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Viernes 15 de mayo de 2026 - 01:00 AM

Fernando Vargas Mendoza: la grandeza de construir humanidad

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En tiempos donde el liderazgo suele confundirse con la ostentación y el poder con la distancia, todavía existen hombres cuya verdadera grandeza se mide por la manera en que miran, escuchan y dignifican a los demás. Fernando Vargas Mendoza quien comenzó a proyectarse en la esfera pública como Senador de la República y alcalde de Bucaramanga periodo en el que impulsó iniciativas orientadas a modernizar la ciudad y fortalecer la proyección de Santander. Su relevancia trasciende más allá de su trayectoria política, empresarial y académica, el tiempo ha permitido descubrir y reconocer su calidad de ser humano.

Santandereano de raíz representa un estilo de liderazgo que se aproxima a la gente siendo de esa generación que no se desconectan de la realidad cuando alcanzan posiciones de influencia. Por el contrario, mientras más responsabilidades ha asumido, más cercana se ha vuelto su relación con las personas, empresarios, estudiantes, instituciones y comunidad. Tiene la grandeza de conversar con un empresario, científico o una persona humilde con exactamente la misma atención y respeto en un país acostumbrado a las jerarquías sociales, esa actitud es una forma silenciosa de construir ciudadanía y humanidad. Esa forma de relacionarse, basada en la escucha activa y el respeto genuino, se convierte en un ejercicio silencioso de construcción social, donde la dignidad del otro siempre ocupa un lugar central.

Su aporte se extiende a la educación donde ha dejado huella con sus apuestas internacionales e interés por temas estratégicos como el hidrógeno y el futuro energético. Pero reducirlo únicamente a sus logros sería desconocer el fondo de su legado. Lo verdaderamente transformador está en la manera como ejerce el liderazgo abriendo puertas, escuchando ideas pequeñas como si fueran trascendentales y acompañando procesos humanos cuando apenas comienzan. En esta sociedad fracturada por el ego y la competencia feroz, los líderes que creen en los demás terminan convirtiéndose en constructores de esperanza.

A lo largo de su vida ha enfrentado desafíos personales que habrían debilitado a muchos. Sin embargo, su respuesta ha sido la persistencia serena, sin estridencias ni renunciar a la sencillez o la esperanza. Esa resiliencia discreta se expresa en una coherencia entre lo que piensa, dice y hace, consolidando una imagen de fortaleza profundamente humana. Más allá de los cargos o reconocimientos, su impacto se refleja en la capacidad de inspirar a otros a desarrollar sus propias capacidades. Entiende que el verdadero liderazgo es generar posibilidades para que otros crezcan.

Así, en una sociedad donde predominan la inmediatez y superficialidad, el liderazgo de Fernando Vargas Mendoza adquiere un valor excepcional. Su ejemplo demuestra que la autoridad nace de la capacidad de escuchar, coherencia y despertar confianza en los demás. Más que ocupar un cargo, ha hecho de su vida un ejercicio de humanidad, construida desde decisiones sencillas y encuentros cotidianos. Allí reside su legado recordar que la grandeza se cultiva en lo humano.

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