ajenas con propósitos que desconocemos. Ya mencioné como se manifiesta la ignorancia. Sin pensamiento propio, sin juicio crítico, se obtiene el fanatismo de individuos y masas.
Los colombianos vivimos un estado de cosas inédito. Venimos de décadas de concentración de poder, donde los pobres y excluidos se matan entre sí, en un conflicto interno que cambia de características como cambian las formas de un caleidoscopio. Desde hace tres años, tenemos un presidente que resiste todas las adversidades con calma, tomando decisiones que favorecen al pueblo, cercado por la ignorancia de propios y adversarios. Ya dije como se manifiesta la ignorancia. Petro no es Marco Aurelio, pero como él, actúa desde lo virtuoso, preparado mentalmente para todos los golpes, abraza su destino sin miedos, construye el camino de la equidad desde una institucionalidad moldeada para lo contrario. Alejandro Gaviria dijo que la empatía de Petro por los pobres y los débiles es genuina. Superior a sus rivales, el presidente terminará su período y será artífice de la continuidad del cambio.











